Publiquemos con editoras, segunda parte. Entrevista con Mónica Drouilly

Por Micaela Siskin

Un manuscrito pasa por un largo proceso antes de llegar a las manos de los lectores en el formato de libro. En el ámbito de las letras trabajan muchas mujeres, tanto en la escritura como en la edición, pero todavía no se le da suficiente crédito a esos nombres femeninos que producen discursos en la sociedad, como ya reflexionamos en la nota “Publiquemos con editoras”.

Mónica Drouilly Hurtado, autora premiada y fundadora del flamante sello editorial Noctámbula, conoce bien el camino que atraviesan las mujeres para ser visibles en la literatura.

¿Cuál es el enfoque de género en Noctámbula?

Para nosotros lo más importante es la calidad. Queremos publicar mujeres, pero no voy a publicar una mujer que no esté madura en su escritura solo para llenar una cuota. Mi socio (Eduardo Plaza) y yo, somos autores, entonces conocemos muchas compañeras de talleres literarios, sabemos cómo escriben. Por más que no nos muestren su trabajo, vimos lo que hacen y sabemos que son buenas. Ya publicamos una novela de una autora y, de los dos libros que tenemos programados, uno también es de una mujer.

¿Te parece que las mujeres tienen más dificultad para ser publicadas?

Creo que los hombres se atreven más a socializar sus textos. Muchas mujeres que escriben muy bien son menos osadas al momento de presentar su trabajo y decirle a los demás “miren, esto está aquí”. A los hombres se les enseñó culturalmente a creerse el cuento más rápido. Ellos dicen “yo soy escritor, esta es mi obra”, aunque tengan muy poca experiencia. A las mujeres no nos enseñaron esa actitud, muchas dicen: “yo escribo… pero todavía no soy escritora… yo no lo diría así”.

La confianza al exponerse, más que la calidad del trabajo, hace que hoy en día los hombres sean más visibles que las mujeres en la literatura.

¿Eso está cambiando?

En Chile, hoy en día, quienes están generando discursos interesantes, quienes son referentes, son mujeres. Claro que también hay hombres muy talentosos, pero quienes son más escuchadas, las salas que se llenan, tienen nombres de mujer. Sin embargo, tuvieron que hacer otra carrera para llegar ahí. Si un hombre hace cien metros planos, una mujer tiene que hacer ciento diez con vallas.

Primer libro publicado por Noctámbula, de la autora chilena Macarena Araya Lira.

El primer libro de Noctámbula, publicado el 10 de abril, se llama Paisajes. (No habrá muerte. Aquí termina el cuento), de Macarena Araya Lira, una escritora que, según Mónica, “no había sido editada y eso no correspondía, porque es muy buena”. Para el segundo cuatrimestre de este año, planean lanzar Rudas, un libro de cuentos de Carolina Brown, que relata historias de mujeres que atraviesan situaciones muy rudas.

¿Qué otras autoras conocen que deberían ser publicadas?

“Los autores latinoamericanos producen textos geniales que para nosotros no existen”, entrevista con Mónica Drouilly

Por Micaela Siskin

Mónica Drouilly Hurtado, foto de http://culto.latercera.com

Mónica Drouilly Hurtado es una escritora chilena, dramaturga, ingeniera civil y directora de Okonomiyaki, club de literatura japonesa. Como si fuera poco, también es fundadora del sello editorial Noctámbula, con el que busca enfocarse en los talentos latinoamericanos del momento.

Las correctoras ya conversamos con Mónica cuando publicó su primer libro de cuentos, Retrovisor, ganador del Premio Literario del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile. Su experiencia como joven autora la llevó a conocer las dificultades que atraviesan sus colegas para difundir su obra, así que decidió actuar al respecto. Charlamos con ella para conocer su visión en profundidad.

¿Cómo comenzó este proyecto?

Con mi socio, Eduardo Plaza, empezamos a pensar entre agosto y octubre del año pasado en una editorial, y cómo queríamos que fuese. Teníamos dos intereses en común. Por un lado, los autores geniales que conocíamos en nuestro entorno. Estábamos rodeados de gente que estaba escribiendo textos muy buenos, pero no estaban circulando.  

Por otro lado, en el 2017 Eduardo fue incluido en la lista Bogotá 39, una selección de escritores de ficción iberoamericanos menores de cuarenta a los que se les ve mucho futuro. Eso hizo que viajara mucho y conociera a otros autores de la lista. Entonces, se enfrentó a la falta de acceso a los textos de sus compañeros, ya que no había cómo encontrarlos en Chile. A mí me pasaba lo mismo en mis viajes. Leía algo que me encantaba, pero no podía recomendarlo, porque solo tenía mi copia.

Vimos que nuestros pares latinoamericanos, con quienes tenemos una historia en común y un montón de lazos comunicantes, están produciendo material muy interesante que para nosotros sencillamente no existe. Nuestro motor es visibilizar a esos autores que sabemos que están escribiendo textos increíbles y generar una mayor comunicación con el resto del continente.

¿A qué se debe esta falta de acceso a otros autores latinoamericanos?

En Chile, es más fácil encontrar cinco traducciones del mismo autor ruso que una sola edición de una autora brasilera. Por mi trabajo, viajé a Brasil y tuve que aprender portugués, lo que me permitió acceder a un mundo gigante de literatura en ese idioma, pero no solo de Brasil y Portugal, sino también de países como Mozambique y Macao, que para nosotros no existe a causa del eurocentrismo en las traducciones chilenas. Parece que somos un país europeo que llegamos a Sudamérica por azar.

Para mí hay una anomalía en el planeta Tierra, ¡tengo varias traducciones de una autora japonesa que escribió en el año 1000 y no sé qué escriben en Paraguay! Estoy a punto de pensar que en Paraguay no se escribe.

Entonces, desde la editorial quieren generar más canales de visibilidad para los latinoamericanos.

Creo que hay que hacer esfuerzos para cambiar este eurocentrismo en las ediciones. Hoy en día es más fácil hacerlo, gracias a los avances tecnológicos. Ni siquiera es necesario imprimir un libro en papel. Un e-book es un archivo que se puede descargar y leer incluso en la pantalla del celular. Me gusta mucho leer en papel, pero la tecnología abarata las ediciones y democratiza el acceso a la escritura.

Nuestro enfoque con los autores es generar una experiencia única y bonita, que la publicación sea una fiesta. A la vez, dar todo lo que podamos para que el libro se visibilice. Queremos que cada persona involucrada sea un nodo que se conecta con otro nodo, comportarnos como un ecosistema activo en pos de que el texto circule.

Primer libro de la Colección Omamori, disponible desde el 22 de junio.

Por ahora, Noctámbula cuenta con un catálogo breve, la novela Paisajes. (No habrá muerte. Aquí terminará el cuento) de Macarena Araya Lira, dentro de la colección En Lengua Materna, con la que Mónica y Eduardo buscan visibilizar a sus compatriotas que no están siendo editados. Ya firmaron con más autores, entre ellos, Gonzalo Ortega y Carolina Brown. Tienen una segunda colección, Omamori, que consta de traducciones del japonés. Mónica es muy lectora de la literatura japonesa, y está cansada de que las únicas traducciones que lleguen a Latinoamérica sean españolas, a precios demasiado inflados y en un dialecto tan ajeno.

Mónica y Eduardo llegaron para desafiar la tradición editorial de Latinoamérica, muchas veces enfocada en lo que se produce por fuera del continente. ¿Qué les parece esta iniciativa? ¿Es hora de que demos mayor prioridad a los autores latinoamericanos?

Publiquemos con editoras

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación Social y  correctora

En la última nota de Las correctoras, publicada el 16 de junio,nos propusimos apoyarla iniciativa #LeamosAutoras. Nuestros lectores participaron compartiendo los nombres de sus autoras favoritas tanto en los comentarios del blog como en nuestra página de Facebook. Esto demostró el gran interés del público por conocer más sobre los aportes de las mujeres a la cultura. Por ello, decidimos profundizar en esta temática. Esta vez destacaremos un sector del mundo de las letras que tiende a estar totalmente insivibilizado: las editoras.

La edición de libros es una tarea silenciosa y casi nunca tiene suficiente crédito en el producto final. La mayor parte de este trabajo es desempeñado por mujeres. Aunque no es un dato muy conocido, cuando leemos un manual, un recetario, una novela o una antología de cuentos, lo más probable es que una mujer lo haya leído antes para supervisar el contenido que llega a nuestras manos. En el imaginario de los lectores, a veces parece que un libro es producido solo por su autor o autores, cuando en realidad muchísimos otros agentes intervienen en el proceso de convertir un manuscrito en un libro. Algunos de ellos son los correctores, ilustradores, diseñadores gráficos, traductores y, por supuesto, editores. Todos ellos son necesarios para que el producto final sea de calidad.

Pero, ¿a qué se dedican exactamente las editoras? Un autor o autora escriben una historia. Las editoras ofrecen un trabajo profesional para hacer de esa historia un libro atractivo para el público. La creación de un libro abarca diversas áreas como seleccionar ideas o manuscritos, supervisar las correcciones y traducciones, diagramar el diseño, seleccionar las imprentas y promover la venta en diversos puntos de los ejemplares una vez terminados. Una edición cuidada garantiza un buen libro.
Un ejemplo de editora en el que podemos pensar es el de Paula Pérez Alonso, quien es escritora de ficción, pero también se desempeña como editora en la editorial Planeta. Según explica en una nota del diario La Nación, el trabajo de los editores o editoras es andrógino. La condición esencial es que quien lo realiza no tenga afán de protagonismo, que esté dispuesto a ser invisible; el buen editor debe olvidarse de sí mismo o de sí misma para poder camuflarse entre los autores o redactores, vivir un rato como si fuese otra persona.

Lamentablemente, es un terreno que, si bien cuenta con más mujeres, la mayor cantidad de cargos de alta jerarquía en las grandes editoriales están ocupados por varones. Este fenómeno se extiende a la mayoría de los campos laborales. Al ser un patrón que se repite, implica que la sociedad subestima el trabajo de las mujeres, se las considera aptas y útiles para trabajar pero no para dirigir. Una manera de buscar un cambio es saber quiénes son las personas que están detrás de los libros que consumimos.

En Las correctoras, tenemos la fortuna de conocer excelentes editoras con las que muchas veces trabajamos en equipo. Una de ellas es Eloise Alemany, quien además de editora es autora y productora cultural. De familia francesa, nació y vivió en Tokio hasta los 17 años. En Londres, adquirió experiencia en el mundo editorial y en comunicación. Durante 6 años desarrolló su carrera profesional en la revista i-D. Desde 2006 está radicada en Buenos Aires y trabaja en proyectos vinculados con la gastronomía, el arte, el diseño y la cultura argentina. En 2009, coinició Noches Grimod, cenas itinerantes inspiradas por algún concepto. Lanzó su propia editorial, Periplo, en 2012 con la publicación de Sabores de la memoria de Ana Pomar. Es autora de varios libros, incluyendo Amarillo limón el sol: Manual para cocina con niños (Periplo Ediciones) y Lo que nos rodea nos refleja (Ed. La Riviere).

¡Eloise tiene una historia de vida sensacional! ¿Cómo podría no ser una editora extraordinaria? Publicar con editoras como ella es otra forma de valorar el trabajo de las mujeres en el arte, la ciencia y la cultura.