Entrevista con la escritora Nerea Liebre: “La memoria del pueblo es todo”

Por Micaela Siskin

Hace poco, publicamos una nota sobre el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Como respuesta, la escritora argentina Nerea Liebre nos envió un mensaje para acercarnos su libro El Club de la Selva, que incluye un glosario de palabras en guaraní. Es una historia para un público juvenil, sobre un grupo de amigos que viaja al Parque Nacional Iguazú en un campamento escolar. Allí, se encuentran con un personaje mitológico guaraní que los guía hacia un pueblo que está desapareciendo.

Nerea nació en Gualeguaychú, una de las ciudades más emblemáticas de la provincia de Entre Ríos. Actualmente, reside en Buenos Aires. Es licenciada en Ciencias Políticas y magíster en Administración Pública. Aunque trabajó muchos años en el Estado, hoy decide dedicarse a la literatura. Nos juntamos con ella para seguir reflexionando acerca de los pueblos originarios.

¿Cómo decidiste incluir el guaraní en El Club de la Selva?

Cuando empecé a escribir esta novela, en el 2014, no sabía si los personajes iban a expresarse en guaraní o español. Pero me di cuenta de que todo lo que hablan tiene que ver con la muerte, con que el pueblo está desapareciendo, los están matando. Entonces entendí que lo que decían tenía que estar escrito en su idioma. Tuve que hacer una gran investigación para conseguir las palabras en guaraní que incluyo en el libro. Me llevó mucho tiempo, consulté con especialistas de la lengua. Cuando le llevé el libro al editor, tuvo que volver a hacer los mismos pasos, para corroborar todo. Tardamos mucho hasta que pudimos publicar. Escribir sobre pueblos originarios es un desafío para los escritores, sobre todo cuando incluimos una lengua. Hay que dedicarle mucho tiempo, investigar, corroborar, contrastar.

En muchas de tus novelas hablás sobre pueblos originarios. ¿Por qué te interesa escribir sobre este tema?

Me interesa rescatar la historia. La única forma de que no se pierda es teniendo memoria. La memoria del pueblo es todo. Las generaciones que no sepan quiénes fuimos, no van a saber hacia dónde vamos. Cuando yo era chica se hablaba de los “indios”, eran pueblos despreciados. Hoy hay una apertura a interesarse, pero siguen estando marginados. Los pueblos originarios viven en la pobreza, no se respetan sus derechos. Son totalmente avasallados. Aunque nos interesemos en conocer su cultura, el Estado hace agua en esto. Acá falta todo por hacer.

¿Qué hace falta de parte del Estado?

Hay que plantear políticas públicas de difusión del tema. Habría que incentivar a los maestros, ellos son un canal para hacerle llegar los libros a los jóvenes. También es un nicho que debería ser más explorado por escritores y editores, pero es fundamental el fomento estatal. Con la vorágine de información que hay hoy en día, ¿quién se detiene a leer sobre pueblos originarios? No es un tema que venda, no está de moda. Los pueblos originarios son discriminados en todas las formas. Desde mi mirada de politóloga, pienso que necesitan una estructura en el Estado. No hablo de reglamentar, sino de darles contención institucional.

¿Querés seguir escribiendo sobre pueblos originarios?

Hace unos años se publicó el primero diccionario chaná-español, una lengua que se creía extinta hace siglos, pero sobrevivió gracias a un hombre que la hablaba como tradición familiar. Se había pasado de generación en generación, pero sin registro escrito. Me interesa mucho escribir sobre eso, en especial porque los chanás eran originarios de Entre Ríos, de donde yo soy. A mí me encantaría publicar más sobre pueblos originarios, pero, como dije, es algo que no está de moda. Igual voy a seguir escribiendo sobre el tema. Escribo sobre lo que me interesa.

Publiquemos con editoras, segunda parte. Entrevista con Mónica Drouilly

Por Micaela Siskin

Un manuscrito pasa por un largo proceso antes de llegar a las manos de los lectores en el formato de libro. En el ámbito de las letras trabajan muchas mujeres, tanto en la escritura como en la edición, pero todavía no se le da suficiente crédito a esos nombres femeninos que producen discursos en la sociedad, como ya reflexionamos en la nota “Publiquemos con editoras”.

Mónica Drouilly Hurtado, autora premiada y fundadora del flamante sello editorial Noctámbula, conoce bien el camino que atraviesan las mujeres para ser visibles en la literatura.

¿Cuál es el enfoque de género en Noctámbula?

Para nosotros lo más importante es la calidad. Queremos publicar mujeres, pero no voy a publicar una mujer que no esté madura en su escritura solo para llenar una cuota. Mi socio (Eduardo Plaza) y yo, somos autores, entonces conocemos muchas compañeras de talleres literarios, sabemos cómo escriben. Por más que no nos muestren su trabajo, vimos lo que hacen y sabemos que son buenas. Ya publicamos una novela de una autora y, de los dos libros que tenemos programados, uno también es de una mujer.

¿Te parece que las mujeres tienen más dificultad para ser publicadas?

Creo que los hombres se atreven más a socializar sus textos. Muchas mujeres que escriben muy bien son menos osadas al momento de presentar su trabajo y decirle a los demás “miren, esto está aquí”. A los hombres se les enseñó culturalmente a creerse el cuento más rápido. Ellos dicen “yo soy escritor, esta es mi obra”, aunque tengan muy poca experiencia. A las mujeres no nos enseñaron esa actitud, muchas dicen: “yo escribo… pero todavía no soy escritora… yo no lo diría así”.

La confianza al exponerse, más que la calidad del trabajo, hace que hoy en día los hombres sean más visibles que las mujeres en la literatura.

¿Eso está cambiando?

En Chile, hoy en día, quienes están generando discursos interesantes, quienes son referentes, son mujeres. Claro que también hay hombres muy talentosos, pero quienes son más escuchadas, las salas que se llenan, tienen nombres de mujer. Sin embargo, tuvieron que hacer otra carrera para llegar ahí. Si un hombre hace cien metros planos, una mujer tiene que hacer ciento diez con vallas.

Primer libro publicado por Noctámbula, de la autora chilena Macarena Araya Lira.

El primer libro de Noctámbula, publicado el 10 de abril, se llama Paisajes. (No habrá muerte. Aquí termina el cuento), de Macarena Araya Lira, una escritora que, según Mónica, “no había sido editada y eso no correspondía, porque es muy buena”. Para el segundo cuatrimestre de este año, planean lanzar Rudas, un libro de cuentos de Carolina Brown, que relata historias de mujeres que atraviesan situaciones muy rudas.

¿Qué otras autoras conocen que deberían ser publicadas?

“Los autores latinoamericanos producen textos geniales que para nosotros no existen”, entrevista con Mónica Drouilly

Por Micaela Siskin

Mónica Drouilly Hurtado, foto de http://culto.latercera.com

Mónica Drouilly Hurtado es una escritora chilena, dramaturga, ingeniera civil y directora de Okonomiyaki, club de literatura japonesa. Como si fuera poco, también es fundadora del sello editorial Noctámbula, con el que busca enfocarse en los talentos latinoamericanos del momento.

Las correctoras ya conversamos con Mónica cuando publicó su primer libro de cuentos, Retrovisor, ganador del Premio Literario del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile. Su experiencia como joven autora la llevó a conocer las dificultades que atraviesan sus colegas para difundir su obra, así que decidió actuar al respecto. Charlamos con ella para conocer su visión en profundidad.

¿Cómo comenzó este proyecto?

Con mi socio, Eduardo Plaza, empezamos a pensar entre agosto y octubre del año pasado en una editorial, y cómo queríamos que fuese. Teníamos dos intereses en común. Por un lado, los autores geniales que conocíamos en nuestro entorno. Estábamos rodeados de gente que estaba escribiendo textos muy buenos, pero no estaban circulando.  

Por otro lado, en el 2017 Eduardo fue incluido en la lista Bogotá 39, una selección de escritores de ficción iberoamericanos menores de cuarenta a los que se les ve mucho futuro. Eso hizo que viajara mucho y conociera a otros autores de la lista. Entonces, se enfrentó a la falta de acceso a los textos de sus compañeros, ya que no había cómo encontrarlos en Chile. A mí me pasaba lo mismo en mis viajes. Leía algo que me encantaba, pero no podía recomendarlo, porque solo tenía mi copia.

Vimos que nuestros pares latinoamericanos, con quienes tenemos una historia en común y un montón de lazos comunicantes, están produciendo material muy interesante que para nosotros sencillamente no existe. Nuestro motor es visibilizar a esos autores que sabemos que están escribiendo textos increíbles y generar una mayor comunicación con el resto del continente.

¿A qué se debe esta falta de acceso a otros autores latinoamericanos?

En Chile, es más fácil encontrar cinco traducciones del mismo autor ruso que una sola edición de una autora brasilera. Por mi trabajo, viajé a Brasil y tuve que aprender portugués, lo que me permitió acceder a un mundo gigante de literatura en ese idioma, pero no solo de Brasil y Portugal, sino también de países como Mozambique y Macao, que para nosotros no existe a causa del eurocentrismo en las traducciones chilenas. Parece que somos un país europeo que llegamos a Sudamérica por azar.

Para mí hay una anomalía en el planeta Tierra, ¡tengo varias traducciones de una autora japonesa que escribió en el año 1000 y no sé qué escriben en Paraguay! Estoy a punto de pensar que en Paraguay no se escribe.

Entonces, desde la editorial quieren generar más canales de visibilidad para los latinoamericanos.

Creo que hay que hacer esfuerzos para cambiar este eurocentrismo en las ediciones. Hoy en día es más fácil hacerlo, gracias a los avances tecnológicos. Ni siquiera es necesario imprimir un libro en papel. Un e-book es un archivo que se puede descargar y leer incluso en la pantalla del celular. Me gusta mucho leer en papel, pero la tecnología abarata las ediciones y democratiza el acceso a la escritura.

Nuestro enfoque con los autores es generar una experiencia única y bonita, que la publicación sea una fiesta. A la vez, dar todo lo que podamos para que el libro se visibilice. Queremos que cada persona involucrada sea un nodo que se conecta con otro nodo, comportarnos como un ecosistema activo en pos de que el texto circule.

Primer libro de la Colección Omamori, disponible desde el 22 de junio.

Por ahora, Noctámbula cuenta con un catálogo breve, la novela Paisajes. (No habrá muerte. Aquí terminará el cuento) de Macarena Araya Lira, dentro de la colección En Lengua Materna, con la que Mónica y Eduardo buscan visibilizar a sus compatriotas que no están siendo editados. Ya firmaron con más autores, entre ellos, Gonzalo Ortega y Carolina Brown. Tienen una segunda colección, Omamori, que consta de traducciones del japonés. Mónica es muy lectora de la literatura japonesa, y está cansada de que las únicas traducciones que lleguen a Latinoamérica sean españolas, a precios demasiado inflados y en un dialecto tan ajeno.

Mónica y Eduardo llegaron para desafiar la tradición editorial de Latinoamérica, muchas veces enfocada en lo que se produce por fuera del continente. ¿Qué les parece esta iniciativa? ¿Es hora de que demos mayor prioridad a los autores latinoamericanos?

Mujeres digitales se buscan

Por Evelin Heidel, miembro de Creative Commons. Colabora en el proyecto DIY Book Scanner y en el sitio Dominio Público de Argentina (http://dominiopublico.org.ar). Participa en varios grupos de investigación y activismo sobre derecho de autor, privacidad, digitalización, cultura y acceso abierto, propiedad intelectual y acuerdos de libre comercio.

El Convenio de Berna, el instrumento legal más importante que regula el derecho de autor a nivel internacional, establece que todas las obras literarias, artísticas o científicas ingresan al dominio público el primero de enero del año siguiente de haber transcurrido los 50 o 70 años del fallecimiento del autor o de la publicación de la obra. El dominio público es fundamental para el ecosistema digital de obras. Da vida nueva a obras olvidadas, les permite una nueva circulación no prevista y permite, además, que sus contenidos se resignifiquen a través de prácticas como la remezcla.

¿Dónde están las obras de mujeres destacadas en arte, cultura o ciencia?

No solamente las voces de las mujeres son subvaloradas en el espacio digital, sino que también los contenidos producidos por mujeres y sobre mujeres están subrepresentados.

Estadísticas de la Base de Datos de Autores de Argentina, tomadas de dominiopublico.org.ar.

La extensión de los plazos de ingreso de las obras al dominio público afecta particularmente a esta situación. En un análisis realizado por Creative Commons Uruguay sobre el proyecto de ley presentado en 2013 en ese país que buscaba ampliar el plazo de monopolio sobre las obras, concluyeron que la reforma hubiera significado reducir casi a la mitad el número de obras de mujeres en el dominio público.

Así, destacaban que “mientras que la elevación de las restricciones a 70 años habría hecho que un 34% de autores hombres hubiera vuelto al dominio privado, este porcentaje se eleva al 59% en el caso de las mujeres”. Esto, en un panorama ya de por sí reducido: sólo el 3,75% de las mujeres en la base de datos de Autores.uy se encuentra en el dominio público, y 20 años más hubiera implicado que sólo el 1,52% se encontraría en esa situación.

Políticas de género y dominio público

El punto principal es que, como el plazo de ingreso de las obras al dominio público es exageradamente abusivo (en total, una obra puede estar protegida alrededor de 120 años), esto implica que las obras de las mujeres permanecerán por mucho tiempo ocultas en los intrincados laberintos del copyright.

En efecto, si consideramos que la mayoría de las mujeres de América Latina recién pudieron acceder a los sistemas de educación superior a finales del siglo XIX (por ejemplo, Cecilia Grierson, de Argentina, obtuvo su título universitario en 1885), esto hace más difícil encontrar mujeres que estén en dominio público por la sencilla razón de que hasta bien entrado el siglo XX a las mujeres no se les permitían hacer muchas cosas más que ser amas de casa. Aún cuando Grierson hubiera abierto el camino, seguía estando mal visto que las mujeres cursaran ciertos estudios superiores y tenían severas restricciones para participar en el espacio público. Precisamente sobre estos dos temas escribieron muchas intelectuales del siglo XX, y es por eso que es fundamental el rescate de sus obras.

Se puede leer la nota completa en http://www.genderit.org/es/feminist-talk/columna-mujeres-digitales-se-buscan