¿Qué significa “mansplaining”?

Presentamos nuestro segundo micro de radio, con la voz de Nati Mastrangelo en el programa Código Feminista de Radio Caput.

Micro “mansplaining”

¿Qué significa “mansplaining”?

Es la palabra que se toma del inglés para referirse al hábito de los varones de explicar cosas a las mujeres con un tono paternalista y condescendiente. El origen del término mansplaining aparece en un texto de la escritora feminista Rebecca Solnit incluido en su libro “Los hombres me explican cosas” . Allí cuenta el momento en el que un hombre intentó explicarle detenidamente el contenido de un libro muy interesante que él había leído. Necesitaron indicarle varias veces a ese hombre que ella era la autora para que él abandonara su intención de explicárselo detenidamente.

La Fundación Fundeu, que trabaja asesorada por la Real Academia Española para promover un buen uso del español en los medios de comunicación, propone el neologismo en español “machoexplicación” como alternativa válida a esta mala costumbre de los hombres. A nosotras, en Las Correctoras, también nos hacen mansplaining o machoexplicación. Somos un equipo de 10 mujeres entre redactoras, correctoras, editoras y traductoras. Todas somos profesionales del lenguaje. hace algunas semanas publicamos un post en el que aconsejamos acerca del uso innecesario de la coma al inicio de un párrafo y vimos con sorpresa cómo los varones nos explicaron cosas.

 

Los conectores: nuestros aliados a la hora de escribir

Los conectores son palabras o frases que se utilizan para enlazar ideas en una misma oración. Nos ayudan a otorgarle fluidez y coherencia a un texto. Su valor fundamental es señalar el sentido en el que se encadenan los diferentes fragmentos de un discurso.

Según su significado, los conectores indican relaciones diferentes. Hicimos una selección de los conectores más usados:

Los conectores temporales tienen la función de expresar la idea de tiempo, mientras que los aditivos introducen aspectos nuevos a la información. También hay conectores contra argumentativos o “de contraste”. Estos últimos se utilizan para expresar oposición o contrariedad en el sentido de la oración.

Algunos conectores se utilizan para indicar una condición para realizar lo que expresa la oración principal. En cambio, los conectores causales señalan el motivo por el que sucede lo indicado en la oración principal. Los conectores consecutivos manifiestan una consecuencia de la frase u oración que lo precede.

“Internet ha abierto puertas que el sector editorial tradicional no estaba dispuesto a abrir”

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación y correctora

Leer un buen libro es un placer único en la vida. Sea de la temática que sea, no hay nada como la experiencia de leer un libro con contenido interesante, una redacción cautivadora y un diseño creativo que acentúe el mensaje del texto. Pero, ¿cómo se llega desde un simple manuscrito a un libro de calidad editorial en todo sentido? La editora Mariana Eguaras responde  a la pregunta en esta entrevista especial para el blog de Las Correctoras.

Mariana, argentina residente en Barcelona, trabaja en el sector editorial desde hace 20 años. Actualmente dirige la consultoría editorial boutique Mariana Eguaras, en la que trabaja junto con un grupo de colaboradores ofreciendo servicios para editoriales, autores, profesionales y empresas. También en su experiencia cuenta con trabajos en diversas editoriales y empresas. Es comunicadora social con un Máster en Edición y otro en Edición Digital.

Mariana publicó recientemente su libro Publicar con calidad editorial. Cuatro pilares de la producción de un libro (disponible en digital en https://lektu.com/l/mariana-eguaras/publicar-con-calidad-editorial/7830), en el que aborda los procesos de edición, corrección, diseño y maquetación de una obra. Nos concedió esta entrevista para profundizar algunos aspectos de aquellos temas y, además, para analizar, desde su experiencia profesional, en qué consiste la industria editorial en la era de las redes sociales y la tecnología digital.

¿Hace falta editar un libro? ¿Qué valor le agrega este proceso al producto final?

Definitivamente, sí. Desde mi punto de vista, para que un libro pueda llamarse como tal debe pasar determinados procesos; lo mismo que un valioso género (de tela), que pasa por las manos del diseñador, la modista, la costurera, etc., hasta convertirse en una indumentaria para ser vestida. Si bien hay distintos tipos de edición —literaria, científica, técnica, de contenido, fotográfica, etc.—, cualquiera de ellas aporta valor a un manuscrito. Y cuando digo valor me refiero a que durante el proceso de edición —entendido en sentido amplio— dará coherencia, solidez, criterio y uniformidad (textual y visual) a un manuscrito.

Un autor trabaja desde una perspectiva diferente a la del editor y del corrector, también a la del diseñador y del maquetador. Cuando un autor crea debe centrarse en esa tarea, en crear, en escribir. Luego vendrán las modificaciones, las ediciones, las correcciones, la puesta en página, etc. Si el autor es la persona idónea para generar un determinado contenido otro profesional lo será para revisarlo y darle forma. Es cierto que el mismo autor puede desempeñar algunas de las tareas propias de la producción de un libro, pero no puede pensar de manera simultánea en qué decir, cómo decirlo y cómo presentarlo (y lo digo con conocimiento de causa, ya que recurrí a los servicios de una editora y correctora, Pilar Comín, para producir mi libro). Distinto es una entrada en un blog, un relato en una red social de lectura o un recurso, ya que se escriben y generan desde otra perspectiva, con otro espíritu y, sobre todo, con otro fin. Además, es un contenido de rápida mutación, porque se puede actualizar periódicamente; un libro —como todos seguimos entiendo al libro—, no. Claro que sería ideal que este tipo de materiales también pasaran por la mano de los profesionales de la edición, pero también hay que ser realistas: factores de tiempo, pero sobre todo económicos, influyen para que no todo lo que circula tenga una edición y una presentación fabulosas. El libro digital, que permite una más fácil actualización de sus contenidos frente al libro impreso, debería seguir las pautas que dan un extra de calidad.

¿Qué requiere un libro para alcanzar un  alto estándar de calidad editorial?

Cuanto más editado esté un libro, más garantías tiene de que su calidad sea alta. Hablo de edición en sentido amplio, no solo de edición de mesa o de contenido. Es decir, por cuantos más controles de calidad pase un contenido, más alta será su calidad.

Un libro impoluto no existe, porque quienes trabajamos con los libros somos humanos y todos erramos, pero si un libro lo ven varios profesionales de la edición las posibilidades de que haya errores y erratas se reducen. Un mínimo de edición y de corrección, más un mínimo de diseño y de buena composición hace que un libro tenga una calidad aceptable. Y eso se traduce en una buena experiencia de lectura y en ausencia de “cosas raras” que molesten al leer y ver un libro. Si hace tantos años y décadas que estos procesos editoriales se aplican a un original no es porque los editores tengan ganas de perder tiempo y dinero, sino porque esos procesos otorgan una cierta nobleza a ese manuscrito para transformarlo en libro (impreso o digital).
En el proceso de edición de textos, se abordan distintas disciplinas. ¿Cómo se lleva esto a cabo en el proceso de creación de un libro? ¿Trabajan distintos profesionales? ¿Cómo se logra coordinar correctamente todas las áreas de la edición?

Reivindico constantemente la figura del coordinador editorial; entre otras cosas, porque lo he sido y  porque lo soy en alguno de los proyectos en los cuales trabajo. En el caso de libros sencillos —libros en los que el contenido es prácticamente solo texto (novelas, antologías, algunos ensayos)— es más fácil la organización del trabajo porque los profesionales que intervienen son pocos. Por lo general, se trata de un editor, uno o dos correctores, y un diseñador-maquetador; en algunos casos, también un traductor.

En cambio, cuando se trata de publicaciones complejas —aquellas que además de texto poseen elementos gráficos, como libros prácticos, enciclopedias, manuales, libros de texto, publicaciones técnicas y científicas, etc.—, pueden llegar a intervenir muchos profesionales. Así, encontramos que hay un editor general o un editor jefe, un editor de contenido, uno o varios autores, un corrector de estilo, un corrector de ortotipografía y de pruebas, ilustradores, fotógrafos, traductores, etc. Por supuesto, coordinar la edición de un libro sencillo tiene poco que ver con coordinar la edición de un libro complejo, máxime cuando se coordinan varios libros de este último tipo.

¿Cómo se logra compaginar todo esto? Con mucha organización y orden, calendario editorial mediante, para mantener el contacto con los colaboradores habituales para conocer qué disposición tienen, para saber entender las idiosincrasias de los profesionales que participan en la edición del libro (tal vez esto sea lo más complejo de coordinar), para exigir el cumplimiento de los plazos de ejecución de los servicios; pero también para defender el tiempo que se necesita para realizar cada uno de ellos.

¿Qué papel juega el paratexto? 

Me encanta trabajar con libros complejos por el desafío que representan por todas las variables a considerar. Entendido como paratexto aquel contenido que bordea los límites del texto principal, todos son necesarios para situar al lector. Son textos que dan contención, cobijo, pero sobre todo orden y coherencia al texto, como son los marcadores o satélites y el número de capítulo y de página. En otros casos, los paratextos se presentan en modo de recuadros, cronologías o líneas de tiempo, de ilustración o de infografía y en este caso más que acompañar lo que hacen es ampliar y reforzar ideas o conceptos desde el punto de vista gráfico.

En cuanto a paratexto entendido como lo que aporta un editor a la obra de un autor me gusta usar un parangón (como habrán notado, recurro con frecuencia a este recurso): no es lo mismo ir al frente de batalla con lo puesto que con una vestimenta adecuada, mejor si además se va con instrucción realizada.

Estamos atravesando una época en la que el acceso a la información es casi ilimitado para ciertos sectores de la población. Teniendo esto en cuenta, se está fomentando la idea de que “cualquier persona puede hacer cualquier cosa” tan solo mirando tutoriales de Youtube.  Muchas veces, los profesionales del diseño, la traducción y la comunicación son considerados como prescindibles, ya que se cree que no es necesario un conocimiento académico para desempeñarse en estas áreas. En este contexto, ¿Qué aportan los profesionales vinculados a la edición para conseguir un producto destacado? ¿Qué puede aportar la consultoría editorial?

Por supuesto, cualquier persona puede hacer cualquier cosa que se proponga, la clave está en si lo hace bien o no, y en las consecuencias, buenas o malas, de ese hacer. Un ejemplo muy gráfico: yo puedo arreglar la cañería rota de mi cocina o la bomba de inyección del coche. Desde el punto de vista de la posibilidad y las ganas puedo hacerlo sin problemas; que lo haga bien, en un tiempo razonable y el arreglo funcione es otro tema. Y ahí es donde está la clave. Los servicios editoriales van en esta misma línea.

Existe un profesional para arreglar la cañería y otro para reparar el coche; ellos son los especialistas. Lo mismo sucede con un editor, con un diseñador, con un maquetador y con los correctores, con el impresor, con el fotógrafo, el ilustrador, etc. Estos profesionales se han formado y han ido adquiriendo experiencia para ofrecer esos servicios y, entonces, saben lo que hacen, lo ejecutan en un tiempo razonable y no tienen que atravesar la curva de aprendizaje de una acción de cabo a rabo. Si un autor tiene tiempo y ganas por supuesto que puede aprender por sí mismo a realizar algunas de las tareas de producción de un libro, pero si no es el caso lo mejor será que recurra a profesionales de la edición para que corrijan, editen, diseñen y maqueten su libro de una forma adecuada para que el lector lo lea y lo disfrute sin inconvenientes.

Llevando el ejemplo a las nuevas tecnologías, cualquiera puede configurar un anuncio en Facebook. Pero saber cómo hacerlo bien, cuál es el alcance que puede llegar a tener, identificar dónde están los puntos fuertes y los puntos débiles, etc., no lo puede hacer cualquiera; eso lo hace alguien que es experto en crear anuncios de Facebook. Si se acude a profesionales de este tipo para hacer un anuncio en una red social de un libro ¿porqué no acudir a un editor, a un corrector, a un diseñador, un maquetador para publicar nuestro libro con calidad editorial?

En todos estos años en los que estuviste dedicándote al mundo editorial, ¿qué cambios notaste? ¿Cómo afectaron las nuevas tecnologías a tu profesión?

Cuando comencé a trabajar en el sector editorial fue en una revista del sector turístico, en Buenos Aires, en el año 1998. Por entonces ya teníamos ordenadores y programas de composición por lo que a nivel de producción los cambios no han sido enormes, aunque en estos casi veinte años las herramientas de autoedición, los programas y los recursos disponibles han ido evolucionando. Cuando yo comencé a trabajar la producción ya se hacía de forma digital; es decir, yo no he pasado de los tipos móviles al ordenador, sino que comencé cuando el ordenador ya era parte de la oficina. Por tanto, y visto así, mi trayectoria laboral es digital desde el inicio.

Respecto al desarrollo del trabajo, la popularización de Internet ha colaborado en ampliar las posibilidades del campo laboral y de las colaboraciones. Hoy se puede trabajar desde cualquier lugar del mundo para un cliente que está en cualquier otro lugar del mundo. Eso para mí es maravilloso, porque me permite estar en la mitad de la montaña o cerca del mar, o en la otra punta del mundo, y poder seguir trabajando. Tengo colaboradores que viven en distintas ciudades de España y en Argentina, y clientes de distintos países y esto es posible gracias a Internet y las nuevas tecnologías. Vamos, que me encantan y las adoro, porque me permiten hacer el tipo de vida que quiero.

Respecto a la industria del libro, Internet sí que le ha afectado, sobre todo porque Internet ha abierto puertas que el sector editorial tradicional no estaba dispuesto a abrir y que no ha abierto por motu proprio. Hasta hace dos décadas si alguien quería publicar lo que había escrito no tenía más remedio que dirigirse a una editorial, un periódico o una revista, porque eran prácticamente los únicos medios para hacerlo. Un autor no tenía otras posibilidades o herramientas a su alcance para publicar. La red de redes ha cambiado esto, y las herramientas que esta ha posibilitado desarrollar, claro (gestores de contenidos, tiendas y librerías en línea, etc.).

Eso en cuanto a la industria, pero es algo que no se traslada los profesionales del sector del libro; al contrario, hay muchísimo más que editar, que corregir, que diseñar, que maquetar; también mucho que vender, que distribuir, que promocionar, etc. Los expertos que realizan estas acciones aportan enriquecimiento y profesionalización a cualquier tipo de obra, tanto en cuanto al contenido como a la forma.

Hay que salir de la zona de confort, que hay que moverse y no esperar a que la maquinaria funcione sola; debemos pensar en nuevas estrategias y formas de hacer negocio, en nuevos modos de comunicarnos con los clientes y lectores; también en abrir puertas hacia otros sectores.

¿Qué desafíos encontraste como editora trabajando en otros países? ¿Notaste diferencias en el espíritu editorial entre los distintos países en los que desempeñaste tu profesión?

He trabajado para clientes de distintos países y, en el fondo el espíritu editorial es el mismo: ofrecer un producto de calidad. Básicamente, lo que cambia es el ritmo y la organización de los trabajos. La exigencia y el objetivo son los mismos, el método y la forma de ejecutar  los servicios editoriales es lo que cambia. Me refiero a que en algunos países los proyectos comienzan año y pico largo antes y en otros tres meses antes, eso hace que los tiempos de ejecución, la presión, la organización, etc., sean distintos. La conexión o implicación de los distintos profesionales en la producción de una publicación también varía, a veces el límite viene dado por la estructura de la empresa, que no facilita la interacción entre ellos.

 

Se puede contactar a Mariana por los siguientes medios:

http://marianaeguaras.com/

https://www.facebook.com/MarianaEguarasEd/

hola@marianaeguaras.com

 

La saga de los errores: Aerolíneas Argentinas y el vuelo de las letras

Pensemos en cuántos estímulos simultáneos se nos presentan continuamente. Toda esa información debe ser procesada por nuestro cerebro. No obstante, nuestros recursos cognitivos son limitados y no podríamos procesar de forma completa, detallada y sin error toda esta información que llega mediante nuestros sentidos. Es por esto que nuestra mente busca estrategias para economizar recursos y volver al procesamiento más eficaz. Una de estas estrategias es la de automatizar procesos, es decir, que ciertas habilidades se vuelven automáticas y por eso no podemos olvidar cómo hacerlas y las realizamos sin pensar. Un ejemplo muy común lo encontramos en nuestra habilidad de andar en bicicleta. Una vez que aprendemos, no podemos olvidarlo. Otro ejemplo menos divulgado es la lectura. Leemos cualquier estímulo al que nos enfrentamos y lo hacemos de forma automática, inconsciente. Esta automatización de la lectura produce, a su vez, que nuestra mente reponga la información faltante o problemática de los estímulos, de forma tal que el procesamiento se lleve a cabo con la misma eficacia que si el estímulo se presentara de manera completa. Esta explicación nos permite entender por qué, cuando lean ahora este cartel, es muy probable que no encuentren el error rápidamente. Nuestro cerebro se encargó de reponer lo que faltaba. Los publicistas deberían estar agradecidos. Un poco de glucosa de regalo no vendría nada mal.

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Y vos, ¿te diste cuenta del error de manera inmediata? ¿O tardaste unos minutos en notarlo? Tu comentario nos ayuda porque estamos haciendo relevamientos para una investigación. ¡Gracias por el aporte!

En la publicación del 3 de noviembre de nuestra página de Las correctoras en Facebook publicamos un juego vinculado con este tema. Contanos si lograste descubrir el error. ¿Te diste cuenta inmediatamente o te llevó un tiempo? ¡Gracias por acompañarnos en esta investigación!

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El 16 de noviembre publicamos en nuestra página de Las correctoras en Facebook el error encontrado por uno de nuestros seguidores en un cartel muy grande que está en una esquina céntrica de Buenos Aires, en la intersección de las calles Lima y San Juan. Si encontrás el error, comentanos si lo detectaste de manera inmediata o tardaste unos segundos. ¡Seguimos con nuestra investigación! img-20161115-wa0001

Gracias al material que envían nuestros seguidores avanzamos con el trabajo de campo para la investigación sobre el funcionamiento del cerebro ante los errores evidentes. Este cartel de publicidad de una película lo envió nuestra seguidora Laura Michelín Salomón. Lo publicamos en nuestra página de Las Correctoras en Facebook el  22 de noviembre de 2016. ¿Encontraste el error?

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¿Cómo te fue con la publicación del 30 de noviembre? ¿Lo hallaste rápido?  ¡Gracias a nuestra seguidora Diana Barreneche por el aporte del error en el diario La Nación! para-las-correctoras

 

 

 

Esta actualización la publicamos en la página de Facebook el 22 de junio de 2017, gracias al aporte de nuestro seguidor José Luis Goin. ¡Gracias, José! Esta imagen tiene dos errores, ¿los encontraste?
Si la imagen no se ve con claridad, se puede cliquear con  el botón derecho y elegir “Abrir imagen en una pestaña nueva” para verla en su tamaño original.

Actualización del 11 de septiembre de 2017: una seguidora nos envió estas cinco imágenes de distintos diarios que cometieron errores escandalosos de ortografía y de tipeo. Los vas a ver en seguida, ¡no es difícil encontrarlos! ¡Agradecemos a nuestra seguidora por contribuir a esta saga!

Actualización del 26 de semptiembre de 2017: nuevamente José Luis Goin nos envió un interesante aporte. ¡Gracias, José! ¿Cómo les fue con esta imagen? ¡Este caso está difícil!

 

 

 

Actualización del 10 de octubre de 2017: Diana Barreneche nos envió un nuevo aporte del diario La Nación online. Esta vez se trata de un error de ortografía, ¿ya lo vieron?