“Los autores latinoamericanos producen textos geniales que para nosotros no existen”, entrevista con Mónica Drouilly

Por Micaela Siskin

Mónica Drouilly Hurtado, foto de http://culto.latercera.com

Mónica Drouilly Hurtado es una escritora chilena, dramaturga, ingeniera civil y directora de Okonomiyaki, club de literatura japonesa. Como si fuera poco, también es fundadora del sello editorial Noctámbula, con el que busca enfocarse en los talentos latinoamericanos del momento.

Las correctoras ya conversamos con Mónica cuando publicó su primer libro de cuentos, Retrovisor, ganador del Premio Literario del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile. Su experiencia como joven autora la llevó a conocer las dificultades que atraviesan sus colegas para difundir su obra, así que decidió actuar al respecto. Charlamos con ella para conocer su visión en profundidad.

¿Cómo comenzó este proyecto?

Con mi socio, Eduardo Plaza, empezamos a pensar entre agosto y octubre del año pasado en una editorial, y cómo queríamos que fuese. Teníamos dos intereses en común. Por un lado, los autores geniales que conocíamos en nuestro entorno. Estábamos rodeados de gente que estaba escribiendo textos muy buenos, pero no estaban circulando.  

Por otro lado, en el 2017 Eduardo fue incluido en la lista Bogotá 39, una selección de escritores de ficción iberoamericanos menores de cuarenta a los que se les ve mucho futuro. Eso hizo que viajara mucho y conociera a otros autores de la lista. Entonces, se enfrentó a la falta de acceso a los textos de sus compañeros, ya que no había cómo encontrarlos en Chile. A mí me pasaba lo mismo en mis viajes. Leía algo que me encantaba, pero no podía recomendarlo, porque solo tenía mi copia.

Vimos que nuestros pares latinoamericanos, con quienes tenemos una historia en común y un montón de lazos comunicantes, están produciendo material muy interesante que para nosotros sencillamente no existe. Nuestro motor es visibilizar a esos autores que sabemos que están escribiendo textos increíbles y generar una mayor comunicación con el resto del continente.

¿A qué se debe esta falta de acceso a otros autores latinoamericanos?

En Chile, es más fácil encontrar cinco traducciones del mismo autor ruso que una sola edición de una autora brasilera. Por mi trabajo, viajé a Brasil y tuve que aprender portugués, lo que me permitió acceder a un mundo gigante de literatura en ese idioma, pero no solo de Brasil y Portugal, sino también de países como Mozambique y Macao, que para nosotros no existe a causa del eurocentrismo en las traducciones chilenas. Parece que somos un país europeo que llegamos a Sudamérica por azar.

Para mí hay una anomalía en el planeta Tierra, ¡tengo varias traducciones de una autora japonesa que escribió en el año 1000 y no sé qué escriben en Paraguay! Estoy a punto de pensar que en Paraguay no se escribe.

Entonces, desde la editorial quieren generar más canales de visibilidad para los latinoamericanos.

Creo que hay que hacer esfuerzos para cambiar este eurocentrismo en las ediciones. Hoy en día es más fácil hacerlo, gracias a los avances tecnológicos. Ni siquiera es necesario imprimir un libro en papel. Un e-book es un archivo que se puede descargar y leer incluso en la pantalla del celular. Me gusta mucho leer en papel, pero la tecnología abarata las ediciones y democratiza el acceso a la escritura.

Nuestro enfoque con los autores es generar una experiencia única y bonita, que la publicación sea una fiesta. A la vez, dar todo lo que podamos para que el libro se visibilice. Queremos que cada persona involucrada sea un nodo que se conecta con otro nodo, comportarnos como un ecosistema activo en pos de que el texto circule.

Primer libro de la Colección Omamori, disponible desde el 22 de junio.

Por ahora, Noctámbula cuenta con un catálogo breve, la novela Paisajes. (No habrá muerte. Aquí terminará el cuento) de Macarena Araya Lira, dentro de la colección En Lengua Materna, con la que Mónica y Eduardo buscan visibilizar a sus compatriotas que no están siendo editados. Ya firmaron con más autores, entre ellos, Gonzalo Ortega y Carolina Brown. Tienen una segunda colección, Omamori, que consta de traducciones del japonés. Mónica es muy lectora de la literatura japonesa, y está cansada de que las únicas traducciones que lleguen a Latinoamérica sean españolas, a precios demasiado inflados y en un dialecto tan ajeno.

Mónica y Eduardo llegaron para desafiar la tradición editorial de Latinoamérica, muchas veces enfocada en lo que se produce por fuera del continente. ¿Qué les parece esta iniciativa? ¿Es hora de que demos mayor prioridad a los autores latinoamericanos?