En el 2020 termino la tesis

El contexto actual que nos plantea el coronavirus, y su consecuente cuarentena obligatoria, nos exige adaptar nuestra rutina diaria a los nuevos parámetros que nos imponen el encierro y la vida social restringida.

El desafío está en transformar la cuarentena “aburrida” en una cuarentena “productiva”. Y qué mejor que enfocar esa productividad para cumplir uno de los objetivos más trascendentes en nuestra vida personal y/o profesional: terminar la tesis. Entonces, por qué no plantearnos este como nuestro trabajo esencial (aquel exceptuado de toda cuarentena).

¿Cuántas veces desde que empezamos a escribir la tesis deseamos contar con algo más de tiempo diario para dedicarle a esta ardua tarea? El coronavirus, el confinamiento, el aislamiento social, la nueva normalidad y todos los demás términos que estrenamos en nuestro vocabulario diario gracias a la pandemia nos vienen a brindar hoy esa oportunidad: aprovechar el tiempo libre que tenemos en casa para leer bibliografía, recopilar información, hacer fichas bibliográficas, escribir, reformular hipótesis, mantener una comunicación online fluida con nuestro asesor, realizar entrevistas por mail o videollamada y, sobre todo, optimizar el tiempo para aumentar el rendimiento.

¡Pero ojo! Disponer de tiempo sin tiempo muchas veces nos hace “dejar las cosas para mañana”, sabiendo que no hay prisa alguna. La cuarentena se termina y el tiempo no aprovechado es, sin lugar a dudas, tiempo perdido. El secreto está en autoimponerse una rutina diaria, dándonos el permiso de que sea más relajada y sin presiones.

Escribir la tesis, paso a paso

En su libro “Cómo se hace una tesis”, Umberto Eco señala como primera “regla obvia” que la elección del tema “se corresponda con los intereses” del estudiante. Es por eso que un primer paso para definir un tema de investigación implica observar a nuestro alrededor y revisar nuestras experiencias. El tema-problema que despierte nuestro interés puede surgir de maneras diversas y no solo del contexto histórico.

En un segundo paso evaluaremos la factibilidad para abordar el tema-problema que nos gustaría investigar preguntándonos si podremos acceder a las fuentes legítimas y si estamos capacitados para implementar la metodología requerida.

Una vez que nos hayamos decidido por una propuesta de investigación, podremos delimitar histórica, territorial y materialmente el ámbito en el que vamos a trabajar y señalar las preguntas con las cuales nos aproximaremos al “corpus”. Es aquí donde trabajaremos en nuestra unidad de análisis y la justificación del problema. Luego podremos explayarnos acerca de lo que conocemos hasta ahora del tema y que habitualmente se denomina como “estado de la cuestión”.

La próxima etapa es la construcción del marco teórico que consiste en una selección de todos aquellos conceptos y teorías que nos ayudarán a conocer la problemática seleccionada. Es importante escoger uno o dos estudios que consideremos claves para luego interpretar y analizar adecuadamente nuestro objeto de estudio.

A partir de las preguntas, expresaremos del modo más claro posible el/los objetivo/s de la investigación. El cierre final para construir el marco teórico y formular los objetivos generales y específicos es ordenar y seleccionar temáticamente nuestra bibliografía. No necesariamente usaremos todo el material leído sino que a esta altura tendremos una idea bastante clara de lo que deseamos investigar. El marco teórico influirá sobre la formulación de los objetivos y sobre las decisiones acerca de la estrategia metodológica que permita responder a esos objetivos. Es necesario incluir una descripción detallada de la metodología que vamos a utilizar en el transcurso de la investigación, es decir, las técnicas de recopilación y análisis de datos.

Un capítulo fundamental de toda tesis deberá abordar las conclusiones. Esta es la parte donde se manifestarán los hallazgos más destacados de la investigación. Finalmente se incluirán las referencias de los documentos consultados durante la elaboración de la tesis. Cabe destacar que la mención a las fuentes no podrá hacerse de forma improvisada, sino que deberá utilizarse un criterio específico, por ejemplo, las Normas APA.

Educación virtual en pandemia

Por Jésica Jara, licenciada en Periodismo de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Avellaneda, con especialización en Géneros, Comunicación y Cultura y posgrado en Comunicación, Géneros y Sexualidades, de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

En Argentina, el 20 de marzo de 2020 entró en vigencia una cuarentena social, preventiva y obligatoria en todo el territorio debido a la pandemia de coronavirus-19 provocada por el agente patógeno SARS – CoV – 2. Una de las medidas fue la suspensión de las clases presenciales en todo el sistema educativo. Las instituciones han migrado a nuevas dinámicas de enseñanza a través de modalidades virtuales. En este particular contexto socio-sanitario, miles de docentes buscan diferentes recursos digitales para garantizar el acceso a la educación a sus estudiantes sin resignar la calidad educativa.
Desde Las correctoras, les acercamos una brújula para navegar en esta tormenta. En primer lugar debemos especificar de qué hablamos cuando nos referimos a ‘educación virtual’. En el caso de que la escuela o universidad no cuente con una plataforma especialmente diseñada para modalidad virtual, la mayoría de la veces, las clases en línea pasan a ser un encuentro semanal o quincenal por videoconferencia grupal o el envío por correo electrónico de un texto a leer en formato pdf junto con un cuestionario para responder o un mix de ambos. En tiempos de coronavirus y de zonas con escaso acceso a Internet es una manera válida que también se puede complementar con diapositivas por powerpoint, archivos de texto, material audiovisual disponible en internet gratuitamente, enlaces a sitios web.

Hay pasos a seguir para poner en marcha la enseñanza a través de las nuevas tecnologías. Primero, se deben establecer objetivos claros, definir y explicitar las características técnicas, la modalidad de enseñanza y aprendizaje, las instancias de evaluación, el acompañamiento pedagógico y los canales de comunicación (foro virtual, correo electrónico, redes sociales). Nota importante: no dejar nada librado a la duda ni dar por sentado que todos comprenden el sistema.
En segundo lugar, hay que planificar las clases y organizar el contenido del curso en módulos temáticos. Es fundamental puntualizar el contenido central de cada módulo, que puede estar enfocado en un libro, un video, un audio, una clase en vivo, un powerpoint, un link. A su vez, se deberán originar dinámicas y estructuras de clases, crear un cronograma del curso con fecha de inicio, días y horarios de cursada virtual, los días de evaluación o de entregas de trabajos y la finalización. Esa información es necesaria para que los estudiantes organicen su día de estudio en medio de una situación tan caótica como la que atravesamos. Luego, se define una actividad como parte de la evaluación y su fecha de entrega. Un ejemplo, a nivel universitario, es el de la elaboración de un ensayo en las carreras humanísticas o la resolución de problemas en las ciencias duras. A nivel primario y secundario sugerimos cuestionarios con preguntas, actividades grupales como el armado de un blog con temáticas vinculadas con información sobre la pandemia o, por el contrario, para alivianar la angustia, trabajar con proyectos que no tengan nada que ver con el asunto.

Aquí, una selección de las múltiples y diversas herramientas digitales gratuitas que facilitan la comunicación y el intercambio de información entre docentes y estudiantes en un espacio virtual de enseñanza-aprendizaje:
Google Groups: permite crear un grupo de mails específico del curso que incluya a todos los estudiantes y así tener un espacio común para promover el intercambio de ideas, la discusión, los debates, dejar comentarios y dudas sobre las clases. Es una forma de fomentar la participación y estimular la conversación entre estudiantes.
Google Forms: sirve para diseñar cuestionarios con el fin de recibir sugerencias, opiniones, comentarios y detectar falencias o dificultades en la enseñanza por parte de los estudiantes. Tiene la opción de calificación numérica, por múltiple choice o a desarrollar y se puede optar por la participación anónima.
YouTube con la creación de un canal en YT se pueden subir las clases en video. Cada docente se graba a sí mismo explicando los temas frente a una cámara. Se recomiendan los formatos .mov, .mpeg4 y .avi y una calidad de video igual o superior a 720 x 1080 px.

Y por último, si se necesita una biblioteca en la nube, en Google Drive se almacenan archivos en diferentes formatos, textos, imágenes, videos, audios y se configura para que nadie modifique nada, solo se permite el acceso y las descargas.

También existen diferentes plataformas online especializadas en educación virtual. Presentamos cinco de ellas:

Moodle

Es una plataforma gratuita y de software libre que posibilita personalizar numerosos perfiles de usuarios y asignar los roles de administrador, profesor y estudiantes. MoodleCloud gratis, la versión free de Moodle permite la participación de hasta 50 personas. A través de este espacio es simple organizar los módulos de contenidos y no requiere conocimientos técnicos previos. También se pueden crear carpetas compartidas en la nube. Se sugiere ordenar nuestro Moodle en cursos, cada uno de ellos con secciones, áreas para las actividades y las entrega de trabajos. Tiene su versión de aplicación para teléfonos móviles y se pueden recibir notificaciones de mensajes al instante. 

Google Classroom

Es una herramienta gratuita de Google para llevar a cabo clases online. Todas las posibilidades de este recurso están asociadas a una cuenta de gmail.com, es decir que tanto el docente como los estudiantes deberán registrar un correo en Google. Permite agregar a los estudiantes directamente o proporcionarles un código para que se unan al curso. Todo el contenido de la clase (por ej., documentos, fotos y videos) se sincronizan automáticamente en carpetas de Google Drive. Se pueden enviar anuncios e iniciar debates de la clase al instante y en tiempo real. Este medio de Google permite crear archivos, compartir información en distintos formatos, agendar encuentros y realizarlos virtualmente. Los estudiantes también podrán acceder desde cualquier dispositivo a sus clases, sus apuntes o sus tareas asignadas.

Zoom  

Este sitio se usa para video llamadas, como sustituto de Skype. La versión gratuita permite encuentros grupales de hasta 100 participantes durante un máximo de 40 minutos, y conversaciones de 1 a 1 ilimitadas. En Zoom cada reunión tiene una ID, que nos permite unirnos a ella tanto utilizando el programa de escritorio, el sitio web o la app para dispositivos móviles. También tiene una pizarra virtual para escribir o dibujar, programar reuniones y establecer recordatorios o grabar las clases. En las herramientas de chat se establece si las preguntas serán públicas o privadas.

JITSI

Jitsi es una aplicación de videoconferencia y mensajería instantánea gratuita, de código abierto, totalmente encriptada para mayor seguridad de datos personales y sin límite de participantes. Este sitio no tiene necesidad de contar con ninguna cuenta, sólo se crea un nombre a la sala y se comparte la URL del mismo para sumar participantes a la videoconferencia. Se puede optar por video llamadas o solo compartir la voz sin imagen en la cita para después grabar toda la sesión y subirla a Dropbox. Se ingresa directamente desde el navegador a http://meet.jit.si. Cuenta con un chat de texto, como las aplicaciones anteriores, y una función sustituto de las clases presenciales: “Levantar/Bajar la mano”, para pedir permiso para intervenir.

Microsoft teams

Si no deseamos focalizar todo en videoconferencias (aunque sin descartar su uso) y preferimos utilizar en cambio una herramienta colaborativa que se centre en la comunicación escrita y en la socialización de documentos, podemos utilizar la versión gratuita de Teams, es un programa para PC o app para celular que permite hasta 300 usuarios, búsqueda ilimitada de los mensajes antiguos y 10 Gb de almacenamiento para archivos y documentos. Permite editar y compartir documentos sobre la marcha. Los archivos compartidos pueden abrirse desde la propia aplicación, sin necesidad de recurrir a recursos externos. Además, permite crear varias salas de chat de temáticas diferenciadas, y que cada estudiante participe solo en algunas de ellas.

Un nuevo ciclo

Durante el 2018 nos propusimos construir una relación más cercana con nuestros seguidores y seguidoras. Intentamos que nuestras redes sociales asumiesen una aplicabilidad pedagógica y publicamos los consejos ortográficos más relevantes para nuestra comunidad virtual. La mayoría de ellos fueron respuestas a las consultas que nos hicieron a través de mensajes directos a nuestra página. Nos alejamos de la idea de una figura lectora cómplice para adentrarnos en las necesidades de aquellos lectores circunstanciales. Entendemos a Facebook o a Instagram como medios de comunicación que transformaron el consumo de los textos en red y cambiamos nuestro estilo editorial para adentrarnos en un espectro más abarcador. La actual forma de circulación de los discursos, más inmediata y efímera, nos llevó a contemplar otros objetivos. Asumimos el riesgo de presentarnos como una fuente de información legítima de los temas que más nos apasionan: el lenguaje como fenómeno social, la corrección y la traducción de textos.

Para el año 2019 nos proponemos cambiar nuestra página web a un sitio bilingüe (español- inglés) que dinamice la interacción con las redes sociales. Tendremos presencia en LinkedIn y actualizaremos a nuestros lectores con la difusión de programas informáticos que faciliten y mejoren la tarea del escritor y del corrector.

¡Por un 2019 a puro texto!

Las Correctoras

¿Qué significa “mansplaining”?

Presentamos nuestro segundo micro de radio, con la voz de Nati Mastrangelo en el programa Código Feminista de Radio Caput.

Micro “mansplaining”

¿Qué significa “mansplaining”?

Es la palabra que se toma del inglés para referirse al hábito de los varones de explicar cosas a las mujeres con un tono paternalista y condescendiente. El origen del término mansplaining aparece en un texto de la escritora feminista Rebecca Solnit incluido en su libro “Los hombres me explican cosas” . Allí cuenta el momento en el que un hombre intentó explicarle detenidamente el contenido de un libro muy interesante que él había leído. Necesitaron indicarle varias veces a ese hombre que ella era la autora para que él abandonara su intención de explicárselo detenidamente.

La Fundación Fundeu, que trabaja asesorada por la Real Academia Española para promover un buen uso del español en los medios de comunicación, propone el neologismo en español “machoexplicación” como alternativa válida a esta mala costumbre de los hombres. A nosotras, en Las Correctoras, también nos hacen mansplaining o machoexplicación. Somos un equipo de 10 mujeres entre redactoras, correctoras, editoras y traductoras. Todas somos profesionales del lenguaje. hace algunas semanas publicamos un post en el que aconsejamos acerca del uso innecesario de la coma al inicio de un párrafo y vimos con sorpresa cómo los varones nos explicaron cosas.

 

Los conectores: nuestros aliados a la hora de escribir

Los conectores son palabras o frases que se utilizan para enlazar ideas en una misma oración. Nos ayudan a otorgarle fluidez y coherencia a un texto. Su valor fundamental es señalar el sentido en el que se encadenan los diferentes fragmentos de un discurso.

Según su significado, los conectores indican relaciones diferentes. Hicimos una selección de los conectores más usados:

Los conectores temporales tienen la función de expresar la idea de tiempo, mientras que los aditivos introducen aspectos nuevos a la información. También hay conectores contra argumentativos o “de contraste”. Estos últimos se utilizan para expresar oposición o contrariedad en el sentido de la oración.

Algunos conectores se utilizan para indicar una condición para realizar lo que expresa la oración principal. En cambio, los conectores causales señalan el motivo por el que sucede lo indicado en la oración principal. Los conectores consecutivos manifiestan una consecuencia de la frase u oración que lo precede.

¿En América Latina se habla español?

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación y correctora

El 12 de octubre es el día en que se recuerda la llegada de los conquistadores españoles al continente americano. A veces se habla del “descubrimiento de América”, lo que es incorrecto porque eran tierras que no solo estaban habitadas, sino que albergaban grandes civilizaciones con culturas muy complejas. Pero muchos de estos pueblos fueron esclavizados o masacrados, lo que llevó a que gran parte de su legado cultural se perdiese. Hoy en día podemos decir que, a grandes rasgos, en el continente americano se hablan tres idiomas: inglés, español y portugués. ¿Qué pasó entonces con las lenguas originarias?

Mujer mapuche en Chile.

Se puede decir que la lengua originaria más destacada es el quechua, ya que se habla en siete países distintos: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú. Pero también se mantienen vivas muchas otras lenguas con incontables dialectos. Se estima que los pueblos indígenas de la región iberoamericana hablan 420 lenguas distintas, de las cuales 103 (el 24,5%) son idiomas transfronterizos. Por ejemplo el guaraní, que junto con el español es idioma oficial en Paraguay, es hablado por más de 12 millones de personas. En México, al igual que en Guatemala y en Belice, son muy comunes las lenguas mayeses, como el q’echi’ o el tz’utujil. No podríamos armar una lista completa porque sería demasiado larga. Muchas poblaciones tienen una lengua indígena como materna y luego aprenden a hablar español en la escuela.

Guna Yalas.

Guna Yalas en Panamá.

El Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América Latina registra 21 lenguas indígenas de las que se desconoce si hoy en día se utilizan aún o son solo objetos de documentación que aparecen en alguna lista de referencia indígena. Del total de lenguas que se hablan en Iberoamérica, el 26% se encuentra en serio riesgo de desaparición. En algunas áreas la situación es ya irreversible, como en el Caribe Insular, donde las escasas lenguas que se conservan están prácticamente extintas. Otras áreas afectadas son la Patagonia, Baja Centroamérica y el Caribe Continental.

Chamán quechua en Perú.

Como latinoamericanos debemos tomar consciencia del importante legado que nos dejaron las culturas originarias, cada una con sus características únicas e irrepetibles en el mundo. Sí, hablamos español. Este idioma nos une. Pero también hablamos muchas, muchas otras lenguas.

En sus países, ¿qué lenguas se hablan? ¿Su idioma materno es el español o cuál es? ¿Conocen palabras en lenguas originarias de América? ¡Queremos saber!

Aymaras en el lago Titicaca. Foto de www.world-wide-gifts.com.

“Internet ha abierto puertas que el sector editorial tradicional no estaba dispuesto a abrir”

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación y correctora

Leer un buen libro es un placer único en la vida. Sea de la temática que sea, no hay nada como la experiencia de leer un libro con contenido interesante, una redacción cautivadora y un diseño creativo que acentúe el mensaje del texto. Pero, ¿cómo se llega desde un simple manuscrito a un libro de calidad editorial en todo sentido? La editora Mariana Eguaras responde  a la pregunta en esta entrevista especial para el blog de Las Correctoras.

Mariana, argentina residente en Barcelona, trabaja en el sector editorial desde hace 20 años. Actualmente dirige la consultoría editorial boutique Mariana Eguaras, en la que trabaja junto con un grupo de colaboradores ofreciendo servicios para editoriales, autores, profesionales y empresas. También en su experiencia cuenta con trabajos en diversas editoriales y empresas. Es comunicadora social con un Máster en Edición y otro en Edición Digital.

Mariana publicó recientemente su libro Publicar con calidad editorial. Cuatro pilares de la producción de un libro (disponible en digital en https://lektu.com/l/mariana-eguaras/publicar-con-calidad-editorial/7830), en el que aborda los procesos de edición, corrección, diseño y maquetación de una obra. Nos concedió esta entrevista para profundizar algunos aspectos de aquellos temas y, además, para analizar, desde su experiencia profesional, en qué consiste la industria editorial en la era de las redes sociales y la tecnología digital.

¿Hace falta editar un libro? ¿Qué valor le agrega este proceso al producto final?

Definitivamente, sí. Desde mi punto de vista, para que un libro pueda llamarse como tal debe pasar determinados procesos; lo mismo que un valioso género (de tela), que pasa por las manos del diseñador, la modista, la costurera, etc., hasta convertirse en una indumentaria para ser vestida. Si bien hay distintos tipos de edición —literaria, científica, técnica, de contenido, fotográfica, etc.—, cualquiera de ellas aporta valor a un manuscrito. Y cuando digo valor me refiero a que durante el proceso de edición —entendido en sentido amplio— dará coherencia, solidez, criterio y uniformidad (textual y visual) a un manuscrito.

Un autor trabaja desde una perspectiva diferente a la del editor y del corrector, también a la del diseñador y del maquetador. Cuando un autor crea debe centrarse en esa tarea, en crear, en escribir. Luego vendrán las modificaciones, las ediciones, las correcciones, la puesta en página, etc. Si el autor es la persona idónea para generar un determinado contenido otro profesional lo será para revisarlo y darle forma. Es cierto que el mismo autor puede desempeñar algunas de las tareas propias de la producción de un libro, pero no puede pensar de manera simultánea en qué decir, cómo decirlo y cómo presentarlo (y lo digo con conocimiento de causa, ya que recurrí a los servicios de una editora y correctora, Pilar Comín, para producir mi libro). Distinto es una entrada en un blog, un relato en una red social de lectura o un recurso, ya que se escriben y generan desde otra perspectiva, con otro espíritu y, sobre todo, con otro fin. Además, es un contenido de rápida mutación, porque se puede actualizar periódicamente; un libro —como todos seguimos entiendo al libro—, no. Claro que sería ideal que este tipo de materiales también pasaran por la mano de los profesionales de la edición, pero también hay que ser realistas: factores de tiempo, pero sobre todo económicos, influyen para que no todo lo que circula tenga una edición y una presentación fabulosas. El libro digital, que permite una más fácil actualización de sus contenidos frente al libro impreso, debería seguir las pautas que dan un extra de calidad.

¿Qué requiere un libro para alcanzar un  alto estándar de calidad editorial?

Cuanto más editado esté un libro, más garantías tiene de que su calidad sea alta. Hablo de edición en sentido amplio, no solo de edición de mesa o de contenido. Es decir, por cuantos más controles de calidad pase un contenido, más alta será su calidad.

Un libro impoluto no existe, porque quienes trabajamos con los libros somos humanos y todos erramos, pero si un libro lo ven varios profesionales de la edición las posibilidades de que haya errores y erratas se reducen. Un mínimo de edición y de corrección, más un mínimo de diseño y de buena composición hace que un libro tenga una calidad aceptable. Y eso se traduce en una buena experiencia de lectura y en ausencia de “cosas raras” que molesten al leer y ver un libro. Si hace tantos años y décadas que estos procesos editoriales se aplican a un original no es porque los editores tengan ganas de perder tiempo y dinero, sino porque esos procesos otorgan una cierta nobleza a ese manuscrito para transformarlo en libro (impreso o digital).
En el proceso de edición de textos, se abordan distintas disciplinas. ¿Cómo se lleva esto a cabo en el proceso de creación de un libro? ¿Trabajan distintos profesionales? ¿Cómo se logra coordinar correctamente todas las áreas de la edición?

Reivindico constantemente la figura del coordinador editorial; entre otras cosas, porque lo he sido y  porque lo soy en alguno de los proyectos en los cuales trabajo. En el caso de libros sencillos —libros en los que el contenido es prácticamente solo texto (novelas, antologías, algunos ensayos)— es más fácil la organización del trabajo porque los profesionales que intervienen son pocos. Por lo general, se trata de un editor, uno o dos correctores, y un diseñador-maquetador; en algunos casos, también un traductor.

En cambio, cuando se trata de publicaciones complejas —aquellas que además de texto poseen elementos gráficos, como libros prácticos, enciclopedias, manuales, libros de texto, publicaciones técnicas y científicas, etc.—, pueden llegar a intervenir muchos profesionales. Así, encontramos que hay un editor general o un editor jefe, un editor de contenido, uno o varios autores, un corrector de estilo, un corrector de ortotipografía y de pruebas, ilustradores, fotógrafos, traductores, etc. Por supuesto, coordinar la edición de un libro sencillo tiene poco que ver con coordinar la edición de un libro complejo, máxime cuando se coordinan varios libros de este último tipo.

¿Cómo se logra compaginar todo esto? Con mucha organización y orden, calendario editorial mediante, para mantener el contacto con los colaboradores habituales para conocer qué disposición tienen, para saber entender las idiosincrasias de los profesionales que participan en la edición del libro (tal vez esto sea lo más complejo de coordinar), para exigir el cumplimiento de los plazos de ejecución de los servicios; pero también para defender el tiempo que se necesita para realizar cada uno de ellos.

¿Qué papel juega el paratexto? 

Me encanta trabajar con libros complejos por el desafío que representan por todas las variables a considerar. Entendido como paratexto aquel contenido que bordea los límites del texto principal, todos son necesarios para situar al lector. Son textos que dan contención, cobijo, pero sobre todo orden y coherencia al texto, como son los marcadores o satélites y el número de capítulo y de página. En otros casos, los paratextos se presentan en modo de recuadros, cronologías o líneas de tiempo, de ilustración o de infografía y en este caso más que acompañar lo que hacen es ampliar y reforzar ideas o conceptos desde el punto de vista gráfico.

En cuanto a paratexto entendido como lo que aporta un editor a la obra de un autor me gusta usar un parangón (como habrán notado, recurro con frecuencia a este recurso): no es lo mismo ir al frente de batalla con lo puesto que con una vestimenta adecuada, mejor si además se va con instrucción realizada.

Estamos atravesando una época en la que el acceso a la información es casi ilimitado para ciertos sectores de la población. Teniendo esto en cuenta, se está fomentando la idea de que “cualquier persona puede hacer cualquier cosa” tan solo mirando tutoriales de Youtube.  Muchas veces, los profesionales del diseño, la traducción y la comunicación son considerados como prescindibles, ya que se cree que no es necesario un conocimiento académico para desempeñarse en estas áreas. En este contexto, ¿Qué aportan los profesionales vinculados a la edición para conseguir un producto destacado? ¿Qué puede aportar la consultoría editorial?

Por supuesto, cualquier persona puede hacer cualquier cosa que se proponga, la clave está en si lo hace bien o no, y en las consecuencias, buenas o malas, de ese hacer. Un ejemplo muy gráfico: yo puedo arreglar la cañería rota de mi cocina o la bomba de inyección del coche. Desde el punto de vista de la posibilidad y las ganas puedo hacerlo sin problemas; que lo haga bien, en un tiempo razonable y el arreglo funcione es otro tema. Y ahí es donde está la clave. Los servicios editoriales van en esta misma línea.

Existe un profesional para arreglar la cañería y otro para reparar el coche; ellos son los especialistas. Lo mismo sucede con un editor, con un diseñador, con un maquetador y con los correctores, con el impresor, con el fotógrafo, el ilustrador, etc. Estos profesionales se han formado y han ido adquiriendo experiencia para ofrecer esos servicios y, entonces, saben lo que hacen, lo ejecutan en un tiempo razonable y no tienen que atravesar la curva de aprendizaje de una acción de cabo a rabo. Si un autor tiene tiempo y ganas por supuesto que puede aprender por sí mismo a realizar algunas de las tareas de producción de un libro, pero si no es el caso lo mejor será que recurra a profesionales de la edición para que corrijan, editen, diseñen y maqueten su libro de una forma adecuada para que el lector lo lea y lo disfrute sin inconvenientes.

Llevando el ejemplo a las nuevas tecnologías, cualquiera puede configurar un anuncio en Facebook. Pero saber cómo hacerlo bien, cuál es el alcance que puede llegar a tener, identificar dónde están los puntos fuertes y los puntos débiles, etc., no lo puede hacer cualquiera; eso lo hace alguien que es experto en crear anuncios de Facebook. Si se acude a profesionales de este tipo para hacer un anuncio en una red social de un libro ¿porqué no acudir a un editor, a un corrector, a un diseñador, un maquetador para publicar nuestro libro con calidad editorial?

En todos estos años en los que estuviste dedicándote al mundo editorial, ¿qué cambios notaste? ¿Cómo afectaron las nuevas tecnologías a tu profesión?

Cuando comencé a trabajar en el sector editorial fue en una revista del sector turístico, en Buenos Aires, en el año 1998. Por entonces ya teníamos ordenadores y programas de composición por lo que a nivel de producción los cambios no han sido enormes, aunque en estos casi veinte años las herramientas de autoedición, los programas y los recursos disponibles han ido evolucionando. Cuando yo comencé a trabajar la producción ya se hacía de forma digital; es decir, yo no he pasado de los tipos móviles al ordenador, sino que comencé cuando el ordenador ya era parte de la oficina. Por tanto, y visto así, mi trayectoria laboral es digital desde el inicio.

Respecto al desarrollo del trabajo, la popularización de Internet ha colaborado en ampliar las posibilidades del campo laboral y de las colaboraciones. Hoy se puede trabajar desde cualquier lugar del mundo para un cliente que está en cualquier otro lugar del mundo. Eso para mí es maravilloso, porque me permite estar en la mitad de la montaña o cerca del mar, o en la otra punta del mundo, y poder seguir trabajando. Tengo colaboradores que viven en distintas ciudades de España y en Argentina, y clientes de distintos países y esto es posible gracias a Internet y las nuevas tecnologías. Vamos, que me encantan y las adoro, porque me permiten hacer el tipo de vida que quiero.

Respecto a la industria del libro, Internet sí que le ha afectado, sobre todo porque Internet ha abierto puertas que el sector editorial tradicional no estaba dispuesto a abrir y que no ha abierto por motu proprio. Hasta hace dos décadas si alguien quería publicar lo que había escrito no tenía más remedio que dirigirse a una editorial, un periódico o una revista, porque eran prácticamente los únicos medios para hacerlo. Un autor no tenía otras posibilidades o herramientas a su alcance para publicar. La red de redes ha cambiado esto, y las herramientas que esta ha posibilitado desarrollar, claro (gestores de contenidos, tiendas y librerías en línea, etc.).

Eso en cuanto a la industria, pero es algo que no se traslada los profesionales del sector del libro; al contrario, hay muchísimo más que editar, que corregir, que diseñar, que maquetar; también mucho que vender, que distribuir, que promocionar, etc. Los expertos que realizan estas acciones aportan enriquecimiento y profesionalización a cualquier tipo de obra, tanto en cuanto al contenido como a la forma.

Hay que salir de la zona de confort, que hay que moverse y no esperar a que la maquinaria funcione sola; debemos pensar en nuevas estrategias y formas de hacer negocio, en nuevos modos de comunicarnos con los clientes y lectores; también en abrir puertas hacia otros sectores.

¿Qué desafíos encontraste como editora trabajando en otros países? ¿Notaste diferencias en el espíritu editorial entre los distintos países en los que desempeñaste tu profesión?

He trabajado para clientes de distintos países y, en el fondo el espíritu editorial es el mismo: ofrecer un producto de calidad. Básicamente, lo que cambia es el ritmo y la organización de los trabajos. La exigencia y el objetivo son los mismos, el método y la forma de ejecutar  los servicios editoriales es lo que cambia. Me refiero a que en algunos países los proyectos comienzan año y pico largo antes y en otros tres meses antes, eso hace que los tiempos de ejecución, la presión, la organización, etc., sean distintos. La conexión o implicación de los distintos profesionales en la producción de una publicación también varía, a veces el límite viene dado por la estructura de la empresa, que no facilita la interacción entre ellos.

 

Se puede contactar a Mariana por los siguientes medios:

http://marianaeguaras.com/

https://www.facebook.com/MarianaEguarasEd/

hola@marianaeguaras.com