¿Qué significa “mansplaining”?

Presentamos nuestro segundo micro de radio, con la voz de Nati Mastrangelo en el programa Código Feminista de Radio Caput.

Micro “mansplaining”

¿Qué significa “mansplaining”?

Es la palabra que se toma del inglés para referirse al hábito de los varones de explicar cosas a las mujeres con un tono paternalista y condescendiente. El origen del término mansplaining aparece en un texto de la escritora feminista Rebecca Solnit incluido en su libro “Los hombres me explican cosas” . Allí cuenta el momento en el que un hombre intentó explicarle detenidamente el contenido de un libro muy interesante que él había leído. Necesitaron indicarle varias veces a ese hombre que ella era la autora para que él abandonara su intención de explicárselo detenidamente.

La Fundación Fundeu, que trabaja asesorada por la Real Academia Española para promover un buen uso del español en los medios de comunicación, propone el neologismo en español “machoexplicación” como alternativa válida a esta mala costumbre de los hombres. A nosotras, en Las Correctoras, también nos hacen mansplaining o machoexplicación. Somos un equipo de 10 mujeres entre redactoras, correctoras, editoras y traductoras. Todas somos profesionales del lenguaje. hace algunas semanas publicamos un post en el que aconsejamos acerca del uso innecesario de la coma al inicio de un párrafo y vimos con sorpresa cómo los varones nos explicaron cosas.

 

Los conectores: nuestros aliados a la hora de escribir

Los conectores son palabras o frases que se utilizan para enlazar ideas en una misma oración. Nos ayudan a otorgarle fluidez y coherencia a un texto. Su valor fundamental es señalar el sentido en el que se encadenan los diferentes fragmentos de un discurso.

Según su significado, los conectores indican relaciones diferentes. Hicimos una selección de los conectores más usados:

Los conectores temporales tienen la función de expresar la idea de tiempo, mientras que los aditivos introducen aspectos nuevos a la información. También hay conectores contra argumentativos o “de contraste”. Estos últimos se utilizan para expresar oposición o contrariedad en el sentido de la oración.

Algunos conectores se utilizan para indicar una condición para realizar lo que expresa la oración principal. En cambio, los conectores causales señalan el motivo por el que sucede lo indicado en la oración principal. Los conectores consecutivos manifiestan una consecuencia de la frase u oración que lo precede.

¿En América Latina se habla español?

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación y correctora

El 12 de octubre es el día en que se recuerda la llegada de los conquistadores españoles al continente americano. A veces se habla del “descubrimiento de América”, lo que es incorrecto porque eran tierras que no solo estaban habitadas, sino que albergaban grandes civilizaciones con culturas muy complejas. Pero muchos de estos pueblos fueron esclavizados o masacrados, lo que llevó a que gran parte de su legado cultural se perdiese. Hoy en día podemos decir que, a grandes rasgos, en el continente americano se hablan tres idiomas: inglés, español y portugués. ¿Qué pasó entonces con las lenguas originarias?

Mujer mapuche en Chile.

Se puede decir que la lengua originaria más destacada es el quechua, ya que se habla en siete países distintos: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú. Pero también se mantienen vivas muchas otras lenguas con incontables dialectos. Se estima que los pueblos indígenas de la región iberoamericana hablan 420 lenguas distintas, de las cuales 103 (el 24,5%) son idiomas transfronterizos. Por ejemplo el guaraní, que junto con el español es idioma oficial en Paraguay, es hablado por más de 12 millones de personas. En México, al igual que en Guatemala y en Belice, son muy comunes las lenguas mayeses, como el q’echi’ o el tz’utujil. No podríamos armar una lista completa porque sería demasiado larga. Muchas poblaciones tienen una lengua indígena como materna y luego aprenden a hablar español en la escuela.

Guna Yalas.
Guna Yalas en Panamá.

El Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América Latina registra 21 lenguas indígenas de las que se desconoce si hoy en día se utilizan aún o son solo objetos de documentación que aparecen en alguna lista de referencia indígena. Del total de lenguas que se hablan en Iberoamérica, el 26% se encuentra en serio riesgo de desaparición. En algunas áreas la situación es ya irreversible, como en el Caribe Insular, donde las escasas lenguas que se conservan están prácticamente extintas. Otras áreas afectadas son la Patagonia, Baja Centroamérica y el Caribe Continental.

Chamán quechua en Perú.

Como latinoamericanos debemos tomar consciencia del importante legado que nos dejaron las culturas originarias, cada una con sus características únicas e irrepetibles en el mundo. Sí, hablamos español. Este idioma nos une. Pero también hablamos muchas, muchas otras lenguas.

En sus países, ¿qué lenguas se hablan? ¿Su idioma materno es el español o cuál es? ¿Conocen palabras en lenguas originarias de América? ¡Queremos saber!

Aymaras en el lago Titicaca. Foto de www.world-wide-gifts.com.

“Internet ha abierto puertas que el sector editorial tradicional no estaba dispuesto a abrir”

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación y correctora

Leer un buen libro es un placer único en la vida. Sea de la temática que sea, no hay nada como la experiencia de leer un libro con contenido interesante, una redacción cautivadora y un diseño creativo que acentúe el mensaje del texto. Pero, ¿cómo se llega desde un simple manuscrito a un libro de calidad editorial en todo sentido? La editora Mariana Eguaras responde  a la pregunta en esta entrevista especial para el blog de Las Correctoras.

Mariana, argentina residente en Barcelona, trabaja en el sector editorial desde hace 20 años. Actualmente dirige la consultoría editorial boutique Mariana Eguaras, en la que trabaja junto con un grupo de colaboradores ofreciendo servicios para editoriales, autores, profesionales y empresas. También en su experiencia cuenta con trabajos en diversas editoriales y empresas. Es comunicadora social con un Máster en Edición y otro en Edición Digital.

Mariana publicó recientemente su libro Publicar con calidad editorial. Cuatro pilares de la producción de un libro (disponible en digital en https://lektu.com/l/mariana-eguaras/publicar-con-calidad-editorial/7830), en el que aborda los procesos de edición, corrección, diseño y maquetación de una obra. Nos concedió esta entrevista para profundizar algunos aspectos de aquellos temas y, además, para analizar, desde su experiencia profesional, en qué consiste la industria editorial en la era de las redes sociales y la tecnología digital.

¿Hace falta editar un libro? ¿Qué valor le agrega este proceso al producto final?

Definitivamente, sí. Desde mi punto de vista, para que un libro pueda llamarse como tal debe pasar determinados procesos; lo mismo que un valioso género (de tela), que pasa por las manos del diseñador, la modista, la costurera, etc., hasta convertirse en una indumentaria para ser vestida. Si bien hay distintos tipos de edición —literaria, científica, técnica, de contenido, fotográfica, etc.—, cualquiera de ellas aporta valor a un manuscrito. Y cuando digo valor me refiero a que durante el proceso de edición —entendido en sentido amplio— dará coherencia, solidez, criterio y uniformidad (textual y visual) a un manuscrito.

Un autor trabaja desde una perspectiva diferente a la del editor y del corrector, también a la del diseñador y del maquetador. Cuando un autor crea debe centrarse en esa tarea, en crear, en escribir. Luego vendrán las modificaciones, las ediciones, las correcciones, la puesta en página, etc. Si el autor es la persona idónea para generar un determinado contenido otro profesional lo será para revisarlo y darle forma. Es cierto que el mismo autor puede desempeñar algunas de las tareas propias de la producción de un libro, pero no puede pensar de manera simultánea en qué decir, cómo decirlo y cómo presentarlo (y lo digo con conocimiento de causa, ya que recurrí a los servicios de una editora y correctora, Pilar Comín, para producir mi libro). Distinto es una entrada en un blog, un relato en una red social de lectura o un recurso, ya que se escriben y generan desde otra perspectiva, con otro espíritu y, sobre todo, con otro fin. Además, es un contenido de rápida mutación, porque se puede actualizar periódicamente; un libro —como todos seguimos entiendo al libro—, no. Claro que sería ideal que este tipo de materiales también pasaran por la mano de los profesionales de la edición, pero también hay que ser realistas: factores de tiempo, pero sobre todo económicos, influyen para que no todo lo que circula tenga una edición y una presentación fabulosas. El libro digital, que permite una más fácil actualización de sus contenidos frente al libro impreso, debería seguir las pautas que dan un extra de calidad.

¿Qué requiere un libro para alcanzar un  alto estándar de calidad editorial?

Cuanto más editado esté un libro, más garantías tiene de que su calidad sea alta. Hablo de edición en sentido amplio, no solo de edición de mesa o de contenido. Es decir, por cuantos más controles de calidad pase un contenido, más alta será su calidad.

Un libro impoluto no existe, porque quienes trabajamos con los libros somos humanos y todos erramos, pero si un libro lo ven varios profesionales de la edición las posibilidades de que haya errores y erratas se reducen. Un mínimo de edición y de corrección, más un mínimo de diseño y de buena composición hace que un libro tenga una calidad aceptable. Y eso se traduce en una buena experiencia de lectura y en ausencia de “cosas raras” que molesten al leer y ver un libro. Si hace tantos años y décadas que estos procesos editoriales se aplican a un original no es porque los editores tengan ganas de perder tiempo y dinero, sino porque esos procesos otorgan una cierta nobleza a ese manuscrito para transformarlo en libro (impreso o digital).
En el proceso de edición de textos, se abordan distintas disciplinas. ¿Cómo se lleva esto a cabo en el proceso de creación de un libro? ¿Trabajan distintos profesionales? ¿Cómo se logra coordinar correctamente todas las áreas de la edición?

Reivindico constantemente la figura del coordinador editorial; entre otras cosas, porque lo he sido y  porque lo soy en alguno de los proyectos en los cuales trabajo. En el caso de libros sencillos —libros en los que el contenido es prácticamente solo texto (novelas, antologías, algunos ensayos)— es más fácil la organización del trabajo porque los profesionales que intervienen son pocos. Por lo general, se trata de un editor, uno o dos correctores, y un diseñador-maquetador; en algunos casos, también un traductor.

En cambio, cuando se trata de publicaciones complejas —aquellas que además de texto poseen elementos gráficos, como libros prácticos, enciclopedias, manuales, libros de texto, publicaciones técnicas y científicas, etc.—, pueden llegar a intervenir muchos profesionales. Así, encontramos que hay un editor general o un editor jefe, un editor de contenido, uno o varios autores, un corrector de estilo, un corrector de ortotipografía y de pruebas, ilustradores, fotógrafos, traductores, etc. Por supuesto, coordinar la edición de un libro sencillo tiene poco que ver con coordinar la edición de un libro complejo, máxime cuando se coordinan varios libros de este último tipo.

¿Cómo se logra compaginar todo esto? Con mucha organización y orden, calendario editorial mediante, para mantener el contacto con los colaboradores habituales para conocer qué disposición tienen, para saber entender las idiosincrasias de los profesionales que participan en la edición del libro (tal vez esto sea lo más complejo de coordinar), para exigir el cumplimiento de los plazos de ejecución de los servicios; pero también para defender el tiempo que se necesita para realizar cada uno de ellos.

¿Qué papel juega el paratexto? 

Me encanta trabajar con libros complejos por el desafío que representan por todas las variables a considerar. Entendido como paratexto aquel contenido que bordea los límites del texto principal, todos son necesarios para situar al lector. Son textos que dan contención, cobijo, pero sobre todo orden y coherencia al texto, como son los marcadores o satélites y el número de capítulo y de página. En otros casos, los paratextos se presentan en modo de recuadros, cronologías o líneas de tiempo, de ilustración o de infografía y en este caso más que acompañar lo que hacen es ampliar y reforzar ideas o conceptos desde el punto de vista gráfico.

En cuanto a paratexto entendido como lo que aporta un editor a la obra de un autor me gusta usar un parangón (como habrán notado, recurro con frecuencia a este recurso): no es lo mismo ir al frente de batalla con lo puesto que con una vestimenta adecuada, mejor si además se va con instrucción realizada.

Estamos atravesando una época en la que el acceso a la información es casi ilimitado para ciertos sectores de la población. Teniendo esto en cuenta, se está fomentando la idea de que “cualquier persona puede hacer cualquier cosa” tan solo mirando tutoriales de Youtube.  Muchas veces, los profesionales del diseño, la traducción y la comunicación son considerados como prescindibles, ya que se cree que no es necesario un conocimiento académico para desempeñarse en estas áreas. En este contexto, ¿Qué aportan los profesionales vinculados a la edición para conseguir un producto destacado? ¿Qué puede aportar la consultoría editorial?

Por supuesto, cualquier persona puede hacer cualquier cosa que se proponga, la clave está en si lo hace bien o no, y en las consecuencias, buenas o malas, de ese hacer. Un ejemplo muy gráfico: yo puedo arreglar la cañería rota de mi cocina o la bomba de inyección del coche. Desde el punto de vista de la posibilidad y las ganas puedo hacerlo sin problemas; que lo haga bien, en un tiempo razonable y el arreglo funcione es otro tema. Y ahí es donde está la clave. Los servicios editoriales van en esta misma línea.

Existe un profesional para arreglar la cañería y otro para reparar el coche; ellos son los especialistas. Lo mismo sucede con un editor, con un diseñador, con un maquetador y con los correctores, con el impresor, con el fotógrafo, el ilustrador, etc. Estos profesionales se han formado y han ido adquiriendo experiencia para ofrecer esos servicios y, entonces, saben lo que hacen, lo ejecutan en un tiempo razonable y no tienen que atravesar la curva de aprendizaje de una acción de cabo a rabo. Si un autor tiene tiempo y ganas por supuesto que puede aprender por sí mismo a realizar algunas de las tareas de producción de un libro, pero si no es el caso lo mejor será que recurra a profesionales de la edición para que corrijan, editen, diseñen y maqueten su libro de una forma adecuada para que el lector lo lea y lo disfrute sin inconvenientes.

Llevando el ejemplo a las nuevas tecnologías, cualquiera puede configurar un anuncio en Facebook. Pero saber cómo hacerlo bien, cuál es el alcance que puede llegar a tener, identificar dónde están los puntos fuertes y los puntos débiles, etc., no lo puede hacer cualquiera; eso lo hace alguien que es experto en crear anuncios de Facebook. Si se acude a profesionales de este tipo para hacer un anuncio en una red social de un libro ¿porqué no acudir a un editor, a un corrector, a un diseñador, un maquetador para publicar nuestro libro con calidad editorial?

En todos estos años en los que estuviste dedicándote al mundo editorial, ¿qué cambios notaste? ¿Cómo afectaron las nuevas tecnologías a tu profesión?

Cuando comencé a trabajar en el sector editorial fue en una revista del sector turístico, en Buenos Aires, en el año 1998. Por entonces ya teníamos ordenadores y programas de composición por lo que a nivel de producción los cambios no han sido enormes, aunque en estos casi veinte años las herramientas de autoedición, los programas y los recursos disponibles han ido evolucionando. Cuando yo comencé a trabajar la producción ya se hacía de forma digital; es decir, yo no he pasado de los tipos móviles al ordenador, sino que comencé cuando el ordenador ya era parte de la oficina. Por tanto, y visto así, mi trayectoria laboral es digital desde el inicio.

Respecto al desarrollo del trabajo, la popularización de Internet ha colaborado en ampliar las posibilidades del campo laboral y de las colaboraciones. Hoy se puede trabajar desde cualquier lugar del mundo para un cliente que está en cualquier otro lugar del mundo. Eso para mí es maravilloso, porque me permite estar en la mitad de la montaña o cerca del mar, o en la otra punta del mundo, y poder seguir trabajando. Tengo colaboradores que viven en distintas ciudades de España y en Argentina, y clientes de distintos países y esto es posible gracias a Internet y las nuevas tecnologías. Vamos, que me encantan y las adoro, porque me permiten hacer el tipo de vida que quiero.

Respecto a la industria del libro, Internet sí que le ha afectado, sobre todo porque Internet ha abierto puertas que el sector editorial tradicional no estaba dispuesto a abrir y que no ha abierto por motu proprio. Hasta hace dos décadas si alguien quería publicar lo que había escrito no tenía más remedio que dirigirse a una editorial, un periódico o una revista, porque eran prácticamente los únicos medios para hacerlo. Un autor no tenía otras posibilidades o herramientas a su alcance para publicar. La red de redes ha cambiado esto, y las herramientas que esta ha posibilitado desarrollar, claro (gestores de contenidos, tiendas y librerías en línea, etc.).

Eso en cuanto a la industria, pero es algo que no se traslada los profesionales del sector del libro; al contrario, hay muchísimo más que editar, que corregir, que diseñar, que maquetar; también mucho que vender, que distribuir, que promocionar, etc. Los expertos que realizan estas acciones aportan enriquecimiento y profesionalización a cualquier tipo de obra, tanto en cuanto al contenido como a la forma.

Hay que salir de la zona de confort, que hay que moverse y no esperar a que la maquinaria funcione sola; debemos pensar en nuevas estrategias y formas de hacer negocio, en nuevos modos de comunicarnos con los clientes y lectores; también en abrir puertas hacia otros sectores.

¿Qué desafíos encontraste como editora trabajando en otros países? ¿Notaste diferencias en el espíritu editorial entre los distintos países en los que desempeñaste tu profesión?

He trabajado para clientes de distintos países y, en el fondo el espíritu editorial es el mismo: ofrecer un producto de calidad. Básicamente, lo que cambia es el ritmo y la organización de los trabajos. La exigencia y el objetivo son los mismos, el método y la forma de ejecutar  los servicios editoriales es lo que cambia. Me refiero a que en algunos países los proyectos comienzan año y pico largo antes y en otros tres meses antes, eso hace que los tiempos de ejecución, la presión, la organización, etc., sean distintos. La conexión o implicación de los distintos profesionales en la producción de una publicación también varía, a veces el límite viene dado por la estructura de la empresa, que no facilita la interacción entre ellos.

 

Se puede contactar a Mariana por los siguientes medios:

http://marianaeguaras.com/

https://www.facebook.com/MarianaEguarasEd/

hola@marianaeguaras.com

 

Mujeres digitales se buscan

Por Evelin Heidel, miembro de Creative Commons. Colabora en el proyecto DIY Book Scanner y en el sitio Dominio Público de Argentina (http://dominiopublico.org.ar). Participa en varios grupos de investigación y activismo sobre derecho de autor, privacidad, digitalización, cultura y acceso abierto, propiedad intelectual y acuerdos de libre comercio.

El Convenio de Berna, el instrumento legal más importante que regula el derecho de autor a nivel internacional, establece que todas las obras literarias, artísticas o científicas ingresan al dominio público el primero de enero del año siguiente de haber transcurrido los 50 o 70 años del fallecimiento del autor o de la publicación de la obra. El dominio público es fundamental para el ecosistema digital de obras. Da vida nueva a obras olvidadas, les permite una nueva circulación no prevista y permite, además, que sus contenidos se resignifiquen a través de prácticas como la remezcla.

¿Dónde están las obras de mujeres destacadas en arte, cultura o ciencia?

No solamente las voces de las mujeres son subvaloradas en el espacio digital, sino que también los contenidos producidos por mujeres y sobre mujeres están subrepresentados.

Estadísticas de la Base de Datos de Autores de Argentina, tomadas de dominiopublico.org.ar.

La extensión de los plazos de ingreso de las obras al dominio público afecta particularmente a esta situación. En un análisis realizado por Creative Commons Uruguay sobre el proyecto de ley presentado en 2013 en ese país que buscaba ampliar el plazo de monopolio sobre las obras, concluyeron que la reforma hubiera significado reducir casi a la mitad el número de obras de mujeres en el dominio público.

Así, destacaban que “mientras que la elevación de las restricciones a 70 años habría hecho que un 34% de autores hombres hubiera vuelto al dominio privado, este porcentaje se eleva al 59% en el caso de las mujeres”. Esto, en un panorama ya de por sí reducido: sólo el 3,75% de las mujeres en la base de datos de Autores.uy se encuentra en el dominio público, y 20 años más hubiera implicado que sólo el 1,52% se encontraría en esa situación.

Políticas de género y dominio público

El punto principal es que, como el plazo de ingreso de las obras al dominio público es exageradamente abusivo (en total, una obra puede estar protegida alrededor de 120 años), esto implica que las obras de las mujeres permanecerán por mucho tiempo ocultas en los intrincados laberintos del copyright.

En efecto, si consideramos que la mayoría de las mujeres de América Latina recién pudieron acceder a los sistemas de educación superior a finales del siglo XIX (por ejemplo, Cecilia Grierson, de Argentina, obtuvo su título universitario en 1885), esto hace más difícil encontrar mujeres que estén en dominio público por la sencilla razón de que hasta bien entrado el siglo XX a las mujeres no se les permitían hacer muchas cosas más que ser amas de casa. Aún cuando Grierson hubiera abierto el camino, seguía estando mal visto que las mujeres cursaran ciertos estudios superiores y tenían severas restricciones para participar en el espacio público. Precisamente sobre estos dos temas escribieron muchas intelectuales del siglo XX, y es por eso que es fundamental el rescate de sus obras.

Se puede leer la nota completa en http://www.genderit.org/es/feminist-talk/columna-mujeres-digitales-se-buscan

 

Publiquemos con editoras

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación Social y  correctora

En la última nota de Las correctoras, publicada el 16 de junio,nos propusimos apoyarla iniciativa #LeamosAutoras. Nuestros lectores participaron compartiendo los nombres de sus autoras favoritas tanto en los comentarios del blog como en nuestra página de Facebook. Esto demostró el gran interés del público por conocer más sobre los aportes de las mujeres a la cultura. Por ello, decidimos profundizar en esta temática. Esta vez destacaremos un sector del mundo de las letras que tiende a estar totalmente insivibilizado: las editoras.

La edición de libros es una tarea silenciosa y casi nunca tiene suficiente crédito en el producto final. La mayor parte de este trabajo es desempeñado por mujeres. Aunque no es un dato muy conocido, cuando leemos un manual, un recetario, una novela o una antología de cuentos, lo más probable es que una mujer lo haya leído antes para supervisar el contenido que llega a nuestras manos. En el imaginario de los lectores, a veces parece que un libro es producido solo por su autor o autores, cuando en realidad muchísimos otros agentes intervienen en el proceso de convertir un manuscrito en un libro. Algunos de ellos son los correctores, ilustradores, diseñadores gráficos, traductores y, por supuesto, editores. Todos ellos son necesarios para que el producto final sea de calidad.

Pero, ¿a qué se dedican exactamente las editoras? Un autor o autora escriben una historia. Las editoras ofrecen un trabajo profesional para hacer de esa historia un libro atractivo para el público. La creación de un libro abarca diversas áreas como seleccionar ideas o manuscritos, supervisar las correcciones y traducciones, diagramar el diseño, seleccionar las imprentas y promover la venta en diversos puntos de los ejemplares una vez terminados. Una edición cuidada garantiza un buen libro.
Un ejemplo de editora en el que podemos pensar es el de Paula Pérez Alonso, quien es escritora de ficción, pero también se desempeña como editora en la editorial Planeta. Según explica en una nota del diario La Nación, el trabajo de los editores o editoras es andrógino. La condición esencial es que quien lo realiza no tenga afán de protagonismo, que esté dispuesto a ser invisible; el buen editor debe olvidarse de sí mismo o de sí misma para poder camuflarse entre los autores o redactores, vivir un rato como si fuese otra persona.

Lamentablemente, es un terreno que, si bien cuenta con más mujeres, la mayor cantidad de cargos de alta jerarquía en las grandes editoriales están ocupados por varones. Este fenómeno se extiende a la mayoría de los campos laborales. Al ser un patrón que se repite, implica que la sociedad subestima el trabajo de las mujeres, se las considera aptas y útiles para trabajar pero no para dirigir. Una manera de buscar un cambio es saber quiénes son las personas que están detrás de los libros que consumimos.

En Las correctoras, tenemos la fortuna de conocer excelentes editoras con las que muchas veces trabajamos en equipo. Una de ellas es Eloise Alemany, quien además de editora es autora y productora cultural. De familia francesa, nació y vivió en Tokio hasta los 17 años. En Londres, adquirió experiencia en el mundo editorial y en comunicación. Durante 6 años desarrolló su carrera profesional en la revista i-D. Desde 2006 está radicada en Buenos Aires y trabaja en proyectos vinculados con la gastronomía, el arte, el diseño y la cultura argentina. En 2009, coinició Noches Grimod, cenas itinerantes inspiradas por algún concepto. Lanzó su propia editorial, Periplo, en 2012 con la publicación de Sabores de la memoria de Ana Pomar. Es autora de varios libros, incluyendo Amarillo limón el sol: Manual para cocina con niños (Periplo Ediciones) y Lo que nos rodea nos refleja (Ed. La Riviere).

¡Eloise tiene una historia de vida sensacional! ¿Cómo podría no ser una editora extraordinaria? Publicar con editoras como ella es otra forma de valorar el trabajo de las mujeres en el arte, la ciencia y la cultura.

La mujer y el lenguaje

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación Social y  correctora

Estamos cerca del 3 de junio, día en el que se realiza la marcha de Ni Una Menos, una manifestación que desde el 2015 cobró relevancia por ser representativa en la lucha por los derechos de las mujeres. En esta fecha se hacen marchas y festivales en distintos países, sobre todo en Latinoamérica. Si bien los países de este continente suelen tener niveles altos de todo tipo de violencia, no podemos negar que la cultura suele ser muy machista y por eso la violencia afecta aun más a las mujeres. Son víctimas de situaciones como el acoso callejero y el maltrato doméstico, además de estar expuestas a los mismos peligros que los varones, como delincuencia y narcotráfico.

El machismo es trasversal a la sociedad, se encuentra en la cultura, la educación, los medios y la publicidad. También está presente en el lenguaje, en nuestra manera de expresarnos. Hay quienes dicen que el lenguaje no es sexista, sino que las personas lo son. Sin embargo, podemos asegurar que existen maneras más machistas de expresarse que otras, ya que son despectivas hacia la mujer o la invisibilizan.

Conocemos el mundo por medio de las denominaciones que le asignamos a cada cosa y lo que no se nombra, no existe. Por eso es especialmente relevante ver qué lugar ocupa la figura femenina cuando hablamos o escribimos. Analizaremos tres ocasiones en las que las mujeres quedan excluidas de las expresiones y, por lo tanto, invisibilizadas socialmente.

La historia del hombre

En las ciencias sociales es muy común utilizar expresiones que dejen de lado el aporte de las mujeres. Al hablar de que “el hombre descubrió el fuego” o de “la historia del hombre”, estamos generando un imaginario de la humanidad en el que parece que solo los varones contribuyeron a la creación de cultura. Un caso similar es la clásica imagen de “la evolución del hombre”, en la que se ve el cambio de distintos homínidos hasta llegar al Homo sapiens, siempre representado por un sujeto masculino. Estas construcciones hacen que la mujer quede en segundo plano dentro de la humanidad, que no sea vista como protagonista de su propia historia. En estos casos, es preferible reemplazar “el hombre” por “la humanidad”. También, dependiendo del caso, a veces se pueden usar palabras como “los seres humanos”, “las personas” y “la sociedad”.

Saltos semánticos

Se genera un salto semántico cuando parece que se está usando el masculino para hablar de todas las personas, pero en verdad se está usando para representar solo a los varones. Estas ocasiones generan confusión y dejan a la mujer como un decorado o un objeto. Un ejemplo de ello son las expresiones como: “Los ingleses prefieren el té al café. También prefieren las rubias a las morenas”. Al principio parece que habla de que las personas provenientes de Inglaterra prefieren el té, lo que incluiría varones y mujeres; pero, en la segunda oración, las mujeres no forman parte de esa comunidad inglesa. No se las ubica en el mismo nivel que los hombres ingleses, sino que en el mismo nivel que una bebida, que un objeto de consumo.

Misma actitud, diferente respuesta

En muchos casos, cuando una mujer y un hombre tienen la misma actitud, son evaluados o calificados de distinta manera, solo por su género. Por ejemplo, a un hombre con un carácter fuerte se lo describe como “líder”, “seguro”, “confiado”. Cuando este mismo rasgo se presenta en una mujer, se la trata de “mandona”, “loca”, “alterada”, y se le pide que se relaje. Algo similar sucede cuando una persona tiene una tendencia a hablar mucho y a hacer muchos comentarios: en el caso de un hombre, suele ser “divertido”, “gracioso”, “un personaje”; en el caso de una mujer, se la califica de “charlatana” o incluso de “cargosa”. En cualquier caso, lo mejor es juzgar cada actitud individualmente y no dejarse llevar por estereotipos de género de mujeres ni de varones.

Hay muchas más expresiones sexistas; y, por supuesto, la discriminación a la mujer existe más allá del lenguaje. Pero modificar nuestra manera de expresarnos es parte del cambio hacia una sociedad más igualitaria. ¿Qué otras expresiones sexistas conocen? ¿Qué otros consejos creen que son útiles para lograr la inclusión de la mujer en la cultura?

Para seguir leyendo

El idioma español y el sexismo

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/02/actualidad/1330717685_771121.html

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20140307/54402851720/el-sexismo-que-ocultan-las-palabras.html

Derechos de imagen: foto de Fernando Vicente, vía El País.

El rock en la historia argentina, el aporte de un seguidor

Del 27 de abril al 15 de mayo del 2017 se lleva a cabo la 43.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la más concurrida en el mundo hispanohablante. Se realiza cada año en La Rural, un importante predio ferial que cuenta con una superficie de más de 45 mil metros cuadrados para el despliegue del evento. Allí se pueden encontrar alrededor de mil quinientos puestos con exposiciones de editoriales, autores, artistas y representantes de países de todo el mundo. También la feria ofrece cada día diversas propuestas culturales, como charlas, conferencias y talleres.

El martes 9 de mayo uno de los seguidores de Las Correctoras, Juan Ignacio Bellocchio, asistió a la feria para presenciar la presentación del libro Antología del rock nacional, editado por la SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música). En el panel se encontraba José Tcherkaski, poeta, periodista y autor del libro, acompañado por Víctor Yunes, secretario de la SADAIC y por Daniel Ripoll, creador y editor de Pelo, una revista dedicada al rock.

Juan Ignacio escribió una estupenda reseña sobre la presentación del libro, que incluye una reflexión sobre el lugar del rock en la historia argentina, y nos la envió para compartirla con todos nuestros lectores. También les dejamos unas preguntas: ¿alguna vez escucharon canciones de rock argentino? ¿Les gustó? ¿Es parecido al rock de sus países?

Presentación de Antología del rock nacional. El género que hizo historia en la Argentina.

La potencialidad creativa argentina se reflejó, desde fines de los años 50, en la música del género rock. Desde el principio desarrolló su propia identidad cultural. Pasando por los primeros autores como Eddie Pequenino y por los grandes clásicos como el tema La balsa, hasta llegar a la actualidad, el rock es la banda de sonido de muchas vidas. En un país que estaba acostumbrado a grabar y a cantar tango, desde 1956 se grabó y se compuso rock, y así se incorporaron nuevos autores al cancionero popular de todos los tiempos.

El editor de la revista Pelo, Daniel Ripoll, recordó que el rock argentino creció bajo “la bota”, en alusión al clima opresivo de las dictaduras militares que atravesaron los inicios del rock y que siguieron atormentando al país hasta inicios de los 80. Pero como arte que busca emerger, el rock encontró la forma de visibilizarse y de perdurar. Los políticos de aquella época pasaron y se fueron, pero la música se quedó.

Daniel Ripoll (creador y editor de Pelo), José Tcherkaski (autor de la antología) y Víctor Yunes (secretario de la SADAIC) en la Sala Victoria Ocampo de la Feria Internacional del Libro Buenos Aires.

¡Agradecemos a Juan Ignacio Bellocchio por este valioso aporte y por seguir nuestras publicaciones siempre!

Por Micaela Siskin