El marco teórico de una tesis


¿Qué es un marco teórico?

Es el desarrollo teórico en el que se sustentará nuestra investigación. En esta parte deben figurar los antecedentes y consideraciones que ya realizaron otros autores sobre el tema de investigación que hemos elegido. Al leer los estudios previos sabremos si nuestro enfoque es novedoso o si complementa análisis que no se han tenido en cuenta con anterioridad a nuestra tesis. Es importante realizar un registro bibliográfico lo más completo posible de toda la literatura disponible sobre el tema de investigación para armar el soporte conceptual.

Esta lectura minuciosa de la teoría nos permitirá seleccionar los autores y los conceptos que utilizaremos. Las definiciones de los términos que usaremos a lo largo del trabajo deben ser precisas y la información debe estar bien organizada. El marco teórico es una demostración de nuestra posición como investigador, de las ideas que sustentamos, por qué las defendemos y el contexto en el que las producimos. También mostramos los juicios que compartimos con otros autores o aquellos de los que nos diferenciamos. Las dimensiones del capítulo dependerán de la amplitud del tema y del número de teorías que se expondrán.

Fuente de la infografía : Normas Apa y Marco Teórico

Un gran ejemplo

Nos gustó este ejemplo para compartir con ustedes. En la tesis presentada en la Universidad de Salamanca en 2014, “Concepto de género: de las teorías feministas a las políticas públicas- La universidad pública española como estudio de caso” su autora, Sara Martín Bardera, expone su marco teórico en la Parte I:[1]

CONCEPTO DE GÉNERO. MARCO TEÓRICO

  1. IGUALDAD Y DIFERENCIA
  2. La herencia de la Ilustración y Simone de Beauvoir
  3. La promesa ilustrada y el naturalismo recurrente
  4. Ilustración y naturalismo
  5. Romanticismo y naturalismo
  6. Feminismo: desmontar el naturalismo
  7. Simone de Beauvoir, “la biología no es un destino”
  8. La condición femenina al inicio de la segunda ola
  9.  La identidad como problema
  10. Identidad y diferencia
  11. Feminismos de la diferencia: ¿ser mujer?
  12.  El reconocimiento de un valor
  13. Educación y división de papeles
  14.  Reparto de los espacios
  15. Consecuencias
  16. Pautas sociales
  17. Carol Gilligan: la otra voz
  18.  Interpretación y consecuencias de la propuesta.

La tesis completa se puede leer desde aquí


[1] La numeración del índice se simplificó a los efectos de hacerla más ilustrativa para el blog.

Optimiza el uso de los verbos en la redacción de la tesis

El uso del tiempo presente en la tesis

Al hablar y al escribir distinguimos matices especiales y aspectos que hacen que tiempos verbales como el presente, el pretérito y el futuro no se empleen indistintamente, ni puedan sustituirse entre sí.

Tipos de presente

Con el presente se expresan las acciones que coinciden con el acto de la palabra. Al afirmar: “Yo estudio en este momento”, las palabras coinciden con el acto de leer. Por eso se lo denomina presente actual.

Cuando se trata de actos repetidos o acostumbrados, que no se producen en este momento en el que hablamos pero se han producido antes y se producirán después, el presente es habitual. Por ejemplo: “Me levanto a las siete, desayuno y leo el diario por Internet.” Pero no lo leo en este momento. Lo que se hace es expresar acciones habituales.

También se usa el presente para narrar hechos pasados. Es el presente histórico como en “Colón descubre América en 1492″.

Se emplea, además, el presente para referirse a hechos futuros. Por ejemplo: “María se casa este sábado, el viernes a la tarde viajo a Córdoba para ir a la fiesta.”

Fuente de la infografía: Lenguaje y otras luces

¿Con qué tipo de presente trabajaré en mi tesis?

Si tu tesis es una investigación histórica es correcto utilizar el presente histórico. En el prólogo y en la conclusión del texto seguramente usarás este tiempo verbal. Pero no puedes abusar de él ya que es propio de textos descriptivos y se supone que en tu tesis elegirás distintas tipologías textuales. Para la narración, por ejemplo, es necesario alternar los diferentes tipos de pretérito.

Fuente propia: https://lascorrectoras.com/claves-para-escribir-monografias-y-mas/

Aprende a escribir el estado del arte de una tesis

El estado del arte o estado de la cuestión es la ‘situación en que se encuentra, en un momento preciso, un asunto o un tema’. En esta sección de la tesis se describe lo que se sabe sobre la cuestión y lo que otros autores han investigado sobre ese asunto hasta el momento en el que se escribe el texto.

Es un trabajo documental que muestra los avances más importantes que se han logrado con respecto al conocimiento del tema. Se recopilan fuentes importantes, ideas, conceptos, opiniones y bibliografía que servirán de base al tesista para refutar o complementar el conocimiento ya elaborado sobre el tema elegido.

Formato

El estado del arte suele formar parte del capítulo dos de la tesis. En esa estructura se consideran todos los aportes teóricos importantes que se relacionan con la materia de estudio, todos los autores que han escrito sobre el tema o los que realizaron trabajos vinculados con él como películas, óperas, publicidades. No importa que los argumentos de los estudiosos se contradigan. Lo que interesa es dar cuenta de la existencia de esos estudios y de su lectura.

Función

Representa el desarrollo profesional del tesista porque demuestra el nivel de instrucción del investigador. Como explican en el blog de las normas APA : “A nivel de pregrado, un estudiante aprende los conocimientos más relevantes y generales de un área de estudio, con el posgrado profundiza en determinadas temáticas. Finalmente, a nivel del doctorado es capaz de postular sus propias ideas que sirven para innovar en su área profesional. Este nivel de desarrollo se convierte en nueva teoría o modelo para prácticas que impulsan el saber científico y académico. El estado del arte de una tesis demuestra el grado de conocimiento del investigador acerca de su objeto de estudio”.

Fuente de la infografía: http://normasapa.net/que-es-el-estado-del-arte/

El persistente poder de lo impreso para el aprendizaje en un mundo digital

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. La traducción del inglés al español la realizó Evelin Heidel  con el permiso de las autoras, Patricia A. Alexander (Profesora de Psicología, Universidad de Maryland) y Lauren Singer Trakhman (candidata a Dra. en Psicología Educacional, Universidad de Maryland).


Hoy en día los estudiantes se ven a sí mismos como nativos digitales, la primera generación en crecer rodeada por tecnologías tales como teléfonos inteligentes, tablets y lectores electrónicos.

Los docentes, los padres y los tomadores de decisiones ciertamente reconocen la influencia creciente de la tecnología y han respondido de manera acorde. Hemos visto más inversiones en tecnologías para utilizar en clase, con estudiantes ahora equipados con iPads diseñados para la escuela y con acesso a libros de texto. En 2009, California aprobó una ley requiriendo que todos los libros de texto estuvieran disponibles en formato electrónico para el 2020; en 2011, los legisladores de Florida aprobaron una ley que requería a las escuelas públicas que convirtieran sus libros de texto a versiones digitales.

Dada esta tendencia, los docentes, los estudiantes, los padres y los tomadores de decisiones podrían asumir que la familiaridad de los estudiantes y la preferencia por la tecnología se traduce en mejores resultados en el aprendizaje. Pero hemos descubierto que esto no es necesariamente así.

Como investigadoras en comprensión de textos y en aprendizaje, nuestro trabajo reciente se ha concentrado en las diferencias entre la lectura de materiales digitales e impresos. Mientras que las nuevas formas de tecnologías para utilizar en clase son más accesibles y portátiles, como los libros de texto digitales, sería erróneo asumir que la lectura digital le dará mejores opciones a los estudiantes simplemente porque la prefieran frente al impreso.

Velocidad a un costo

Nuestro trabajo reveló una discrepancia significativa. Los estudiantes dijeron que preferían y que tenían un mejor rendimiento cuando leían en pantallas. Pero su rendimiento real de hecho sufría.

Por ejemplo, a partir de revisar las investigaciones hechas desde 1992, descubrimos que los estudiantes eran capaces de comprender mejor la información impresa para aquellos textos que tenían más de una página. Parece que esto está relacionado al efecto disruptivo que tiene el “scrollear” (deslizarse con el mouse sobre una página) sobre la comprensión. También nos sorprendimos al encontrar que pocos investigadores probaron diferentes niveles de comprensión o documentaron el tiempo de lectura en sus estudios sobre textos impresos y digitales.

Para explorar aún más estos patrones, hicimos tres estudios que exploraron la capacidad de estudiantes universitarios de comprender información en papel y en pantallas.

Los estudiantes primero calificaron los soportes que preferían. Luego de leer dos fragmentos, uno digital y el otro impreso, los estudiantes luego completaban tres tareas: describir la idea principal del texto, señalar los puntos claves que se abarcaban en los textos y proveer cualquier otro contenido relevante que pudieran recordar. Cuando terminaban, se les pedía que juzgaran su rendimiento en la comprensión.

A lo largo de los estudios, los textos variaban en longitud, y recolectamos datos variables (por ejemplo, el tiempo de lectura). Sin embargo, surgieron algunos hallazgos claves que echan luz sobre las diferencias entre la lectura de contenido impreso y digital:

Los estudiantes de manera abrumadora prefieren leer en digital.

La lectura fue significativamente más rápida en digital que en el papel.

Los estudiantes juzgaron que su comprensión era mejor cuando leían en digital que cuando lo hacían en papel.

Paradójicamente, la comprensión general fue mejor para la lectura en papel que para la digital.

El soporte no importó para preguntas generales (tales como entender la idea principal del texto). Pero cuando se trató de preguntas específicas, la comprensión fue significativamente mejor cuando los participantes leyeron textos impresos.

Poniendo al impreso en perspectiva

A partir de estos descubrimientos, hay algunos aprendizajes que pueden comunicarse a los tomadores de decisiones, docentes, padres y estudiantes sobre el lugar del material impreso en un mundo crecientemente digital.

1. Considerar el propósito

Todos leemos por varias razones. A veces estamos buscando una respuesta a una pregunta muy específica. Otras veces, queremos navegar un periódico para los titulares del día.

Cuando estemos por elegir un artículo o texto en formato digital o impreso, tenemos que tener presente para qué estamos leyendo. Es posible que haya una diferencia respecto del soporte que funciona mejor para cada propósito.

En otras palabras, no hay ningún enfoque de “un medio para todos”.

2. Analizar la actividad

Uno de los descubrimientos más consistentes de nuestra investigación es que, para ciertas tareas, el soporte parece no importar. Si todo lo que se les pide a los estudiantes es comprender y recordar la gran idea o la esencia de lo que están leyendo, no hay ningún beneficio en seleccionar un soporte sobre otro.

Pero cuando las tareas de lectura asignadas demandan más compromiso o una comprensión más profunda, los estudiantes quizás estén mejor leyendo material impreso. Los docentes podrían ayudar a los estudiantes a ser conscientes de que su habilidad para comprender la actividad puede estar influida por el tipo de soporte que elijan. Esta conciencia puede minimizar la discrepancia que observamos en el juicio de los estudiantes sobre su rendimiento en relación con el rendimiento que efectivamente tuvieron.

3. Ir más lento

En nuestro tercer experimento, fuimos capaces de crear perfiles significativos de estudiantes universitarios basados en la forma en que leen y comprenden de los textos digitales e impresos.

Entre estos perfiles, encontramos un grupo selecto de estudiantes que de hecho comprendían mejor cuando se movían del impreso al digital. Lo que distinguía a este grupo atípico es que de hecho leían más lento cuando el texto estaba en la computadora que cuando estaba en el libro. En otras palabras, no daban por sentada la facilidad de engancharse con el texto digital. Utilizando este grupo selecto como modelo, a los estudiantes se les podría enseñar o podrían ser conducidos a luchar contra la tendencia de deslizarse a través de los textos digitales.

4. Algo que no puede ser medido

Pueden haber razones económicas y ambientales para “despapelizarse”. Pero hay claramente algo importante que se perderá con la muerte de lo impreso.

En nuestras vidas académicas, tenemos libros y artículos a los que regularmente volvemos. Las páginas dobladas de esas lecturas preciadas contienen líneas de texto grabadas con preguntas o reflexiones. Es difícil imaginar un nivel similar de compromiso con un texto digital. Probablemente debería haber siempre un lugar para lo impreso en la vida académica de los estudiantes, sin importar qué tan habilidosos se vuelvan con la tecnología.

Por supuesto, nos damos cuenta de que la marcha hacia la lectura digital continuará su ritmo. Y no queremos minimizar las múltiples conveniencias de los textos digitales, que incluyen una gran variedad y velocidad de acceso.

Antes bien, nuestro objetivo es simplemente recordar a los nativos digitales de hoy –y a aquellos que moldean su experiencia educativa– que hay costos y consecuencias significativas cuando se descuenta el valor del mundo impreso para el aprendizaje y para el desarrollo académico.

Fuente: Blog de https://adigitalizar.org/