¿Qué significa “mansplaining”?

Presentamos nuestro segundo micro de radio, con la voz de Nati Mastrangelo en el programa Código Feminista de Radio Caput.

Micro “mansplaining”

¿Qué significa “mansplaining”?

Es la palabra que se toma del inglés para referirse al hábito de los varones de explicar cosas a las mujeres con un tono paternalista y condescendiente. El origen del término mansplaining aparece en un texto de la escritora feminista Rebecca Solnit incluido en su libro “Los hombres me explican cosas” . Allí cuenta el momento en el que un hombre intentó explicarle detenidamente el contenido de un libro muy interesante que él había leído. Necesitaron indicarle varias veces a ese hombre que ella era la autora para que él abandonara su intención de explicárselo detenidamente.

La Fundación Fundeu, que trabaja asesorada por la Real Academia Española para promover un buen uso del español en los medios de comunicación, propone el neologismo en español “machoexplicación” como alternativa válida a esta mala costumbre de los hombres. A nosotras, en Las Correctoras, también nos hacen mansplaining o machoexplicación. Somos un equipo de 10 mujeres entre redactoras, correctoras, editoras y traductoras. Todas somos profesionales del lenguaje. hace algunas semanas publicamos un post en el que aconsejamos acerca del uso innecesario de la coma al inicio de un párrafo y vimos con sorpresa cómo los varones nos explicaron cosas.

 

Los conectores: nuestros aliados a la hora de escribir

Los conectores son palabras o frases que se utilizan para enlazar ideas en una misma oración. Nos ayudan a otorgarle fluidez y coherencia a un texto. Su valor fundamental es señalar el sentido en el que se encadenan los diferentes fragmentos de un discurso.

Según su significado, los conectores indican relaciones diferentes. Hicimos una selección de los conectores más usados:

Los conectores temporales tienen la función de expresar la idea de tiempo, mientras que los aditivos introducen aspectos nuevos a la información. También hay conectores contra argumentativos o “de contraste”. Estos últimos se utilizan para expresar oposición o contrariedad en el sentido de la oración.

Algunos conectores se utilizan para indicar una condición para realizar lo que expresa la oración principal. En cambio, los conectores causales señalan el motivo por el que sucede lo indicado en la oración principal. Los conectores consecutivos manifiestan una consecuencia de la frase u oración que lo precede.

Entrevista a Romina Mendozi, intérprete del unipersonal “Liviana como una ballena”

Entrevista y fotos: Paola Coler

¿Cómo nació el proyecto de hacer un unipersonal autogestivo?

Valeria Maldonado, la directora de la obra, es mi profesora de clown. Con ella me estuve formando como payasa los últimos cuatro años. Yo vengo de la danza y también soy acróbata, pero con ella logré investigar otras disposiciones. Ella me ayudó a despertar mi lado cómico para poder mixturar la intensidad y no estar siempre tan al límite con el cuerpo. Tuve que aprender a usar la palabra.

Al personaje que creamos para esta obra yo lo defino como una esnob, una “cajetuda” (arrogante) pero de Paso del Rey. Es alguien con quien no me identifico pero que surge en esa búsqueda de la comicidad.

El proyecto nació con la intención de experimentar con mi payasa, así que me junté con Vale y le conté que tenía ganas de poner en escena ese grotesco que había logrado incorporar. Con un café de por medio, charlamos la posibilidad de reírse de los mandatos, los estereotipos y los miedos a la muerte, a la vejez. Si bien la obra no tiene ese ideal, la considero sanadora. Tampoco estoy segura de cómo la percibe alguien que no me conoce, pero también es positivo que los espectadores vean otros matices. Nos llevó dos años de investigación montar este proyecto; nos tomamos nuestro tiempo, que transcurrió con momentos de bastante ansiedad porque me costaba apropiarme del proceso creativo. Por suerte, Valeria cuenta con otro registro y me ayudó a escribir los datos que surgían de la improvisación hasta darle una forma definitiva.

El nombre es muy curioso, Liviana como una ballena. ¿Cómo surgió? La obra tiene diferentes texturas, que van de lo más solemne hasta lo absurdo, que también parecen ser una contradicción como el nombre.

El nombre fue producto de un chiste del asistente de dirección, que una vez me dijo que yo era una pesada porque me ponía muy sensible en los ensayos. Pero la contradicción es efectivamente parte de la obra, al igual que el nombre. Con la intención de suavizar lo que surgía en las improvisaciones, que a veces era muy agobiante, Vale me insistía en aprovechar mis descubrimientos como payasa y que a la vez funcionasen como una vía de denuncia.

Al principio yo creía que nadie iba a querer ver la obra porque era muy densa. De hecho, hay un juego en escena donde me meto en el público y les pido disculpas por haber tomado un rumbo tan oscuro. La propuesta desde la dirección fue romper con esa trama tan pesada con la payasa. Apostamos a la contradicción de lo que estaba pasando como un rumbo estético.

Por otro lado, el acto de incorporar a una persona del público es un riesgo que disfruto. Me pasó más de una vez que algún loco me alzase cuando juego con la música de la película Dirty Dancing ¡Aunque me resisto a encasillarme en un mensaje en el que un hombre sea la salvación! Esa parte de la obra es muy indeterminada y a veces surgen momentos que no coinciden con lo que quería transmitir originalmente.

El feminismo está presente en la obra. ¿Fue un horizonte buscado?

En lo personal a mí me costó mucho aceptar esa tradición femenina. El mandato de la maternidad y ese “¿para cuándo?” Yo no siento el deseo de ser madre y me respeto eso. A la vez tengo un carácter conductor que ya no me cuestiono. Así que fue natural que Liviana como una ballena se construyese desde ese lugar. Con los años dejé de resistirme, antes no lo decía, pero ahora necesito afirmarlo. Soy consciente de que hay momentos de la obra que son más contundentes, como el acto del piloto, que además es una referencia al circo tradicional —Hay una escena en la que Romina se viste con un piloto de lluvia y juega a ser dos personajes en una sola corporalidad. El hemisferio derecho de su cuerpo representa lo masculino, a partir de sus manos y gestos. Al mismo tiempo, su lado izquierdo se evidencia como mujer en sus expresiones faciales—.

Tanto la directora como yo queríamos hablar de la violencia que generaba ese hombre en esa mujer, y se nos ocurrió apelar a un desdoblamiento de mi cuerpo. Empezamos mirando el material que grabamos en las improvisaciones y probando con objetos como un lápiz labial, hasta llegar al anillo de casamiento que es la representación pura de un mandato. Jugamos con ese efecto de extrañamiento entre mis dos manos, pero al mismo tiempo esa mujer que está ahí presente no es Romina. Es una mujer delicada, que también fue una característica que me costó incorporar, no así la sensualidad, que quería que estuviese muy presente. Mi intención era que se notase que la sensualidad solo estaba permitida con ese hombre y en ese vínculo.

El espectáculo es a la gorra. ¿Es una decisión política o es una consecuencia de la crisis?

Yo creo que hacer teatro a la gorra es una decisión política, porque pienso que el arte tiene que llegar a la mayor cantidad de gente posible. Vale quería poner una entrada para que haya un rédito monetario, porque somos una cooperativa. Fue así que durante el primer mes cobramos un precio fijo, pero luego nos volcamos a la gorra. También tenemos un subsidio Proteatro, que lo gestionó Valeria y no solo nos ayudó a financiar el proyecto, sino que también fue una manera de legitimar esta apuesta dentro del circuito teatral.

¿El vértigo del unipersonal es comparable a la adrenalina que puede genera la acrobacia?

¡Bancarse el unipersonal es un vértigo intenso, pero funcionó! A mí me encanta jugar con el público a través de la payasa. Además, el amor que siento cuando me vienen a ver es inmenso. Yo creo firmemente que hay que defender al teatro, porque es un espacio para desarrollar la fantasía. Cuando soy espectadora, trato de permitirme estar en otro lugar y no solo evaluar si la obra es buena o mala. De todas maneras, las devoluciones que tuvimos de Liviana como una ballena fueron muy positivas, tanto de parte de los amigos como de la crítica ¡Cuando estábamos por estrenarla yo temía que me abandonasen! No confiaba en que alguien iba a querer venir a verme.

El final de la obra es mi liberación —En la última escena Romina aparece vistiendo un traje que simula descubrir sus cuatro pechos—. Si bien yo tenía la intención de desnudar mi torso, y sumarlas al par de pechos falsos del vestuario, el roce de mi piel con la tela en la que ejecuto algunas acrobacias podía llegar a lastimarme así que deseché esa idea. Por otro lado, descartamos la desnudez ya que podía llegar a ser un impedimento para que la obra fuese apta para todo público y para presentarla en festivales ¡Pero yo me habría bancado hacer un desnudo!

Entrevista a Guillermina Pico, directora de ”Borra todo lo que dije del amor, porque no sabía bien quién era”

Entrevista: Paola Coler  

Foto: Santa Cine

¿Cómo surgió la idea de construir una película con retazos de filmaciones personales?

El proyecto nació cuando empecé a revisar el material que tenía, tras varios años registrando eventos por puro placer. Si bien no tenía la idea de hacer una película con esas grabaciones, fui descubriendo momentos que me emocionaron y sentí el deseo de probar, editando esas imágenes aparentemente sueltas. Luego se me ocurrió mostrar el resultado de mi experimento a un posible espectador. Aquellas imágenes, en principio solo unidas por mi experiencia, lograron capturar algo que quería compartir, que era difícil de explicar porque no formaban una historia, sino que reflejaban sensaciones, estados, y climas específicos. Fue en ese momento que decidí trabajar seriamente en el montaje para darle forma y un recorrido posible.

La película es casi un montaje de momentos personales donde predominan muchas escenas familiares ¿Tuviste que negociar con tu familia y amigos sus apariciones en la película?

Yo siempre estoy filmando, entonces era usual para mi entorno verme con una cámara. Una vez que tuve la película armada, les comenté a todos que aparecían en ella. La persona con la que más lo consulté fue con mi hermana, quien es la persona que más aparece en cuadro pero ella siempre estuvo muy a favor de la película.

Imagino que la instancia de edición fue un proceso intenso. ¿Nos podes contar cómo fue?

Editar la película fue complejo y un trabajo intenso que duró varios años. El resultado es una ingeniería rara y sutil, casi como un trabajo de “bordado”. La edité sola en AVID porque en esa época editaba mucho en ese programa. Además, estaba trabajando como editora y asistente de edición para productoras de televisión, cuestión que me brindó una solidez que adopté para esta tarea. Si bien terminé más desordenada de lo que me hubiera bancado de otro editor, estaba segura de que no podía compartir esta tarea con otra persona. No creo que sea más noble trabajar solo que con otros, pero esa soledad era necesaria para ese momento en particular. En un primer momento me interesaron los choques entre las imágenes, buscaba que fueran bruscos y que construyeran una belleza violenta, con algunos cortes de sonido fuertes y algunas secuencias completamente sin sonido. En un principio trabajé estos contrastes entre las imágenes y también a nivel sonoro, pero después empecé a suavizar.

Lo que también me pasó con esta película, es que cada vez que la editaba, lo hacía de principio a fin. La volvía a ver cada vez que me ponía a trabajar, porque me gustaba mucho el efecto. Hasta que tuve que dejar de trabajar de esa manera porque empecé a “dejar de ver”. Me había entusiasmado con ese efecto como espectadora. Después se fueron armando los tres grandes ejes alrededor de los cuales se nuclearon los recorridos que impulsan el relato.

Una vez que terminé de editar, Tamara una amiga directora de fotografía, me ayudó a sacarla de la computadora, cubriendo el rol de productora porque yo estaba trabajando muy sola. Fue en ese momento que armamos un cronograma de trabajo, y empezamos a preparar la carpeta, redactar la sinopsis y las cartas de intención para aplicar a fondos de postproducción. En esa instancia acudí a Catarina, una sonidista brasilera que había conocido en un festival porque sentía que podía llegar a interesarle el proyecto. Le mandé la película y me contestó que le había encantado y me pasó un presupuesto en dólares muy lejos de mi alcance. Así que tuve que decirle que estaba muy agradecida pero que no tenía el dinero. Finalmente me contestó que ella iba a hacer el trabajo porque yo me había arriesgado al hacer esa película, y ella se iba a arriesgar conmigo. Pactamos que si llegaba a ganar algún premio lo iba a compartir con ella. Fue así que, cuando gané el premio del FNA a documental, le pude pagar por su trabajo. Tuve mucha suerte de encontrarme con personas afines y generosas, que sintieron algo valioso con la película, por lo que pusieron su tiempo y su esfuerzo.

Las críticas son elogiosas y se exhibió en muchos festivales ¿Cómo te sentís con eso teniendo en cuenta que es una película muy personal? ¿Qué expectativas tenías cuando empezaste a trabajar la idea de la película?

Fue todo un desafío hacer una película con materiales tan vivos y personales, sin una narración clásica que llevara la guía de lectura de la película. Fue un riesgo, pero esta película no podía tener otra forma.

La verdad es que estoy muy sorprendida por la recepción en general, la del público y de la crítica. Si bien al principio tenía expectativas moderadas pero esperanzadoras, luego cuando ya la película estuvo, cuando terminé y arranqué el camino de presentarla en festivales, me esperaba lo peor ¡Y ahora que estrené, me imaginaba cosas peores aún! Me daba terror y una sensación de soledad terrible que el estreno no tuviese ninguna resonancia. Pero estoy recibiendo bastante amor e inteligencia, de mujeres y varones. Me pasa también que les encanta el título o lo odian.

Al mismo tiempo que es una creación muy personal, tu presencia en el relato está diluida ¿Fue una decisión premeditada?

Sí, porque creo que no podría ser de otra manera. La película toca temas muy sensibles para mí, pero que pueden aparecer en cualquier familia. Son bordes frágiles, que hay que atravesar con cuidado, donde hay muchas cosas que se rozan pero no se nombran concretamente. Eso también influyó para que mi presencia en la película fuese un poco difusa. No usé voces en off, por ejemplo, porque me parecía que no era un recurso para este tipo de proyecto. Sentí que cortaría todo tipo de identificación con las sensaciones más sutiles, que tenían que surgir con el devenir.

Aposté a confiar en la película como un todo orgánico, sin necesidad de anclar al espectador a un artificio como una voz en off, para que se crea que hay algo más allá de lo que se ve o siente, y brindar una falsa idea de seguridad. Pensé los textos como fragmentos de diarios, como lecturas, notas, bocetos de ideas, del mismo color que las imágenes, partes de un mismo discurso privado, y que son otra forma de estar presente.

 

Ilustrando al feminismo: entrevista a Ro Ferrer

Por: Evelin Heidel

Argentina tiene una larga historia en el campo de la ilustración: desde los primeros intentos del peronismo de acercarse a las masas mediante la fuerte utilización de iconografía y dibujos (cuyo mayor exponente fue el libro “La Nación Argentina, Justa, Libre y Soberana”), pasando por las colecciones de Editorial Abril (en especial su célebre “Bolsillitos”), hasta las palabras mayores de la ilustración como Solano López y Héctor Oesterheld, hay una historia de la ilustración en Argentina que todavía necesita ser contada en profundidad.

Y en ese lugar también estamos otra vez las mujeres: ¿cuántas mujeres argentinas conocemos en el mundo de la ilustración? De Lilian Obligado a Ruth Varsavsky, hay que ir a buscar a esas ilustradoras que fundamentalmente poblaron la imaginación de miles de niños y niñas a través de “páginas para chicos” y “literatura infantil”. En ese género tradicionalmente considerado menor, sin embargo, relucieron algunas de las más importantes (y creativas) ilustradoras argentinas.

Por eso, no nos extraña que nuestra compañera e ilustradora feminista, Romina Ferrer, se haya animado en esta oportunidad a vérselas justamente con un libro ilustrado para chicos y chicas. El libro, “Feminismo para chic@s”, editado por Sudestada, se va a presentar este de 2 de marzo en Sánchez de Bustamante y Humahuacha a las 19 hs. Conversamos con Ro Ferrer sobre sus influencias, sus inicios en el mundo de la ilustración, cómo fue el desafío de hacer un libro ilustrado sobre feminismo para chicos y chicas, y obviamente también hablamos un poco sobre feminismo.

flyer del evento: 2 de marzo en Esquina Rebelde a las 19 hs.

Romina, sos un poco la ilustradora del feminismo en este momento. Así que la primera pregunta es un poco esa, cómo fue que arrancaste con la ilustración y cómo vino el vínculo entre ilustración y feminismo.

A dibujar, arranqué creo que desde que tengo memoria. En relación con el feminismo, llegué como muchas, después de un proceso profundo, de lucha interior, de superar varias etapas muy dolorosas, y coincidió con la primer movilización de #NiUnaMenos. Empecé a dibujar, en principio, como para ir largando un poco de todo lo que a mí me había pasado. Y fue sin querer. Yo no pensé nunca que alguien iba a ver esos dibujos, porque era una página mía, como para pasar el tiempo, como para volcar todo lo que estaba viviendo. Y de a poco se fue haciendo una bola de nieve, y acá estoy, metida en el medio de todo el lío, contenta y comprometida.

Vos decías recién que empezaste a dibujar desde que tenés memoria. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Tu entorno te acompañaba?

Sí, mi mamá y mi papá constantemente me regalaban lápices, pinturas, se daban cuenta de que a mí me gustaba mucho. Tenía cierta facilidad. Hubo momentos en los que yo me cuestionaba porque sentía que no había un sentido en lo que estaba haciendo. Al principio, cuando empecé a dibujar después de haberme separado, empecé a dibujar chistes, y no les veía el sentido. Era para contar lo que me pasaba en el colectivo, qué le pasaba a una amiga mía, ir hablando de eso, de cosas cotidianas, pero sin profundizar demasiado en nada. Esto también me permitió volver a reconectarme, porque cuando está pasando momentos de violencia psicológica, que te desconectás de vos misma como persona, también perdés la creatividad. No hay lugar para la creatividad porque estás preocupada por otra situación. Durante la adolescencia dibujé. Siempre dibujé mucho y estudié diseño de indumentaria, si bien ahí no te enseñan a dibujar, yo ya venía con eso. Aprendí otras cosas en la carrera, de morfología, color, que enriquecieron un montonazo todo lo que ya traía naturalmente, por decirlo así. Fue un proceso de maduración. Yo no hubiese podido dibujar las cosas que estoy dibujando ahora, probablemente, si no me hubiera sucedido todo lo que me pasó y si no hubiese atravesado ese proceso doloroso. Dibujar sobre feminismo a mí también me colocó en otro lugar.

Además en ese vínculo que vos mencionás entre dibujo y feminismo, si bien Argentina tiene una larga tradición en el campo de la ilustración y la historieta, quizás no conocemos tanto los nombres de las historietistas argentinas, y sí mucho más de los varones. ¿Cómo es tratar de insertarse en esa constelación?

Creo que es difícil. No son muchas las ilustradoras reconocidas masivamente. La Cope, Maitena… Maitena es la que permitió abrir el campo, pero hay muchísimas, yo ni siquiera sé los nombres de todas. Yo no intenté insertarme, fue casualidad, no buscaba meterme en la élite de los ilustradores, ni siquiera sé si eso se puede hacer o se logra. Claramente todos mis referentes son hombres, porque en la época en que yo consumía ilustraciones, en mi niñez y en mi adolescencia, solo había hombres. Quino para mí es lo más, me sé de memoria sus ilustraciones, Caloi obviamente por toda la serie de deportes. Para mí ellos fueron fundamentales. Estaría buenísimo que pudiéramos hacer fuerza para que nuestras voces se escuchen más aún. Porque nosotras nos movemos en las redes y alguna por ahí tenemos la posibilidad de dibujar para una revista o para un diario y son las menos, pero bueno, de a poco estamos ocupando espacios y me parece que con alto impacto.

Estaba pensando en esto que decías de la “élite de los ilustradores”. Hubo algo que me parece a todas nos chocó mucho, lectoras habituales de Página/12, donde se viene trabajando el tema del feminismo muy fuerte, donde se le está dando algo de voz a este tema, y de pronto un día ver la ilustración de Rep donde se burlaba abiertamente de algunas cuestiones que las feministas venimos denunciando en relación a la violencia obstétrica. Vos le hiciste una muy buena contestación, pero curiosamente no te dieron derecho a réplica. ¿Cómo surgió la idea de contestar a eso y por qué decidiste hacer esa ilustración?

Ese día yo me levanté y cuando me levanté tenía varios mensajes de compañeras que me decían: “¿viste en Página el dibujo de Rep?”, y me lo empezaron a mandar y me dijeron: “contestale”. Entonces ahí surgió como esa movilización, que fue un poco entre todas, y yo sentí la necesidad de señalar que los chistes no siempre son chistes. Cuando vos te reís del que está abajo o del que está en una posición de vulnerabilidad, eso no es chiste, eso es violencia, es violencia simbólica. Y honestamente, alguien que viene desde lo progre, no puede existir eso. Más en un entorno como el que él está, un entorno feminista, donde están en continuo movimiento con respecto a todos los temas que nos interesan. Yo pensaba: ¿nadie lo vio?, ¿nadie le llamó la atención? Probablemente como es Rep seguramente lo mandó y pasó. Pero no es un chiste. Entonces es necesario empezar a poner ciertos límites con esto de que “ahora no se puede hacer humor con nada”. Sí, se puede hacer humor. Yo hago humor muchas veces. Pero no me río del que tiene diversidad funcional, del que tiene diversidad étnica, racial. Yo no me voy a reír de alguien que está en una posición de pobreza extrema, que está siendo vulnerado constantemente en sus derechos. Me parece que ahí está el problema. Hay que generar un debate sobre cuáles son los límites en relación al humor, a la cosificación, qué es cosificación y qué no. Creo que todo eso son construcciones culturales y así como se construyeron, se pueden deconstruir, y ese es el planteo del feminismo, replantear los paradigmas.

Además es interesante cómo desentona ese gesto, no solamente con lo que pasa en Argentina y en el mundo, sino en esta relación que decías entre con qué se puede hacer humor y con qué no. Pienso por ejemplo en Peter Bagge y su historieta “La mujer rebelde”, sobre la vida de Margaret Sanger, una de las pioneras en hablar del aborto, los anticonceptivos y la planificación familiar en Estados Unidos. Esa historieta está llena de humor, de humor ácido y corrosivo al mejor estilo Bagge, pero sin embargo esa historia está abordada desde un marco de respeto. Cómo contrastan esas miradas entre lo que es el humor y lo que es violencia y los límites de lo humorístico, ¿no?

Claro. Me parece interesante que se estén abriendo tantas puertas ahora. Esto hace uno o dos años atrás era impensado que estuviese en agenda, que estuviese replanteándose y reescribiéndose, incluso en vivo en la televisión. Me parece que estamos en un momento bisagra, muy importante de la historia, que formamos parte de este cambio que se está dando. Creo que es necesario, porque me parece que se malinterpreta muchísimo lo que es la lucha feminista. Obviamente porque hay intereses que pretenden que todo continúe de la misma manera, entonces este mismo discurso que vimos todos estos días de “ahora no se puede hacer más humor”, “no se les puede decir un piropo”, y que en realidad si es en la calle y no lo estás pidiendo es acoso callejero, que en ciertos ámbitos y cuando hay mutuo acuerdo es distinto, que no tenemos por qué soportar las miradas insistentes sobre nuestra persona ni las palabras al oído cuando vas caminando. Me parece que se está replanteando toda una situación de relaciones que es interesante y es importante. Yo creo que hay que ser muy claras en lo que se comunica, hay que buscar que nuestro mensaje llegue, que es que el feminismo no odia a los hombres sino que lo que busca es hacer un cambio en la cultura. A mí lo que me pasa es que con todas las cosas que se escuchan, me están dando material todo el tiempo para dibujar.

ilustración: autoescaneo
“Autoescaneo”, por Romina Ferrer.

 

Eso era justamente lo que te iba a preguntar. ¿Cuál es tu contribución desde la ilustración, desde lo específico que hacés vos, por qué aportar desde lo que vos hacés?

Creo que la ilustración tiene una llegada mucho más veloz que un texto extenso, que una nota en un diario. Porque si bien ahí vos podés aportar información, datos, con un dibujo lo hacés muchísimo más rápido. Llama más la atención al que lo va a leer. Mis dibujos cada vez tienen más texto y menos dibujo, y viene de la necesidad de ir aclarando cuestiones que están equivocadas y que constantemente están en el discurso social. Me parece que mis dibujos tienen que ayudar a deconstruir, porque todos fuimos criados en una cultura machista.

Es curioso igual, porque vos mencionás esta necesidad de que todos se deconstruyan pero sin embargo tus ilustraciones tienen un público que no sólo es claramente feminista sino que es también femenino. Tus ilustraciones le hablan mucho a las mujeres, ¿cómo es el desafío de elaborar un discurso que también les llegue a los hombres? También es una opción decir “que se deconstruyan solos”, pero entiendo que no es tu objetivo.

Yo me enfrento todos los días a ese comentario de “que se deconstruyan solos”, y la realidad es que no todos pueden deconstruirse solos, me parece que ciertas personas hay cuestiones que nunca se las plantearon. A mí me preocupa sentir que no estoy logrando comunicar para todos y todas. Yo siento que nosotras nos hablamos entre nosotras, nos reafirmamos entre nosotras y nos volvemos a contarnos lo mismo que ya sabemos, por ahí agregamos un poquito más de algo, pero a mí me preocupa cómo hacer para que toda esta información que tenemos, que es válida y valiosa, que es clara, cómo bajarla para que el que no es feminista, la que no es feminista, pueda empezar a entender. Es una necesidad urgente porque nos están matando: muere una mujer cada 29 horas en Argentina. Y esto es un problema cultural. Para mí eso es un problema, yo todavía no encuentro la manera, todavía no estoy pasando la barrera feminista. Yo también estuve del otro lado y sé lo que es mirar al feminismo con cautela.

Sin embargo, este vínculo entre tu arte y tu causa de militancia, por lo que vos comentás, es algo reciente. ¿Siempre trataste de vincular tu causa política con tu arte o alguna vez tuviste otra aproximación a la ilustración y al dibujo?

Siempre reaccioné, siempre fui defensora de pobres y ausentes, y eso me trajo muchos problemas en las distintas etapas de mi vida. Con respecto al dibujo, esto ya lo conté en una nota que me hizo Lenny Cáceres para Diario Digital Femenino, cuando estaba en cuarto o quinto grado mi profesora de dibujo me insistió para que me presentara a un concurso de dibujo de Avellaneda. Hice una ilustración que era una cola de gente, de distintas edades, de distintas morfologías, con muchos detalles, buscando trabajando, al estilo de Florencio Molina Campos. Mi abuelo tenía unos cuadros de él y a mí ese estilo me removía un montón de cuestiones. Me rechazaron el dibujo porque le dijeron a mi profesora que se notaba que me habían ayudado. A mí me dio mucha bronca, porque sabía que no me habían ayudado, que lo había hecho yo.

Entonces, sí sentís que hay una conexión entre tus causas políticas y tu expresión artística, no lo concebís como dos instancias separadas.

Para nada. Yo creo que por un tiempo no lo vi así y por eso es que encontraba esta falta de sentido, de la que ya hablé. Para mí el arte tiene que generar sentido, generar una reacción. A mí me gusta mucho provocar, no provocar porque sí, sino provocar una reacción en el otro, hacer algo que verdaderamente tenga un efecto en el otro, que tenga un pensamiento que trascienda ese dibujo, y que haya un ejercicio del otro lado. El enojo para mí también es válido como reacción.

Y de ahí fue natural entonces que cuando abrazaste al feminismo empezaras a hacer dibujos en relación con esta causa.

Sí, sobre todo lo que más me preocupa es cómo informamos para llegar a esa equidad que buscamos. Con el resto de las compañeras yo veo el ida y vuelta, y la verdad es que el vínculo que tengo con el dibujo es muy personal pero al mismo tiempo me excede. Ya siento que no pasa por mí, me parece que una vez que entendés que el feminismo es una tarea colectiva, que todas las acciones que realizás no son por una sino por todas. Lo de Rep es un buen ejemplo: yo quizás ese día no entraba a Página/12 y por ahí pasaba. Me parece que el dibujo y lo que yo estoy planteando, que en definitiva no deja de ser el discurso del feminismo, me excede, yo no busco el bienestar personal. Desde el feminismo, yo no puedo hablar por mí, porque hay historias y luchas colectivas que nos atraviesan temporal y geográficamente. Yo asumo un nivel de compromiso al ponerle la voz y poner la mano para los demás.

Claro, vos en este caso mencionás lo colectivo, pero cuando le ponés la firma y a alguien no le gusta lo que expresás, el ataque es personal.

Sí, por supuesto, porque es algo colectivo pero a la vez es algo muy personal. Y tengo claro que va a haber ataques de trolls, muchas veces son adolescentes que no pueden argumentar y se aburren o yo los bloqueo. Pero va a haber resistencias, siempre, ¿y cómo no las va a haber? Si estamos tratando de tirar abajo la estructura del patriarcado, que tiene siglos. Pero así como me escriben para atacarme, también me escriben compañeras para agradecerme o contarme sus problemas, sus necesidades para salir de situaciones de las que no pueden salir porque tienen miedo. La responsabilidad es enorme, yo me lo tomo muy en serio, por eso tiene que ser respetuoso todo lo que yo hago y escribo porque del otro lado hay vidas en juego. A mí me hubiese gustado tener información porque quizás me hubiese evitado aceptar muchas situaciones que yo aceptaba como normales. Tenemos la posibilidad de allanar el camino de muchas personas y de ahí la preocupación por llegar a más personas.

Eso es fundamental, porque supongo que hay algo ahí que tiene que ver con cómo hacés vos para llegar, cuáles son tus canales de circulación. Obviamente tenés las redes sociales, donde posteás tus dibujos, y también en Diario En Femenino, y ahora además vas a presentar un libro. Pero también hay algo que me parece importante preguntarte, sin entrar en detalles de tu vida privada, vinculado a la circulación: ¿de qué vive Ro Ferrer, ilustradora? Me gustaría que nos cuentes un poco del vínculo entre militancia, trabajo y dinero y que también obviamente nos cuentes un poco sobre la experiencia del libro.

¡Ja! Bueno, yo soy secretaria en una empresa, donde la verdad es que me dan mucha libertad. Y ese es el trabajo pago. Y es el que me permite también dibujar y hacerlo con tanta pasión y tanta entrega, que quizás no se nota, pero cuando uno pertenece a cualquier rama del arte, tiene que poner mucho de sí. Nadie me paga. Los dibujos que yo hago los hago de corazón. Eso para mí también tiene que ver con la militancia, con el compromiso. Si en algún momento eso se llega a dar, bienvenido sí.

El libro obviamente sí, es pago, los chicos de Sudestada son unos genios. Se contactaron conmigo hace un tiempo, cuando evidentemente les apareció en el radar alguna ilustración mía. Yo colaboré con el libro de Agustina Lanza “Voces desde el feminismo rebelde”, también editado por Sudestada, y ya estaban ellos entusiasmados. Yo noto una interés muy grande desde los varones que se están deconstruyendo y que tienen mucho interés para que esto siga creciendo. Entonces me ofrecieron hacer este libro para chicos y chicas en una colección de lectura compartida. Empezamos poniéndonos de acuerdo en cuáles eran los temas, puse cierta cantidad de conceptos, de temas, y a raíz de eso escribí y dibujé. Está hecho con lenguaje inclusivo, yo sé que eso también va a generar bastante controversia, porque hay que acostumbrarse. Tratamos de tocar todos los temas que me parecían importantes, uno de los temas es la diversidad con respecto a los cuerpos, el amor adolescente, qué es amor y qué no es amor, qué es el feminismo, sororidad, hay un poco de todo. Fue un intento de hacer un mapeo diferente de lo que se espera de las infancias, de los estereotipos que hay alrededor de la niñez y cómo eso también es violencia. Hubo algunos temas que dejé afuera, como el aborto, porque era demasiada información. Creo que un segundo libro debería abordar varios temas como la educación sexual integral, abordada desde la diversidad corporal.

Además, es interesante que sea parte de una colección para chicos, porque evidentemente los dibujos, las historietas, las historias de superhéroes, son muy influyentes para los chicos, pero siempre desde una mirada adultocéntrica, porque los dibujantes, ilustradores, historietistas, siguen siendo adultos y concibiendo desde una lógica de adultos. Es un desafío hacer un libro para chicos.

Yo creo que tiene que ver con cuánto pudiste alejarte o no de ese niño o niña que eras. Yo la verdad es que sigo siendo muy niña, dentro mío. Yo me descostillo, me río, me divierto mucho pensando, tengo una parte lúdica muy fuerte. En el libro son todos chicos. Los protagonistas son mis hijos, les pregunté si querían estar, Luca y Carolina, están ambos, y obviamente rodeados de un montón de otros chicos. Y los que hablan son ellos. Dentro de los dibujos que hago, muchas veces utilizo ese recurso de ponerles voces de niños y niñas. Está buenísimo porque también es una expresión que te obliga justamente a corrernos de ese lugar de adultocentrismo, que también es lógico porque uno va haciendo las cosas desde el lugar en el que está. Lo que está bueno es poder correr esa barrera que vos mencionás, y darnos cuenta de que en ese momento nos resultaba muy difícil. Los chicos sufren un montón, sufren el desinterés de las personas que los cuidan, la crueldad de la sociedad, de sus propios compañeros y compañeras, se angustian cuando no son escuchados o escuchadas. Me parece que es un ejercicio que incluso quienes no ilustran deberían poder hacer, el correrse un poco del yo. Hay que hacer lo posible para garantizar una infancia libre de violencias.

¿Y cuál es tu próximo proyecto? Hay que pensar en la ilustración de un personaje local, a lo Peter Bagge, para Ro Ferrer.

Me encantaría hacer la historia de María Elena Walsh. Ella es un gran personaje y ha sido una mujer clave para el feminismo.

“Me interesa amplificar detalles”, entrevista con Mónica Drouilly Hurtado

Mónica Drouilly Hurtado es una escritora chilena que publicó en 2017 su primer libro de cuentos, titulado “Retrovisor”. Con un estilo sintético y preciso, cada uno de los cuentos que componen la serie buscan “amplificar detalles” propios de la vida cotidiana, con unos personajes que entre sus búsquedas y contradicciones encarnan la experiencia de vivir en un mundo fragmentario y globalizado. Para entender mejor su narrativa y sus decisiones personales alrededor de la escritura, le hicimos una entrevista a Mónica.

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El persistente poder de lo impreso para el aprendizaje en un mundo digital

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. La traducción del inglés al español la realizó Evelin Heidel  con el permiso de las autoras, Patricia A. Alexander (Profesora de Psicología, Universidad de Maryland) y Lauren Singer Trakhman (candidata a Dra. en Psicología Educacional, Universidad de Maryland).


Hoy en día los estudiantes se ven a sí mismos como nativos digitales, la primera generación en crecer rodeada por tecnologías tales como teléfonos inteligentes, tablets y lectores electrónicos.

Los docentes, los padres y los tomadores de decisiones ciertamente reconocen la influencia creciente de la tecnología y han respondido de manera acorde. Hemos visto más inversiones en tecnologías para utilizar en clase, con estudiantes ahora equipados con iPads diseñados para la escuela y con acesso a libros de texto. En 2009, California aprobó una ley requiriendo que todos los libros de texto estuvieran disponibles en formato electrónico para el 2020; en 2011, los legisladores de Florida aprobaron una ley que requería a las escuelas públicas que convirtieran sus libros de texto a versiones digitales.

Dada esta tendencia, los docentes, los estudiantes, los padres y los tomadores de decisiones podrían asumir que la familiaridad de los estudiantes y la preferencia por la tecnología se traduce en mejores resultados en el aprendizaje. Pero hemos descubierto que esto no es necesariamente así.

Como investigadoras en comprensión de textos y en aprendizaje, nuestro trabajo reciente se ha concentrado en las diferencias entre la lectura de materiales digitales e impresos. Mientras que las nuevas formas de tecnologías para utilizar en clase son más accesibles y portátiles, como los libros de texto digitales, sería erróneo asumir que la lectura digital le dará mejores opciones a los estudiantes simplemente porque la prefieran frente al impreso.

Velocidad a un costo

Nuestro trabajo reveló una discrepancia significativa. Los estudiantes dijeron que preferían y que tenían un mejor rendimiento cuando leían en pantallas. Pero su rendimiento real de hecho sufría.

Por ejemplo, a partir de revisar las investigaciones hechas desde 1992, descubrimos que los estudiantes eran capaces de comprender mejor la información impresa para aquellos textos que tenían más de una página. Parece que esto está relacionado al efecto disruptivo que tiene el “scrollear” (deslizarse con el mouse sobre una página) sobre la comprensión. También nos sorprendimos al encontrar que pocos investigadores probaron diferentes niveles de comprensión o documentaron el tiempo de lectura en sus estudios sobre textos impresos y digitales.

Para explorar aún más estos patrones, hicimos tres estudios que exploraron la capacidad de estudiantes universitarios de comprender información en papel y en pantallas.

Los estudiantes primero calificaron los soportes que preferían. Luego de leer dos fragmentos, uno digital y el otro impreso, los estudiantes luego completaban tres tareas: describir la idea principal del texto, señalar los puntos claves que se abarcaban en los textos y proveer cualquier otro contenido relevante que pudieran recordar. Cuando terminaban, se les pedía que juzgaran su rendimiento en la comprensión.

A lo largo de los estudios, los textos variaban en longitud, y recolectamos datos variables (por ejemplo, el tiempo de lectura). Sin embargo, surgieron algunos hallazgos claves que echan luz sobre las diferencias entre la lectura de contenido impreso y digital:

Los estudiantes de manera abrumadora prefieren leer en digital.

La lectura fue significativamente más rápida en digital que en el papel.

Los estudiantes juzgaron que su comprensión era mejor cuando leían en digital que cuando lo hacían en papel.

Paradójicamente, la comprensión general fue mejor para la lectura en papel que para la digital.

El soporte no importó para preguntas generales (tales como entender la idea principal del texto). Pero cuando se trató de preguntas específicas, la comprensión fue significativamente mejor cuando los participantes leyeron textos impresos.

Poniendo al impreso en perspectiva

A partir de estos descubrimientos, hay algunos aprendizajes que pueden comunicarse a los tomadores de decisiones, docentes, padres y estudiantes sobre el lugar del material impreso en un mundo crecientemente digital.

1. Considerar el propósito

Todos leemos por varias razones. A veces estamos buscando una respuesta a una pregunta muy específica. Otras veces, queremos navegar un periódico para los titulares del día.

Cuando estemos por elegir un artículo o texto en formato digital o impreso, tenemos que tener presente para qué estamos leyendo. Es posible que haya una diferencia respecto del soporte que funciona mejor para cada propósito.

En otras palabras, no hay ningún enfoque de “un medio para todos”.

2. Analizar la actividad

Uno de los descubrimientos más consistentes de nuestra investigación es que, para ciertas tareas, el soporte parece no importar. Si todo lo que se les pide a los estudiantes es comprender y recordar la gran idea o la esencia de lo que están leyendo, no hay ningún beneficio en seleccionar un soporte sobre otro.

Pero cuando las tareas de lectura asignadas demandan más compromiso o una comprensión más profunda, los estudiantes quizás estén mejor leyendo material impreso. Los docentes podrían ayudar a los estudiantes a ser conscientes de que su habilidad para comprender la actividad puede estar influida por el tipo de soporte que elijan. Esta conciencia puede minimizar la discrepancia que observamos en el juicio de los estudiantes sobre su rendimiento en relación con el rendimiento que efectivamente tuvieron.

3. Ir más lento

En nuestro tercer experimento, fuimos capaces de crear perfiles significativos de estudiantes universitarios basados en la forma en que leen y comprenden de los textos digitales e impresos.

Entre estos perfiles, encontramos un grupo selecto de estudiantes que de hecho comprendían mejor cuando se movían del impreso al digital. Lo que distinguía a este grupo atípico es que de hecho leían más lento cuando el texto estaba en la computadora que cuando estaba en el libro. En otras palabras, no daban por sentada la facilidad de engancharse con el texto digital. Utilizando este grupo selecto como modelo, a los estudiantes se les podría enseñar o podrían ser conducidos a luchar contra la tendencia de deslizarse a través de los textos digitales.

4. Algo que no puede ser medido

Pueden haber razones económicas y ambientales para “despapelizarse”. Pero hay claramente algo importante que se perderá con la muerte de lo impreso.

En nuestras vidas académicas, tenemos libros y artículos a los que regularmente volvemos. Las páginas dobladas de esas lecturas preciadas contienen líneas de texto grabadas con preguntas o reflexiones. Es difícil imaginar un nivel similar de compromiso con un texto digital. Probablemente debería haber siempre un lugar para lo impreso en la vida académica de los estudiantes, sin importar qué tan habilidosos se vuelvan con la tecnología.

Por supuesto, nos damos cuenta de que la marcha hacia la lectura digital continuará su ritmo. Y no queremos minimizar las múltiples conveniencias de los textos digitales, que incluyen una gran variedad y velocidad de acceso.

Antes bien, nuestro objetivo es simplemente recordar a los nativos digitales de hoy –y a aquellos que moldean su experiencia educativa– que hay costos y consecuencias significativas cuando se descuenta el valor del mundo impreso para el aprendizaje y para el desarrollo académico.

Fuente: Blog de https://adigitalizar.org/

¿En América Latina se habla español?

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación y correctora

El 12 de octubre es el día en que se recuerda la llegada de los conquistadores españoles al continente americano. A veces se habla del “descubrimiento de América”, lo que es incorrecto porque eran tierras que no solo estaban habitadas, sino que albergaban grandes civilizaciones con culturas muy complejas. Pero muchos de estos pueblos fueron esclavizados o masacrados, lo que llevó a que gran parte de su legado cultural se perdiese. Hoy en día podemos decir que, a grandes rasgos, en el continente americano se hablan tres idiomas: inglés, español y portugués. ¿Qué pasó entonces con las lenguas originarias?

Mujer mapuche en Chile.

Se puede decir que la lengua originaria más destacada es el quechua, ya que se habla en siete países distintos: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú. Pero también se mantienen vivas muchas otras lenguas con incontables dialectos. Se estima que los pueblos indígenas de la región iberoamericana hablan 420 lenguas distintas, de las cuales 103 (el 24,5%) son idiomas transfronterizos. Por ejemplo el guaraní, que junto con el español es idioma oficial en Paraguay, es hablado por más de 12 millones de personas. En México, al igual que en Guatemala y en Belice, son muy comunes las lenguas mayeses, como el q’echi’ o el tz’utujil. No podríamos armar una lista completa porque sería demasiado larga. Muchas poblaciones tienen una lengua indígena como materna y luego aprenden a hablar español en la escuela.

Guna Yalas.
Guna Yalas en Panamá.

El Atlas sociolingüístico de pueblos indígenas en América Latina registra 21 lenguas indígenas de las que se desconoce si hoy en día se utilizan aún o son solo objetos de documentación que aparecen en alguna lista de referencia indígena. Del total de lenguas que se hablan en Iberoamérica, el 26% se encuentra en serio riesgo de desaparición. En algunas áreas la situación es ya irreversible, como en el Caribe Insular, donde las escasas lenguas que se conservan están prácticamente extintas. Otras áreas afectadas son la Patagonia, Baja Centroamérica y el Caribe Continental.

Chamán quechua en Perú.

Como latinoamericanos debemos tomar consciencia del importante legado que nos dejaron las culturas originarias, cada una con sus características únicas e irrepetibles en el mundo. Sí, hablamos español. Este idioma nos une. Pero también hablamos muchas, muchas otras lenguas.

En sus países, ¿qué lenguas se hablan? ¿Su idioma materno es el español o cuál es? ¿Conocen palabras en lenguas originarias de América? ¡Queremos saber!

Aymaras en el lago Titicaca. Foto de www.world-wide-gifts.com.