La mujer y el lenguaje

Por Micaela Siskin, técnica en Periodismo, estudiante de Ciencias de la Comunicación Social y  correctora

Estamos cerca del 3 de junio, día en el que se realiza la marcha de Ni Una Menos, una manifestación que desde el 2015 cobró relevancia por ser representativa en la lucha por los derechos de las mujeres. En esta fecha se hacen marchas y festivales en distintos países, sobre todo en Latinoamérica. Si bien los países de este continente suelen tener niveles altos de todo tipo de violencia, no podemos negar que la cultura suele ser muy machista y por eso la violencia afecta aun más a las mujeres. Son víctimas de situaciones como el acoso callejero y el maltrato doméstico, además de estar expuestas a los mismos peligros que los varones, como delincuencia y narcotráfico.

El machismo es trasversal a la sociedad, se encuentra en la cultura, la educación, los medios y la publicidad. También está presente en el lenguaje, en nuestra manera de expresarnos. Hay quienes dicen que el lenguaje no es sexista, sino que las personas lo son. Sin embargo, podemos asegurar que existen maneras más machistas de expresarse que otras, ya que son despectivas hacia la mujer o la invisibilizan.

Conocemos el mundo por medio de las denominaciones que le asignamos a cada cosa y lo que no se nombra, no existe. Por eso es especialmente relevante ver qué lugar ocupa la figura femenina cuando hablamos o escribimos. Analizaremos tres ocasiones en las que las mujeres quedan excluidas de las expresiones y, por lo tanto, invisibilizadas socialmente.

La historia del hombre

En las ciencias sociales es muy común utilizar expresiones que dejen de lado el aporte de las mujeres. Al hablar de que “el hombre descubrió el fuego” o de “la historia del hombre”, estamos generando un imaginario de la humanidad en el que parece que solo los varones contribuyeron a la creación de cultura. Un caso similar es la clásica imagen de “la evolución del hombre”, en la que se ve el cambio de distintos homínidos hasta llegar al Homo sapiens, siempre representado por un sujeto masculino. Estas construcciones hacen que la mujer quede en segundo plano dentro de la humanidad, que no sea vista como protagonista de su propia historia. En estos casos, es preferible reemplazar “el hombre” por “la humanidad”. También, dependiendo del caso, a veces se pueden usar palabras como “los seres humanos”, “las personas” y “la sociedad”.

Saltos semánticos

Se genera un salto semántico cuando parece que se está usando el masculino para hablar de todas las personas, pero en verdad se está usando para representar solo a los varones. Estas ocasiones generan confusión y dejan a la mujer como un decorado o un objeto. Un ejemplo de ello son las expresiones como: “Los ingleses prefieren el té al café. También prefieren las rubias a las morenas”. Al principio parece que habla de que las personas provenientes de Inglaterra prefieren el té, lo que incluiría varones y mujeres; pero, en la segunda oración, las mujeres no forman parte de esa comunidad inglesa. No se las ubica en el mismo nivel que los hombres ingleses, sino que en el mismo nivel que una bebida, que un objeto de consumo.

Misma actitud, diferente respuesta

En muchos casos, cuando una mujer y un hombre tienen la misma actitud, son evaluados o calificados de distinta manera, solo por su género. Por ejemplo, a un hombre con un carácter fuerte se lo describe como “líder”, “seguro”, “confiado”. Cuando este mismo rasgo se presenta en una mujer, se la trata de “mandona”, “loca”, “alterada”, y se le pide que se relaje. Algo similar sucede cuando una persona tiene una tendencia a hablar mucho y a hacer muchos comentarios: en el caso de un hombre, suele ser “divertido”, “gracioso”, “un personaje”; en el caso de una mujer, se la califica de “charlatana” o incluso de “cargosa”. En cualquier caso, lo mejor es juzgar cada actitud individualmente y no dejarse llevar por estereotipos de género de mujeres ni de varones.

Hay muchas más expresiones sexistas; y, por supuesto, la discriminación a la mujer existe más allá del lenguaje. Pero modificar nuestra manera de expresarnos es parte del cambio hacia una sociedad más igualitaria. ¿Qué otras expresiones sexistas conocen? ¿Qué otros consejos creen que son útiles para lograr la inclusión de la mujer en la cultura?

Para seguir leyendo

El idioma español y el sexismo

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/02/actualidad/1330717685_771121.html

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20140307/54402851720/el-sexismo-que-ocultan-las-palabras.html

Derechos de imagen: foto de Fernando Vicente, vía El País.

La mujer en el periodismo: charla con Ingrid Beck

 

Ingrid Beck es periodista argentina, editora de Barcelona, una revista de humor, que refiere a temas de política y sociedad en clave satírica. También es directora de Tea Arte, una escuela de periodismo, y coautora de Guía (inútil) para madres primerizas 1, 2 y 3, una suerte de anti-manuales sobre maternidad. Ingrid es también activista en movimientos de protesta contra la violencia hacia la mujer, especialmente contra los femicidios, una grave problemática en Argentina y en toda Latinoamérica. En esta entrevista, Ingrid reflexiona sobre el tratamiento que los medios de comunicación les dan a las mujeres, sobre todo cuando son víctimas de violencia.

­­—¿De qué manera los medios propician que exista la violencia hacia la mujer en la sociedad?

—Me parece que, en general, en los medios hay muy poca perspectiva de género. El tratamiento que se le da a las mujeres y, en particular, a las víctimas o posibles víctimas de violencia, debe ser corregido en su totalidad. En muchos casos tiene que ver con una cuestión de ignorancia, este mal tratamiento no se hace adrede. No se justifica, pero desde el feminismo hay una enorme tarea pedagógica para hacer respecto a esto.

—Como formadora de futuros periodistas, ¿cómo te parece que se puede iniciar esta tarea?

—En la escuela que yo dirijo y en las clases que doy no hay una materia “de género”, la perspectiva de género es transversal, así creo que debería ser el periodismo, porque lo ideal sería que este eje atravesara toda la información.

—Los medios publican notas o titulares que resultan violentos o despectivos para las mujeres. En el 2014 el diario con mayor tirada de la Argentina tituló “Fanática de los boliches abandonó la secundaria” para referirse a una menor desaparecida, que resultó ser víctima de un brutal femicidio. ¿Qué se puede hacer en estos casos desde el público lector? ¿Es útil exigir cambios de estereotipo?

—Sí, y esto tiene que ver con las redes sociales virtuales. A partir de que la tolerancia hacia este tipo de títulos bajó muchísimo, los editores se cuidan más, aunque no quiere decir que se hayan dejado de publicar notas de este estilo. Ese título que mencionaste está relacionado con el  femicidio de Melina Romero, una adolescente. Generalmente cuando la víctima es una adolescente que no es de clase media o clase alta, el foco del delito se pone en cómo era ella, qué hacía y qué tan corta tenía la pollera. Pero pienso, quiero creer, que cada vez hay menos aceptación hacia este tipo de expresiones, porque cada vez somos más las que decimos que eso no está bien, que eso es violencia machista.

—En la línea humorística de Revista Barcelona, ¿cuál es el límite entre el humor o la libertad de expresión y la violencia hacia la mujer?

—No hay ningún límite para la libertad de expresión. Para el humor, tampoco. En todos los casos lo importante es preguntarte qué estás diciendo, qué querés decir. Yo trabajo con la sátira, entonces la idea es ofender y molestar, generar reacciones en los lectores transmitiendo una idea. En la revista, la perspectiva de género es transversal. Por ejemplo, a las mujeres de la política no las vamos a criticar nunca por la ropa que tengan puesta, nunca vamos a satirizar a una mujer por su aspecto físico. No vamos a tratarlas de locas o hablar de las carteras que se compran. Nuestra crítica es política, no tiene que ver con lo que usan, no ponemos en ese lugar a la mujer.

Entrevista realizada por Micaela Siskin en la  Feria del Libro de Buenos Aires