“Me interesa amplificar detalles”, entrevista con Mónica Drouilly Hurtado

Mónica Drouilly Hurtado es una escritora chilena que publicó en 2017 su primer libro de cuentos, titulado “Retrovisor”. Con un estilo sintético y preciso, cada uno de los cuentos que componen la serie buscan “amplificar detalles” propios de la vida cotidiana, con unos personajes que entre sus búsquedas y contradicciones encarnan la experiencia de vivir en un mundo fragmentario y globalizado. Para entender mejor su narrativa y sus decisiones personales alrededor de la escritura, le hicimos una entrevista a Mónica.

Detrás de ella se puede ver el cuadro de Adrián Gouet, que es el que ilustra a la portada y que como explicaba en esta entrevista “la acompañó mientras escribía el libro”. Le pedimos también a Mónica que nos leyera algunos párrafos de su cuento preferido (se puede ver al final del video). Aquí, parte de la entrevista para quienes prefieran leerla.

En primer lugar, me gustaría preguntarte por el título del libro: “Retrovisor”. En ciertos cuentos, uno siente que ese efecto “retrovisor” es de estar mirando hacia atrás, hacia el pasado, y va y viene entre el presente de cada uno de los narradores y el pasado que se proyecta en el vidrio del retrovisor, y en otros casos más bien se configura como una sensación de “estar alerta”, de alguien que está mirando a través del retrovisor para ver lo que se aproxima por detrás (el cuento que me parece que mejor ilustra esto es el cuento “Mujer con torta de mil hojas”, que es un muy buen cuento también). También aparece esto de alguien que justamente por no estar alerta a esas señales sufre un accidente fatal, irremediable (el cuento que le da inicio a la serie, del mismo nombre). ¿Por qué elegiste este título? ¿Sentís que hay algo de este efecto o cuál fue la razón para elegir un título como este?

Primero que nada, está este primer cuento que se llama “Retrovisor”, que comparte el título con el libro, y ese cuento lo estructuré… es la biografía de un gato de peluche estructurada hacia atrás, cada capítulo va contando un momento anterior en su vida, como si estuviera revisando algo a través de un retrovisor. Y en ese cuento, para mí estaba claro que hablaba por un lado de la estructura, y por otro de este personaje que sufre este accidente fatal que pudo haber visto algo a través del retrovisor pero que al parecer no lo hace y termina teniendo este final tan terrible, irremediable. En ese cuento es bien explícito para mí por qué se llama “Retrovisor”.

Luego viene la tarea de ponerle un título al libro entero, y podría haber sido un título de cualquier otra cosa, o de otro de los cuentos, y ahí tuvimos una discusión grande con los editores de cómo se podía llamar este libro. Y para mí están estos elementos que tú señalas: de que siempre hay algo del pasado que vuelve de algún modo, que se hace presente pero no necesariamente visible, como si estuviera en un punto ciego y uno necesitara una superficie externa o algo más para poder mirar hacia atrás y comprenderlo. Para mí era muy importante ese elemento. Entonces, entre las posibilidades que tenía para nombrar, para mí “Retrovisor”, además de ser el título de uno de los cuentos que a mí más me gusta, me hablaba de todo lo demás, incluso en cuentos que pueden no tener nada que ver con el concepto de retrovisor clásico que conocemos, que es el que está en el auto. Ese nombre funciona como paraguas, como una invitación a leer los cuentos en cierto código.

Es interesante eso que mencionás del “punto ciego”, porque en muchos de los cuentos se observa una descripción muy detallada de ciertos objetos o situaciones, una mirada muy minuciosa, como si el efecto retrovisor también tuviera un efecto de ampliación.

A mí justamente lo que me interesa es amplificar detalles. Y en esa amplificación de detalles, encontrar un sentido que no esté necesariamente dicho, dejando el espacio para que el lector complete con su biografía, con sus lecturas, con lo que sea. Para mí, una tarea esencial de la escritura, incluso de antes de escribir, es escuchar con atención, ver los detalles, y en esa amplificación ver cómo unas cosas se conectan con otras, y cómo los detalles te hablan de un todo.

Hay algo muy interesante en la mayoría de los cuentos, y es que las figuras femeninas parecieran tener más bien una relación desapegada con los afectos, casi desde un lugar de la rebeldía en relación a los roles típicos de cuidado que se espera que ocupen las mujeres. Finalmente estas mujeres parecen elegir siempre otras opciones vitales frente a lo que les exigen los mandatos culturales. ¿Qué lugares sentís vos que ocupan los afectos en estas narrativas? ¿Cuál es la posición de las figuras femeninas en relación con esos lugares?

Yo he pasado mucho tiempo leyendo, viendo series, cerca de mucha producción cultural, donde generalmente los roles de las mujeres están vinculados a un montón de emocionalidades y afectos que parecieran oponerse a la racionalidad, en un mundo donde los afectos no son tan bien valorados como la racionalidad. Y eso era algo que a mí me molestaba muchísimo, esa constante presentación en estos productos que son bienes simbólicos, que a la larga terminan configurando la forma en que entendemos los roles sociales en el mundo real, en el lado de acá de una pantalla o en el lado de acá de las páginas de un libro. Entonces, cuando me propuse escribir el libro, yo dije: estas mujeres no van a ser como esos personajes que a mí me causan este conflicto. No voy a hacer la típica mujer que me carga, sobre todo porque entiendo que desde las ficciones también se puede construir realidad. Me propuse que mis personajes tuvieran otro tipo de preocupaciones, como todos los seres humanos normales, que no son puras emocionalidades sino que también son un montón de otras cosas más. Si bien yo creo que hay afectos, sobre todo, no dichos, sobre todo en relación con los objetos, quise que tuvieran otras preocupaciones, como una especie de declaración de principios: como decir, “estoy aburrida que me digas, sí, te felicito por ser tan racional a pesar de ser mujer”, que es un piropo que me han dicho muchas veces en la vida. Y yo: pero si puedo ser racional, yo también tengo un cerebro, no soy puras emociones. Y por el otro lado, están los hombres que siempre son percibidos como súper racionales cuando también son puras emociones. Era una decisión que tomé al escribir, de separarlo, porque yo entiendo el rol que la literatura termina cumpliendo. Por acumulación, va generando un sentido, va naturalizando cosas, y esta era una de las cosas que yo estoy muy aburrida de que esté naturalizada en nuestra sociedad.

Y eso se nota mucho, porque además por contraposición cuando uno analiza las figuras masculinas en el libro, son bastante apegadas, incluso con una emocionalidad bastante irracional, por ejemplo en el cuento “Domésticos”, el personaje que se encariña con el perrito Sammy. Ahí el hombre termina haciendo lo opuesto del rol masculino más típico.

Sí, ahí ese personaje Lucas, que se encariña y se pone a buscar un perrito que no es suyo, me gustó explorar esa posibilidad de alguien que se obsesiona y que en el fondo fuera más allá de si es hombre o mujer, sino que es una persona que tiene una obsesión y se aferra a ella seguramente porque tenga algunos flancos carentes por otros lados. Entonces… no me había dado cuenta que los había hecho más sensibles a los hombres. No había pensado tanto en mis personajes masculinos. Tenía súper claro cómo había construido a los personajes femeninos, pero a los hombres no. Lo voy a tener que pensar.

Hablando de la posición del escritor, tenés un estilo de escritura que opta por frases cortas, sintéticas, con una sintaxis clara, y en varios de los cuentos pareciera haber alguna burla insinuada al saber académico sobre la literatura. Hay, también, varias referencias al uso de redes sociales, de servicios de mensajería virtual y de Internet en tus cuentos. ¿Sentís que este estilo es más propio de un tipo de escritura vinculado a los fenómenos de escritura en las redes sociales? ¿O hay algo vinculado a tu propia formación profesional? ¿Cómo surge este estilo o la decisión de narrar de esta manera?

Yo creo que es una mezcla de varios factores. Indudablemente, mi formación profesional, cuando uno escribe para otra persona, busca comunicarse, busca claridad. Y es como la principal función cuando uno escribe algo en Ingeniería, no es el placer estético. Ojalá que no sea un bodrio de leer, pero sí que exista comunicación y principalmente en mis labores en ese mundo yo creo que una de mis gracias es que yo intentaba establecer una comunicación cuando escribía muchísimos documentos. Por otro lado, me pasa que cuando yo me propongo escribir, lo que a mí me interesa es el tiempo que a mí me rodea, mi tiempo, el tiempo que está a mi alrededor. Y me doy cuenta de que la literatura entra en competencia, en términos de tiempo, con muchas series, muchas películas, con todos los juegos que hoy en día hay en los celulares. No existe un espacio a lo largo del día para sentarse a leer, y que la gente que lee como que le roba tiempo a otras cosas. Está esto de leer en el subte o en el colectivo. Pensando en ese tipo de cosas y pensando que a mí lo que me interesa es la comunicación, yo digo: ¿cómo estructuro un texto que sea capaz de robarse un espacio de otra cosa, hoy en día? Y ahí empiezo a estructurar estos párrafos más breves, muchas veces inconexos los unos con los otros, muchas veces pareciera que estoy hablando de un poema y luego estoy hablando de la vida de alguien. En ese sentido, eso nace de estructurar pequeñas cápsulas que se pudieran leer independientemente y que por acumulación vayan haciendo sentido. Y la estructura de las oraciones simples, fue porque a mí me interesa mucho trabajar un tono desapegado, donde si bien pareciera que le quita las emociones, los sentimientos y todo lo demás, funciona en cómo la persona lo completa. Y la frase cortita, desde mi perspectiva, funciona muy bien para fingir esa especie de antisepsia narrativa.

Pero ese estilo de escritura también te engancha mucho, yo cuando lo agarré al final lo terminé leyendo de un tirón.

A mí lo que me pasa… mi experiencia con la lectura ha ido cambiando a lo largo de los años. Yo antes podía leer cosas muy muy largas muy pegadas, y ahora no tanto. Tengo una atención dividida muy severa en este momento de mi vida, me cuesta mucho tomar una cosa y quedarme en ella todo el rato, y me pasa porque si hay algo que me interesa, si encuentro una palabra que no sé, o un dato que digo: “uy, qué interesante”, ¿qué hago?, lo googleo, y googleando obviamente que me interesa otra cosa, y hago click, y si bien estaba leyendo un texto original, termino tres clicks más allá en otra cosa, y todos esos clicks finalmente terminan siendo parte de mi experiencia de lectura. Uno de mis propósitos al escribir estos cuentos, fue en cierta medida como volcar en la intencionalidad narrativa, en el texto mismo, esto que nos pasa ahora, esto de hacer click, que va mucho más allá de una nota al pie de página. La disgregación, la experiencia de te estoy contando esto, pero ¿qué es esto?, y vas y entras y vas otra vez, y pareciera que ya te olvidaste del tema original, y después vuelves. Esa experiencia de lectura era en ciertas medida una de las cosas que yo quería reflejar, pero al mismo tiempo la literatura es lineal, no es como el cine donde en la pantalla pasan un montón de cosas. Entonces me pregunté ¿cómo transmito esta sensación de “está todo aquí, no me puedo concentrar en una sola cosa”, en un texto que es esencialmente lineal?

¿Leés autores chilenos? ¿Sentís que tu libro está dentro de la “nueva narrativa chilena”? ¿Sentís que ese mote se te aplica?

Ya, soy chilena, el libro es nuevo y es narrativa, y son verdad las tres cosas, pero yo no sé si todos los que estamos escribiendo en Chile ahora, en este momento, que somos nuevos por así decirlo, hablamos de las mismas cosas. Y eso me parece muy interesante, si fuéramos todos muy parecidos sería algo extraño. Yo creo que la diversidad es un síntoma de buena salud en la literatura. Seguramente en Argentina es bien parecido, acá en Chile hay muchas editoriales chiquitas, las editoriales emergentes, que han abierto la puerta a otro tipo de narrativa que antes no tenían espacio frente al conglomerado editorial que busca como el bottom line de la contabilidad. Frente a esos conglomerados, ciertos tipos de escritura no tienen tanta posibilidad. Entonces, con la industria editorial que tenemos hoy en día acá en Chile, se visibilizan muchas más maneras de escribir. Lo que se entiende por “nueva narrativa” es muy amplio, hay gente muy distinta a mí, hay gente que me gusta harto, hay gente que no me gusta tanto, pero me parece súper bien que sea así. Tener una narrativa súper homogénea a la que le podamos poner un mote y todos nos quedamos muy cómodos, me parece un poco extraño. Sobre todo, hoy que la tecnología nos permite tener un montón de cosas que ver, y no sólo una gran cosa gigante.

¿Y vos sentís que hay más mujeres ingresando a este campo de la escritura? En Chile tienen algunos ejemplos de escritoras muy importantes, pero no sé si quizás en esta generación se está dando más el fenómeno de mujeres o por ahí sigue siendo un campo dominado por hombres.

Yo creo que siempre se ha escrito harto, pero no se publicaba tanto. Antes se publicaban muchísimos más hombres, es verdad. Ahora se siguen publicando muchos hombres, pero aparecen más mujeres, antes si tenías un porcentaje del 5% hoy en día no puedes de la noche a la mañana tener un 50%, pero sí ha ido creciendo. Lo que me llama poderosamente la atención, es que en las posiciones de poder usualmente hay hombres. Los editores suelen ser hombres, los que más venden suelen ser hombres, los profesores suelen ser hombres, en un campo donde la proporción no es que sean puros hombres. Eso me llama la atención, pero también he visto que está cambiando. Al final del día las editoriales tienen que pagar sueldos, tienen que vivir, y ese tipo de roles al interior de las empresas suelen estar en manos de los hombres.

Yo vengo del mundo de las finanzas, y muchas veces me han colocado en el lugar de cumplir con la cuota de género. No me han llamado tanto por mi conocimiento, sino porque necesitaban una mujer, y como una hace bien su trabajo, después la llaman, obviamente, pero eso está. Ese piropo que me han dicho toda la vida de “qué inteligente eres a pesar de ser mujer”, que es un piropo extrañísimo, también habla de que no se espera que seamos inteligentes. Y mucho menos que ocupemos roles donde se toman decisiones. Yo siento que en la literatura muchas veces se sigue reforzando ese prejuicio. Entonces mi manera de luchar contra eso es, uno, ser una buena profesional que toma buenas decisiones a pesar de ser mujer, y otro, en la literatura, seguir escribiendo desde esa posición, hablando desde ahí, y no desde los puros sentimientos y las puras emociones, pero que creo que a veces pueden jugar en contra de lo que se espera en el ámbito social.

Sí, de hecho mi última pregunta viene por ese lado. Me llamó mucha esta caracterización, hubo un crítico literario (Camilo Marks) habló de que tus cuentos partían de “situaciones domésticas pedestres”. Toda la literatura arranca de situaciones domésticas pedestres, no es que uno arranca hablando de los grandes temas. ¿Qué cosa no es una situación doméstica pedestre en algún punto? A mí me parece un poco una injusticia este mote por varias razones, pero sobre todo porque en el espacio aparentemente doméstico se cuelan elementos propios de ciertas experiencias vitales dentro de un mundo globalizado, como los Thundercats del cuento “Mujer con torta de mil hojas”, las compras por Amazon del personaje de “Dolor exquisito” o la cerveza belga con la que Miguel llena la heladera en “Antónimos”. ¿De qué modo conectás tu narrativa y las experiencias de tus propios personajes con la experiencia de vivir en un Chile globalizado, que entró casi sin discusión a los fenómenos de apertura global, incluso mucho antes que la mayoría de los países latinoamericanos? ¿Y de qué modo esa narrativa sobre la experiencia doméstica-globalizada entra en diálogo con los elementos más tradicionales que aparecen por ejemplo en el cuento que inicia la serie, “Retrovisor”?

A mí me pasa que siento que lo doméstico es extremadamente político. Que en el plano de lo cotidiano, de las relaciones familiares, y de lo que compres en el supermercado, existen una serie de elementos que hablan de cómo se estructura la sociedad, de cuáles son sus relaciones de poder, sus jerarquías, y qué es lo que valoramos como positivo o como negativo. Lo que pasa con Chile es que tiene mucho esto de admirar lo extranjero, yo creo que tiene que ver con el mar, la cordillera y el desierto, que nos tuvieron alejados muchísimo tiempo, y que éramos una cosa extraña que nadie conocía, como la provincia más sureña de México, esa era la percepción de lo que era Chile. Y cuando se empieza a abrir, lo primero que hacemos es tomar cosas extranjeras, de una manera muy rápida, y en la vida cotidiana está eso. Y para mí esas pequeñas decisiones, por ejemplo cuando alguien te dice que no sé qué cosa es importada, y ese importado es un atributo que significa bueno, necesariamente estás diciendo “nacional es malo”. Y eso es algo que tú haces mientras te estás comiendo un pollo asado con la familia. Nada más doméstico que eso. Y en el uso del lenguaje se empieza a jerarquizar y a tener una serie de criterios, sin que te des cuenta, lo empiezas a hacer, con cariño incluso, empiezas a tener una serie de juicios de valor que pueden ser muy, muy violentos. Por eso para mí es muy importante la cultura pop, todas estas series animadas que ves inocentemente en la tele, que parecieran no querer decir nada pero en el fondo te configuran poquito a poco la manera en que ves el mundo, entiendes las relaciones, entiendes lo que es bueno y lo que es malo.

La tele está metida todo el día en la casa, mucha gente crece con la tele, con programas que muchas veces no fueron hechos acá, que son con valores importados, y tomás el desayuno y veías tele y así como te comías los cereales, te comías esos valores. Y eso es súper doméstico. Te despertaste y viste un matinal y te dice tal cosa es buena, tal cosa es mala, ni siquiera la pensaste y ya la incorporaste. Por eso para mí lo doméstico, y por pedestre que sea, es súper importante.

Para mí era importante incorporar esos elementos, porque lo doméstico está vinculado a lo político, y para mí era importante porque lo hacemos de manera inconsciente todos los días, lo reforzamos y lo transmitimos y lo hacemos de manera muy natural. Y cuando hacemos las cosas de manera muy natural es porque tenemos las cosas absolutamente incorporadas. Si no le ponemos atención y no le ponemos detalle, no nos damos cuenta de lo que hacemos. Para mí es importante ver en qué acciones estamos peleando tales y cuales comportamientos, que al parecer criticamos pero lo hacemos todos los días. Tener ese cuidado de ver con detalle y amplificar, que era lo que te había hablado antes, de esta amplificación en la mirada, para mí es una herramienta fundamental para ver cómo en nosotros mismos operan estos discursos.

 

 

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