Ilustrando al feminismo: entrevista a Ro Ferrer

Por: Evelin Heidel

Argentina tiene una larga historia en el campo de la ilustración: desde los primeros intentos del peronismo de acercarse a las masas mediante la fuerte utilización de iconografía y dibujos (cuyo mayor exponente fue el libro “La Nación Argentina, Justa, Libre y Soberana”), pasando por las colecciones de Editorial Abril (en especial su célebre “Bolsillitos”), hasta las palabras mayores de la ilustración como Solano López y Héctor Oesterheld, hay una historia de la ilustración en Argentina que todavía necesita ser contada en profundidad.

Y en ese lugar también estamos otra vez las mujeres: ¿cuántas mujeres argentinas conocemos en el mundo de la ilustración? De Lilian Obligado a Ruth Varsavsky, hay que ir a buscar a esas ilustradoras que fundamentalmente poblaron la imaginación de miles de niños y niñas a través de “páginas para chicos” y “literatura infantil”. En ese género tradicionalmente considerado menor, sin embargo, relucieron algunas de las más importantes (y creativas) ilustradoras argentinas.

Por eso, no nos extraña que nuestra compañera e ilustradora feminista, Romina Ferrer, se haya animado en esta oportunidad a vérselas justamente con un libro ilustrado para chicos y chicas. El libro, “Feminismo para chic@s”, editado por Sudestada, se va a presentar este de 2 de marzo en Sánchez de Bustamante y Humahuacha a las 19 hs. Conversamos con Ro Ferrer sobre sus influencias, sus inicios en el mundo de la ilustración, cómo fue el desafío de hacer un libro ilustrado sobre feminismo para chicos y chicas, y obviamente también hablamos un poco sobre feminismo.

flyer del evento: 2 de marzo en Esquina Rebelde a las 19 hs.

Romina, sos un poco la ilustradora del feminismo en este momento. Así que la primera pregunta es un poco esa, cómo fue que arrancaste con la ilustración y cómo vino el vínculo entre ilustración y feminismo.

A dibujar, arranqué creo que desde que tengo memoria. En relación con el feminismo, llegué como muchas, después de un proceso profundo, de lucha interior, de superar varias etapas muy dolorosas, y coincidió con la primer movilización de #NiUnaMenos. Empecé a dibujar, en principio, como para ir largando un poco de todo lo que a mí me había pasado. Y fue sin querer. Yo no pensé nunca que alguien iba a ver esos dibujos, porque era una página mía, como para pasar el tiempo, como para volcar todo lo que estaba viviendo. Y de a poco se fue haciendo una bola de nieve, y acá estoy, metida en el medio de todo el lío, contenta y comprometida.

Vos decías recién que empezaste a dibujar desde que tenés memoria. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Tu entorno te acompañaba?

Sí, mi mamá y mi papá constantemente me regalaban lápices, pinturas, se daban cuenta de que a mí me gustaba mucho. Tenía cierta facilidad. Hubo momentos en los que yo me cuestionaba porque sentía que no había un sentido en lo que estaba haciendo. Al principio, cuando empecé a dibujar después de haberme separado, empecé a dibujar chistes, y no les veía el sentido. Era para contar lo que me pasaba en el colectivo, qué le pasaba a una amiga mía, ir hablando de eso, de cosas cotidianas, pero sin profundizar demasiado en nada. Esto también me permitió volver a reconectarme, porque cuando está pasando momentos de violencia psicológica, que te desconectás de vos misma como persona, también perdés la creatividad. No hay lugar para la creatividad porque estás preocupada por otra situación. Durante la adolescencia dibujé. Siempre dibujé mucho y estudié diseño de indumentaria, si bien ahí no te enseñan a dibujar, yo ya venía con eso. Aprendí otras cosas en la carrera, de morfología, color, que enriquecieron un montonazo todo lo que ya traía naturalmente, por decirlo así. Fue un proceso de maduración. Yo no hubiese podido dibujar las cosas que estoy dibujando ahora, probablemente, si no me hubiera sucedido todo lo que me pasó y si no hubiese atravesado ese proceso doloroso. Dibujar sobre feminismo a mí también me colocó en otro lugar.

Además en ese vínculo que vos mencionás entre dibujo y feminismo, si bien Argentina tiene una larga tradición en el campo de la ilustración y la historieta, quizás no conocemos tanto los nombres de las historietistas argentinas, y sí mucho más de los varones. ¿Cómo es tratar de insertarse en esa constelación?

Creo que es difícil. No son muchas las ilustradoras reconocidas masivamente. La Cope, Maitena… Maitena es la que permitió abrir el campo, pero hay muchísimas, yo ni siquiera sé los nombres de todas. Yo no intenté insertarme, fue casualidad, no buscaba meterme en la élite de los ilustradores, ni siquiera sé si eso se puede hacer o se logra. Claramente todos mis referentes son hombres, porque en la época en que yo consumía ilustraciones, en mi niñez y en mi adolescencia, solo había hombres. Quino para mí es lo más, me sé de memoria sus ilustraciones, Caloi obviamente por toda la serie de deportes. Para mí ellos fueron fundamentales. Estaría buenísimo que pudiéramos hacer fuerza para que nuestras voces se escuchen más aún. Porque nosotras nos movemos en las redes y alguna por ahí tenemos la posibilidad de dibujar para una revista o para un diario y son las menos, pero bueno, de a poco estamos ocupando espacios y me parece que con alto impacto.

Estaba pensando en esto que decías de la “élite de los ilustradores”. Hubo algo que me parece a todas nos chocó mucho, lectoras habituales de Página/12, donde se viene trabajando el tema del feminismo muy fuerte, donde se le está dando algo de voz a este tema, y de pronto un día ver la ilustración de Rep donde se burlaba abiertamente de algunas cuestiones que las feministas venimos denunciando en relación a la violencia obstétrica. Vos le hiciste una muy buena contestación, pero curiosamente no te dieron derecho a réplica. ¿Cómo surgió la idea de contestar a eso y por qué decidiste hacer esa ilustración?

Ese día yo me levanté y cuando me levanté tenía varios mensajes de compañeras que me decían: “¿viste en Página el dibujo de Rep?”, y me lo empezaron a mandar y me dijeron: “contestale”. Entonces ahí surgió como esa movilización, que fue un poco entre todas, y yo sentí la necesidad de señalar que los chistes no siempre son chistes. Cuando vos te reís del que está abajo o del que está en una posición de vulnerabilidad, eso no es chiste, eso es violencia, es violencia simbólica. Y honestamente, alguien que viene desde lo progre, no puede existir eso. Más en un entorno como el que él está, un entorno feminista, donde están en continuo movimiento con respecto a todos los temas que nos interesan. Yo pensaba: ¿nadie lo vio?, ¿nadie le llamó la atención? Probablemente como es Rep seguramente lo mandó y pasó. Pero no es un chiste. Entonces es necesario empezar a poner ciertos límites con esto de que “ahora no se puede hacer humor con nada”. Sí, se puede hacer humor. Yo hago humor muchas veces. Pero no me río del que tiene diversidad funcional, del que tiene diversidad étnica, racial. Yo no me voy a reír de alguien que está en una posición de pobreza extrema, que está siendo vulnerado constantemente en sus derechos. Me parece que ahí está el problema. Hay que generar un debate sobre cuáles son los límites en relación al humor, a la cosificación, qué es cosificación y qué no. Creo que todo eso son construcciones culturales y así como se construyeron, se pueden deconstruir, y ese es el planteo del feminismo, replantear los paradigmas.

Además es interesante cómo desentona ese gesto, no solamente con lo que pasa en Argentina y en el mundo, sino en esta relación que decías entre con qué se puede hacer humor y con qué no. Pienso por ejemplo en Peter Bagge y su historieta “La mujer rebelde”, sobre la vida de Margaret Sanger, una de las pioneras en hablar del aborto, los anticonceptivos y la planificación familiar en Estados Unidos. Esa historieta está llena de humor, de humor ácido y corrosivo al mejor estilo Bagge, pero sin embargo esa historia está abordada desde un marco de respeto. Cómo contrastan esas miradas entre lo que es el humor y lo que es violencia y los límites de lo humorístico, ¿no?

Claro. Me parece interesante que se estén abriendo tantas puertas ahora. Esto hace uno o dos años atrás era impensado que estuviese en agenda, que estuviese replanteándose y reescribiéndose, incluso en vivo en la televisión. Me parece que estamos en un momento bisagra, muy importante de la historia, que formamos parte de este cambio que se está dando. Creo que es necesario, porque me parece que se malinterpreta muchísimo lo que es la lucha feminista. Obviamente porque hay intereses que pretenden que todo continúe de la misma manera, entonces este mismo discurso que vimos todos estos días de “ahora no se puede hacer más humor”, “no se les puede decir un piropo”, y que en realidad si es en la calle y no lo estás pidiendo es acoso callejero, que en ciertos ámbitos y cuando hay mutuo acuerdo es distinto, que no tenemos por qué soportar las miradas insistentes sobre nuestra persona ni las palabras al oído cuando vas caminando. Me parece que se está replanteando toda una situación de relaciones que es interesante y es importante. Yo creo que hay que ser muy claras en lo que se comunica, hay que buscar que nuestro mensaje llegue, que es que el feminismo no odia a los hombres sino que lo que busca es hacer un cambio en la cultura. A mí lo que me pasa es que con todas las cosas que se escuchan, me están dando material todo el tiempo para dibujar.

ilustración: autoescaneo
“Autoescaneo”, por Romina Ferrer.

 

Eso era justamente lo que te iba a preguntar. ¿Cuál es tu contribución desde la ilustración, desde lo específico que hacés vos, por qué aportar desde lo que vos hacés?

Creo que la ilustración tiene una llegada mucho más veloz que un texto extenso, que una nota en un diario. Porque si bien ahí vos podés aportar información, datos, con un dibujo lo hacés muchísimo más rápido. Llama más la atención al que lo va a leer. Mis dibujos cada vez tienen más texto y menos dibujo, y viene de la necesidad de ir aclarando cuestiones que están equivocadas y que constantemente están en el discurso social. Me parece que mis dibujos tienen que ayudar a deconstruir, porque todos fuimos criados en una cultura machista.

Es curioso igual, porque vos mencionás esta necesidad de que todos se deconstruyan pero sin embargo tus ilustraciones tienen un público que no sólo es claramente feminista sino que es también femenino. Tus ilustraciones le hablan mucho a las mujeres, ¿cómo es el desafío de elaborar un discurso que también les llegue a los hombres? También es una opción decir “que se deconstruyan solos”, pero entiendo que no es tu objetivo.

Yo me enfrento todos los días a ese comentario de “que se deconstruyan solos”, y la realidad es que no todos pueden deconstruirse solos, me parece que ciertas personas hay cuestiones que nunca se las plantearon. A mí me preocupa sentir que no estoy logrando comunicar para todos y todas. Yo siento que nosotras nos hablamos entre nosotras, nos reafirmamos entre nosotras y nos volvemos a contarnos lo mismo que ya sabemos, por ahí agregamos un poquito más de algo, pero a mí me preocupa cómo hacer para que toda esta información que tenemos, que es válida y valiosa, que es clara, cómo bajarla para que el que no es feminista, la que no es feminista, pueda empezar a entender. Es una necesidad urgente porque nos están matando: muere una mujer cada 29 horas en Argentina. Y esto es un problema cultural. Para mí eso es un problema, yo todavía no encuentro la manera, todavía no estoy pasando la barrera feminista. Yo también estuve del otro lado y sé lo que es mirar al feminismo con cautela.

Sin embargo, este vínculo entre tu arte y tu causa de militancia, por lo que vos comentás, es algo reciente. ¿Siempre trataste de vincular tu causa política con tu arte o alguna vez tuviste otra aproximación a la ilustración y al dibujo?

Siempre reaccioné, siempre fui defensora de pobres y ausentes, y eso me trajo muchos problemas en las distintas etapas de mi vida. Con respecto al dibujo, esto ya lo conté en una nota que me hizo Lenny Cáceres para Diario Digital Femenino, cuando estaba en cuarto o quinto grado mi profesora de dibujo me insistió para que me presentara a un concurso de dibujo de Avellaneda. Hice una ilustración que era una cola de gente, de distintas edades, de distintas morfologías, con muchos detalles, buscando trabajando, al estilo de Florencio Molina Campos. Mi abuelo tenía unos cuadros de él y a mí ese estilo me removía un montón de cuestiones. Me rechazaron el dibujo porque le dijeron a mi profesora que se notaba que me habían ayudado. A mí me dio mucha bronca, porque sabía que no me habían ayudado, que lo había hecho yo.

Entonces, sí sentís que hay una conexión entre tus causas políticas y tu expresión artística, no lo concebís como dos instancias separadas.

Para nada. Yo creo que por un tiempo no lo vi así y por eso es que encontraba esta falta de sentido, de la que ya hablé. Para mí el arte tiene que generar sentido, generar una reacción. A mí me gusta mucho provocar, no provocar porque sí, sino provocar una reacción en el otro, hacer algo que verdaderamente tenga un efecto en el otro, que tenga un pensamiento que trascienda ese dibujo, y que haya un ejercicio del otro lado. El enojo para mí también es válido como reacción.

Y de ahí fue natural entonces que cuando abrazaste al feminismo empezaras a hacer dibujos en relación con esta causa.

Sí, sobre todo lo que más me preocupa es cómo informamos para llegar a esa equidad que buscamos. Con el resto de las compañeras yo veo el ida y vuelta, y la verdad es que el vínculo que tengo con el dibujo es muy personal pero al mismo tiempo me excede. Ya siento que no pasa por mí, me parece que una vez que entendés que el feminismo es una tarea colectiva, que todas las acciones que realizás no son por una sino por todas. Lo de Rep es un buen ejemplo: yo quizás ese día no entraba a Página/12 y por ahí pasaba. Me parece que el dibujo y lo que yo estoy planteando, que en definitiva no deja de ser el discurso del feminismo, me excede, yo no busco el bienestar personal. Desde el feminismo, yo no puedo hablar por mí, porque hay historias y luchas colectivas que nos atraviesan temporal y geográficamente. Yo asumo un nivel de compromiso al ponerle la voz y poner la mano para los demás.

Claro, vos en este caso mencionás lo colectivo, pero cuando le ponés la firma y a alguien no le gusta lo que expresás, el ataque es personal.

Sí, por supuesto, porque es algo colectivo pero a la vez es algo muy personal. Y tengo claro que va a haber ataques de trolls, muchas veces son adolescentes que no pueden argumentar y se aburren o yo los bloqueo. Pero va a haber resistencias, siempre, ¿y cómo no las va a haber? Si estamos tratando de tirar abajo la estructura del patriarcado, que tiene siglos. Pero así como me escriben para atacarme, también me escriben compañeras para agradecerme o contarme sus problemas, sus necesidades para salir de situaciones de las que no pueden salir porque tienen miedo. La responsabilidad es enorme, yo me lo tomo muy en serio, por eso tiene que ser respetuoso todo lo que yo hago y escribo porque del otro lado hay vidas en juego. A mí me hubiese gustado tener información porque quizás me hubiese evitado aceptar muchas situaciones que yo aceptaba como normales. Tenemos la posibilidad de allanar el camino de muchas personas y de ahí la preocupación por llegar a más personas.

Eso es fundamental, porque supongo que hay algo ahí que tiene que ver con cómo hacés vos para llegar, cuáles son tus canales de circulación. Obviamente tenés las redes sociales, donde posteás tus dibujos, y también en Diario En Femenino, y ahora además vas a presentar un libro. Pero también hay algo que me parece importante preguntarte, sin entrar en detalles de tu vida privada, vinculado a la circulación: ¿de qué vive Ro Ferrer, ilustradora? Me gustaría que nos cuentes un poco del vínculo entre militancia, trabajo y dinero y que también obviamente nos cuentes un poco sobre la experiencia del libro.

¡Ja! Bueno, yo soy secretaria en una empresa, donde la verdad es que me dan mucha libertad. Y ese es el trabajo pago. Y es el que me permite también dibujar y hacerlo con tanta pasión y tanta entrega, que quizás no se nota, pero cuando uno pertenece a cualquier rama del arte, tiene que poner mucho de sí. Nadie me paga. Los dibujos que yo hago los hago de corazón. Eso para mí también tiene que ver con la militancia, con el compromiso. Si en algún momento eso se llega a dar, bienvenido sí.

El libro obviamente sí, es pago, los chicos de Sudestada son unos genios. Se contactaron conmigo hace un tiempo, cuando evidentemente les apareció en el radar alguna ilustración mía. Yo colaboré con el libro de Agustina Lanza “Voces desde el feminismo rebelde”, también editado por Sudestada, y ya estaban ellos entusiasmados. Yo noto una interés muy grande desde los varones que se están deconstruyendo y que tienen mucho interés para que esto siga creciendo. Entonces me ofrecieron hacer este libro para chicos y chicas en una colección de lectura compartida. Empezamos poniéndonos de acuerdo en cuáles eran los temas, puse cierta cantidad de conceptos, de temas, y a raíz de eso escribí y dibujé. Está hecho con lenguaje inclusivo, yo sé que eso también va a generar bastante controversia, porque hay que acostumbrarse. Tratamos de tocar todos los temas que me parecían importantes, uno de los temas es la diversidad con respecto a los cuerpos, el amor adolescente, qué es amor y qué no es amor, qué es el feminismo, sororidad, hay un poco de todo. Fue un intento de hacer un mapeo diferente de lo que se espera de las infancias, de los estereotipos que hay alrededor de la niñez y cómo eso también es violencia. Hubo algunos temas que dejé afuera, como el aborto, porque era demasiada información. Creo que un segundo libro debería abordar varios temas como la educación sexual integral, abordada desde la diversidad corporal.

Además, es interesante que sea parte de una colección para chicos, porque evidentemente los dibujos, las historietas, las historias de superhéroes, son muy influyentes para los chicos, pero siempre desde una mirada adultocéntrica, porque los dibujantes, ilustradores, historietistas, siguen siendo adultos y concibiendo desde una lógica de adultos. Es un desafío hacer un libro para chicos.

Yo creo que tiene que ver con cuánto pudiste alejarte o no de ese niño o niña que eras. Yo la verdad es que sigo siendo muy niña, dentro mío. Yo me descostillo, me río, me divierto mucho pensando, tengo una parte lúdica muy fuerte. En el libro son todos chicos. Los protagonistas son mis hijos, les pregunté si querían estar, Luca y Carolina, están ambos, y obviamente rodeados de un montón de otros chicos. Y los que hablan son ellos. Dentro de los dibujos que hago, muchas veces utilizo ese recurso de ponerles voces de niños y niñas. Está buenísimo porque también es una expresión que te obliga justamente a corrernos de ese lugar de adultocentrismo, que también es lógico porque uno va haciendo las cosas desde el lugar en el que está. Lo que está bueno es poder correr esa barrera que vos mencionás, y darnos cuenta de que en ese momento nos resultaba muy difícil. Los chicos sufren un montón, sufren el desinterés de las personas que los cuidan, la crueldad de la sociedad, de sus propios compañeros y compañeras, se angustian cuando no son escuchados o escuchadas. Me parece que es un ejercicio que incluso quienes no ilustran deberían poder hacer, el correrse un poco del yo. Hay que hacer lo posible para garantizar una infancia libre de violencias.

¿Y cuál es tu próximo proyecto? Hay que pensar en la ilustración de un personaje local, a lo Peter Bagge, para Ro Ferrer.

Me encantaría hacer la historia de María Elena Walsh. Ella es un gran personaje y ha sido una mujer clave para el feminismo.